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El corazón me late fuerte.

Lo noto en las costillas, en la garganta, en las sienes. Se desboca con cada respiración. Llevo todo el día esperando, esperándote. Sabiendo que llegas pero no cuándo. Tortura.

Suena el móvil, eres tú, lo cojo, se corta. Te odio. Te llamo y no respondes. Apagado, ha debido morir. Ahora sí que me estás torturando. No sé dónde andas y no hay forma de comunicar contigo.

Llegado este punto, solo tengo dos opciones: esperar a que recuperes el teléfono o ir a casa por si lo que querías decirme era que llegabas. Que llegas. Que ya has llegado.

Solo con pensarlo mis palpitaciones me rompen el pecho.

Tres meses hace que no te toco, que no me comes, que no te pruebo. Siento la piel en llamas, ansiosa de tu tacto. Arden también mis labios sedientos de tus besos. Mis dedos echan chispas anhelando tu sexo.

Camino acelerada, casi febril. Mi cuerpo te reclama como a una droga. Es la consecuencia directa del sexo contigo, que enervas mis sentidos hasta el extremo, saturas mi sistema nervioso que revienta sobrexpuesto a tus deseos, a tus demandas, a lo que me llevas a hacer, a lo que haces conmigo.

Sexo al límite, salvaje, inesperado, desconocido…cada vez que nos vemos me sorprendes con algo diferente, una música, un perfume, un juguete, un antojo, un deseo, un disfraz, un disparate…todo vale, todo nos vale cuando coincidimos, cuando no solo nuestras presencias si no también nuestros cuerpos se encuentran en el mismo tiempo y lugar.

Y eso sucede hoy. Cuarenta y ocho horas es lo que tenemos hasta que vuelvas a desaparecer.

Y te quedas sin batería.

Llego a casa. Te busco en el portal por si estás esperando, en el café de la esquina. Nada. Como no me tranquilice me va a dar algo. Subo.

Intento distraerme pero no hay forma. El tictac del reloj me clava cada segundo. Pendiente del ascensor que sube, que baja, que se para…

Una llave en la cerradura. Ya estás aquí. Ya eres mía.

-         sé que no tengo perdón, pero…

-         shhhh – mi mano en tu boca

-         …no he podido…

-         shhhh – mi boca en tu boca

Mi lengua enlazándose con la tuya. No quiero explicaciones, solo te quiero a ti.

Empujo tu cuerpo contra la puerta, cerrándola. La maleta al suelo, la ropa tarda diez segundos en hacerle compañía, manos reconociendo piel, bocas degustando sabores, ansias aplacándose…

Tu abrazo me cruje las costillas cuando me levantas. Cruzo las piernas por tu espalda, dedos en mi sexo, lengua en mis pezones, tiro de tu pelo mientras me corro, te quejas, que te jodan.

Me bajas despacio, jadeantes las dos. Y doloridas. Apoyadas contra la pared. Nos miramos y nos reímos.

-         hola – me dices

-         de hola nada, eres una perra

-         es cierto, pero…

-         no quiero saber nada, te has portado fatal y quiero una reparación

-         otra?!

-         esto ha sido solo un aperitivo

-         ya. Y qué propones?

-         reconoces tu culpa?

-         sí, claro, pero…

-         nononononono, los peros no me sirven

Te cojo de la mano y te llevo hasta mi habitación. Todo está a oscuras.

-         no enciendas la luz – te digo

-         vale

Sé dónde está todo, la falta de luz no es un problema. Cojo una de las cintas de raso y te vendo los ojos. No rechistas ni te mueves, sabes lo que me gusta jugar…

Busco las cerillas y voy encendiendo cada vela, cada candil.

Te acaricio suave cuando paso a tu lado.

Te estremeces con cada roce.

Estoy tan excitada que me replanteo si echarte sobre la cama y follarte a muerte…calma, todo a su tiempo. Respiro y sigo.

Me pongo el arnés, coloco el dildo, vuelvo a cogerte de la mano, te acerco hasta la cama.

Del cabecero cuelgas otras dos cintas…quizás luego.

De pie, junto a la cama, comienzo besarte, lento, saboreando tu boca, tenía tantas ganas de besarte…

Me devuelves los besos con suavidad, paseando tu lengua…te acercas a mi, notas el dildo, sonríes

-         quiero que me folles – susurras en mi oído, la voz ronca de deseo

-         tranquila, no tengas prisa

Sonríes de nuevo y te giras, dándome tu espalda. Mis manos en tus tetas, mi boca en tu cuello, tus dedos se pierden por mi pelo, beso, muerdo, recorriendo tu piel con mi lengua

-         fóllame – gimes – fóllame ya

-         arrodíllate

Te pones de rodilla sobre la cama, ofreciéndome tu sexo, abriéndote para mí.

Me agacho, lamo, beso, chupo meto mi lengua en ti, empapándome. Tus gemidos estallan en mis oídos, dos dedos dentro de tu sexo, tus caderas se mueven

-         con calma, no hay prisa

Ríes quedo. Suspiras. Paras.

Me incorporo sin salir de tu cuerpo, manejándote lento. Te adaptas a mi ritmo, me sigues, sin prisa…

Estás tan excitada que dos dedos son poco. Me acerco, te penetro con el dildo que se desliza suavemente, gimes y pegas tu culo a mi cuerpo.

Mis manos te sujetan, clavándote a mis caderas que se mueven solas, follándote despacio, profundo, sin separarnos.

No te mueves, solo gimes respondiendo a cada golpe sobre tu sexo.

Acelero un poco el ritmo, escondes la cabeza entre las sábanas, arqueas la espalda…

Un poco más fuerte, más dentro, ahora eres tú la que se acelera, tus caderas se agitan, dejas de respirar un instante…te corres con un gemido largo, profundo, dices mi nombre…

Te beso la espalda, empapada en sudor, te abrazo.

Me enamoro un poco más…

El tacto, ese sentido tan olvidado, que tan poco utilizamos y que tanto bien nos hace.

Esta entrada surge de una meditación guiada en la que participé el pasado miércoles en una asociación en la que colaboro: Senda del Corazón. El trabajo que hicimos fue sencillo, tan sencillo que creó en mí la duda de por qué hacemos tan poco caso a nuestro sentido del tacto, con todo lo que nos puede aportar y enseñar, simplemente nos emparejamos y tocamos a nuestrx compañerx. Sin ninguna intención, sin tratar de sanar o impactar o recibir información, ni tan siquiera acariciar. Solo tocarnos. Sintiendo nuestra piel, la vibración de los átomos, de los espacios vacíos que conforman nuestro cuerpo físico. Sintiendo.

Las sensaciones fueron curiosas, las de cada unx diferentes y me dieron qué pensar.

Pensar en lo poco que nos tocamos, en lo poco que nos gusta que nos toquen, en lo poco que nos gusta tocar. En lo placentero que es romper la barrera física y acariciar y ser acariciadx. Romper las fronteras que la piel nos pone, sentir más allá de la punta de los dedos la esencia de alguien cuando le acaricias.

Porque estoy convencida de que es eso lo que hacemos: sentir desde la experiencia puramente corporal el ser real que hay bajo la máscara de cada unx. Eso es lo mínimo que se experimenta cuando se acaricia, a partir de aquí, acariciar puede llegar a ser una experiencia orgásmica, no solo para quien es acariciadx, para la persona que lo hace también. Y aquí, como tantas otras veces, hablo por propia experiencia.

Me gusta acariciar. Me gusta dejar que sean mis manos las que “hablen”, las que establezcan comunicación contigo a un nivel muy sutil. Me gusta pintar con mis dedos en tu espalda.  Lo hecho de menos, ahora que lo escribo me doy cuenta.

No solo me gusta, necesito acariciar. Es un lenguaje diferente, más profundo, en el que no existe la mentira, el disimulo, la posibilidad del disfraz. Cuando son dos pieles las que se comunican, no hay nada ni remotamente parecido.

Curiosamente, me resulta mucho más difícil dejar que me acaricien, a muy pocas personas se lo he permitido. Curioso pero absolutamente lógico, al menos para mí: dejarse acariciar es un acto de desnudez absoluta (para lo que no hay que estar desnudx, por cierto, se puede acariciar una mano, una mejilla, la nuca…), en el que, como digo, la mentira no tiene espacio. Ser acariciadx es algo tan íntimo como hacer el amor. Pura energía entrando en contacto con pura energía. Un acto de total entrega, de total confianza, de abrirse a otrx, a que otrx roce lo más profundo en ti. Un acto que pocxs se atreven a hacer: entregarse completamente.

Una pasada.

Lástima que lo hagamos tan poco. Que lo haga tan poco. Acariciar conscientemente, qué gran ejercicio.

¿Quién se apunta?

Una llamada el día antes es suficiente. Te alegras de oírme, yo de llamarte. “No hay problema, allí estaré”, eres un encanto.

La última vez que nos vimos no hubo nada físico entre nosotras, yo tenía algo entre manos y lo aceptaste sin preguntar. Ahora la situación es otra, soy libre para hacer y deshacer, y quiero deshacerte entera, de los pies a la cabeza, y que me deshagas tú a mí. Veremos.

Mi vuelo llega puntual, como tú, esperando en la salida, con una azucena en la mano. “Que cursi – pienso – pero que mona!” Sonrío al verte, devuelves la sonrisa. Un abrazo que se me hace infinito, necesito de esos abrazos, hace mucho que no me los dan tan intensos, tan desinteresados. Me encanta este comienzo.

Conduces hacia el centro mientras me cuentas tus experiencias con lo que aprendiste conmigo, me hace sentir muy bien que lo que hago le sirva a la gente y así te lo digo. Me miras seria y me das una charla sobre mi trabajo y sus repercusiones que me hacen avergonzarme de mis dudas. Te ríes al ver mi cara. Me gusta verte reír, te iluminas de una manera increíble.

Llegamos a destino, saludas y te vas. No quedamos en nada, no sé qué planes me tienen preparados.

Tarde de ponerse al día con esta peculiar “familia”, nada más llegar, conversación trascendental de las que te dan la vuelta con gente que sabes que te quiere y que te lo demuestra abiertamente. Parece que el fin de semana va a ser de aprendizaje para todxs, no solo para mis alumnxs. Cuando cerramos, estás esperando. Sonrío de nuevo al verte, mis expectativas son cero, pero así da gusto.

Me llevas a cenar. Cogemos el coche, no tengo ni idea de a dónde vamos pero confío en tí plenamente, y eso que nos hemos visto cuatro veces, pero eres de esas personas que conoces sin conocerlas, me relajo absolutamente a tu lado. Es una sensación extraña para mí, pero me dejo llevar.

Noche increíble, restaurante colgado sobre el mar, conversación fluida, siento como si estuviera dentro de una burbuja de tranquilidad en la que no hace falta nada, nadie, no hay silencios incómodos y hay silencios. Y miradas. Miradas de antiguo, de esas que son zambullirte en los ojos de alguien y flotar, ingrávida, sin preocupaciones, en paz.

No sé a qué hora me dejas en casa, noche cerrada y llueve pausadamente, sin ruido. Salimos del coche, me acompañas porque si no me pierdo. Nos despedimos en el portal. Te inclinas para besarme, me dejo hacer, me sorprende tu beso, suave, ligero, solo me acaricias con tus labios. Me gusta que los besos me sorprendan.

- mañana nos vemos si quieres
- claro, ya sabes mis horarios y donde encontrarme, pasa cuando tengas hueco
- hasta mañana entonces
- ciao

Ahora soy yo la que te besa, también suave, delicado, como ha sido toda la noche, no tengo prisa.

Duermo como los ángeles, día de batalla con la gente del curso, pero interesante y entretenido, como siempre. Terminamos fuera de hora, nada nuevo. Despido hasta mañana y ya oigo tu risa en el piso de abajo. Me alegro, me apetece mucho verte.

Ahí estás. Sonriente, luminosa, desprendiendo luz por cada poro de tu piel, me miras y algo se remueve en mi interior, algo cálido que responde a tu luz. Presiento que va a ser una gran noche. Salimos

- he pensado que podríamos cenar en mi casa…
Dices como preguntando
- me parece perfecto
- uff, menos mal, porque llevo toda la tarde cocinando
Nos reímos.

Vamos al coche, salimos del centro
- no te preocupes, no te estoy raptando, Pepa sabe donde vivo
- no me preocupo, confío en ti
Me miras, incrédula
- confías en mí? Apenas nos conocemos
- no Carol, nos conocemos hace mucho y lo sabes tan bien como yo – digo sonriendo
Me miras, devuelves la sonrisa y sigues conduciendo.

Llegamos a una especie de urbanización con chalés algo desperdigados, te diriges hacia uno chiquito, una planta, árboles, un pozo, qué envidia.
Aparcas. Entramos en la casa, una agradable calidez nos recibe, y un perrazo grande como el sabueso de los Baskerville que se me sube antes de que me quite el abrigo
- Venus, que haces, baja de ahí ahora mismo! Disculpa, esto no lo hace nunca
- no te preocupes – digo riendo y abrazando a la perra – los perros y yo somos grandes amigos, verdad Venus?
A lo que la perra contesta con un ladrido que hace que me retumben los tímpanos. La carcajada es general.
- voy a calentar la cena, siéntete como en tu casa
- vale, daré una vuelta, con tu permiso
Solo me miras, lo pillo.

La casa es pequeña pero tiene un buen rollo que me envuelve, un salón enorme con chimenea (cada vez te odio un poquito más) un sofá y un sillón, aparte mesa y sillas, tres puertas abiertas: baño, despacho con sofá, ordenador y dos paredes tapizadas de libros que no me entretengo en mirar y el dormitorio.
- la cena esta en breves, me ayudas a poner la mesa?
- claro
Cenamos, charlamos, reímos, el tiempo se escurre grano a grano, estoy tan a gusto…

Venus se ha apoderado del sofá, cojines y a la alfombra, a embobarnos con el fuego, mi perdición. Pones música, tan apacible como todo por aquí.

Seguimos hablando, hasta que la lumbre comienza a apagarse y te levantas para echar más leña. Me siento tan relajada que, si me dices que han pasado dos semanas me lo creo.

Vuelves a mi lado, frente a mi más bien y te quedas mirándome. Fijamente. Hay algo en tus ojos que no consigo pillar. A primera vista sonríen, pero hay un poso de, no sé, ¿melancolía? Como de algo anciano, profundo, dormido. Algo que me intriga en cualquier caso. Pasan lo segundos, minutos, tiempo indefinido. Hasta que te acercas y me besas. Igual de suave y ligero que anoche, solo rozándome. Algo dentro de mí se enciende. Leve, igual que tu beso.

Mis manos bordeando tu rostro, devuelvo el beso, acaricio con mi lengua el contorno de tus labios que entreabres para besarme más profundo, recorriendo mi boca.
Los cuerpos se juntan, las manos se hablan en un baile sin palabras, comienzas a desnudarme mientras susurras
- llevaba mucho tiempo esperando esto
- lo sé
Me sale tan natural que me sorprendo.

No es prepotencia. Siento que es así. No hay nada extraño en este encuentro con una mujer casi desconocida, es una sensación familiar, de reconocimiento.
Tal cual. Conoces mi cuerpo, mis recovecos, el dónde y el cómo, tengo la sensación de que no es la primera vez que hacemos esto. Es muy extraño. Y placentero.
Me besas como más me gusta, me desnudas despacio, acariciando mi piel con la punta de los dedos, electrificando cada centímetro que tocas. Creo que nunca antes me he sentido tan vencida, tan “haz lo que quieras conmigo” de una forma tan dulce.

Tengo los ojos cerrados, completamente desnudas ya, tendidas delante de la chimenea, sintiendo como me recorres, como me reconoces. Piel con piel. Boca con boca. Manos con manos. No tengo conciencia de donde termina tu cuerpo y empieza el mío. Solo siento. Cómo me deshaces. Cómo me derrites con tu aliento. Tu lengua recorriendo mi vientre, mis muslos, entrando en mí suavemente, haciéndome gemir quedo, leve, casi en un suspiro.

No sé dónde estás ni me importa. Hace rato que mi mente ha desaparecido, soy una amalgama de sensaciones, un mar de terminaciones nerviosas sobresaturadas que me inundan, te siento dentro de mí, alrededor mío, te respiro y te exhalo, somos una que se ha vuelto a encontrar.

Los orgasmos van y vienen desde lugares inusitados, mi cuello, mis orejas, mi clítoris, mi piel entera se diluye entre tus dedos. Me falta el aire y te retiras lo justo para que me recupere pero sin dejarme ir.

Me giras. Caminas mi espalda, mis glúteos, mis piernas. Todo mi ser rendido, recibiendo este regalo inesperado que estás siendo. Me dejo llevar, sintiéndote con cada célula de mi cuerpo que, poco a poco, se abre, se expande con cada orgasmo, con cada oleada de placer que me recorre entera.

Ahora soy la que se da la vuelta, quiero ver esos ojos y descubrir lo que hay en ellos. Sigues en mi interior, manejándome con dedos sabios. Cuando nos miramos algo pasa. El placer que estoy experimentando se multiplica, me invade, aumenta y aumenta, desde mi centro, corriendo por cada fibra de mi cuerpo, siento que voy a explotar.

Mi mano se pierde entre tus piernas, entro en ti mientras me corro, no sé cómo porque no tengo conciencia de lo que hago, te estremeces entre mis dedos. Entonces algo estalla y crece y nos sobrepasa, pierdo la noción de toda sensación física, mi cuerpo y el tuyo han desaparecido, somos energía en movimiento, retroalimentándonos, compartiéndonos, nos hemos fusionado, más allá del cuerpo, rompiendo fronteras, entretejiendo nuestros seres en una danza que parece no tener fin, más allá del placer,  porque esto es otra cosa, conocida y olvidada tiempo atrás, sepultada bajo capas de civilización.

Permanecemos en este “trance” un tiempo indefinido, dejándonos arrastrar por este huracán de sensaciones. Hasta que poco a poco se calma. La conciencia de los cuerpos retorna. Abrimos los ojos y nos miramos. No hace falta decir nada. Nos abrazamos y dormimos, allí mismo, sobre la alfombra, delante de la chimenea.

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Solo una vez, hace un par de meses había sentido algo parecido, también con una gran mujer reencontrada. Ahora sé que fue el preludio para esto, para este momento de éxtasis puro, de intercambio, de morir y renacer en el mismo instante, al mismo tiempo. Y sé que así debería ser siempre y así será cuando nos reencontremos sin prejuicios, sin expectativas. Siendo nosotras mismas. Reconociéndonos sin miedo. Pero de esto ya hablaremos.

Siento la necesidad de escribir este aclaratorio porque no es un relato al uso. Es mucho más. Quien tenga oídos que oiga. Quien tenga ojos que vea.

Me pediste que lo publicara.
Hecho está, pero son solo palabras.

Harta.

Hasta el mismísimo moño (porque no quiero ser soez).

Cansada, aburrida, mosqueada, cabreada…podéis seguir en esta misma línea tanto como queráis, todo será bienvenido y, probablemente, insuficiente. 

Porque hoy he decidido que ya basta. Que ya está bien de ofrecerme de saldillo. Que hoy es el día en que dejo de preocuparme por lxs demás para ocuparme de mí misma.

Que anda que no me lo han dicho veces, pues yo dale que te pego, a reventar el muro reventándome la cabeza en cada ocasión.

Pues hasta aquí.

Quien me quiera, que me busque. Quien necesite mi ayuda, que la pida. Quien demande amoroso trato, que lo ofrezca. Quien quiera unos brazos en los que llorar, que encuentre la forma de abrir los míos porque ya no son de gratis. Lo que no significa, no seáis malpensadxs, que haya que pagar. Bueno, rectifico, cuando hago terapias sí que hay que pagar.

Hablo, simplemente, de que ya no me da la gana seguir estando ahí, aquí, de manera incondicional, de que no voy a seguir recogiendo los escombros de todxs y ayudando a reconstruir porque es mi naturaleza.

Claro que es mi naturaleza, pero mi prioridad soy yo. Soy YO, que me quede bien clarito. Que para poder cuidar de lxs demás, primero tengo que cuidarme yo, escucharme yo, amarme yo, mimarme yo, hacer lo que yo quiero cuando me apetece (si, si,si, sin hacer pupitas innecesarias, si). Y, sobre todo, no permitir que las movidas que cada cual tiene que manejar se conviertan en las mías ni sean mi prioridad.

Porque ha llegado el momento de dejar de correr detrás de los sueños de otrxs, de dejar de alentar en caminos que no son el mío, de dejar de perseguir a quien ha pedido mi ayuda y luego me ignora. De estresarme porque lxs demás están agobiadxs. De fastidiarme días de absoluta felicidad por historias que no me conciernen. Que ayudarte, te ayudo, pero ya no me destruyo en el intento.

 Basta.

La ley de la oferta y la demanda dice que a mayor oferta, más bajan los precios. Perfecto. Pues me voy a “vender” cara de pelotas.

Que quien me busca, me encuentra. Quien me necesita, me tiene. Quien pide mi ayuda, la consigue. Pero no soy jamelgo para tener que andar tirando de carros que, ni son míos, ni he pedido ni me corresponden. Porque ya tengo suficientes tareas que hacer como para responsabilizarme de las de lxs demás.

Que, por otro lado, nadie me ha impuesto nada, eso es lo más “gracioso” del asunto. Mi naturaleza me lleva por estos derroteros. Rectifico, me ha llevado, hasta hoy. Me preocupo de lxs demás, procuro que estén bien, intento que no que no se agobien, escucho y comento con toda la prudencia que puedo (en ocasiones, reconozco que es más bien poca, pero siempre digo que soy humana y hay cosas que me saturan), ofrezco ayuda voluntariamente, mi mano siempre extendida, mis brazos siempre abiertos.

Y así pasa. Que a lo bueno nos acostumbramos rápidamente y empezamos a dar por sentado que tal persona va a estar siempre ahí, como lleva haciendo tanto tiempo. Y comenzamos a dejar de cuidar a quien siempre está ahí. Y olvidamos los detalles. Y el exceso de oferta se cobra su precio. Irónico, ¿no? a mí al menos me lo parece.

Últimamente una de mis máximas ha sido “si quieres algo, lo pides”. Ha durado lo mismo que un bizcocho a la puerta de un colegio. Tan pronto nos acostumbramos, puf, el encanto desaparece. Para volver a lo mismo, claro, a la certeza de que voy a seguir al pie del cañón.

Pues hasta aquí. Porque ahora, el cañón es el mío. Y a quien le asuste el ruido, que se ponga tapones.

Me estoy dando cuenta, releyendo lo escrito, de que estoy jugando a hacer lo que lxs demás esperan de mí. Manda narices. Bien es cierto que, como acabo de explicar, lo que lxs demás esperan me sale de forma natural. Pero, cuando lo que es natural te incomoda, es claro que algo no está siendo tan natural como parece.

Interesante reflexión. Cuando tenga una conclusión a este respecto, igual la comparto y todo.

Entre tanto, hacedme el favor de ser felices, que, aunque parezca lo contrario, no cuesta tanto.

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Originalmente aquí terminaba esta entrada.

Hasta el viernes por la noche, hasta el momento en que alguien vino a mí y me dijo “te necesito, estoy perdida y siento que tú puedes ayudarme”.

Nada, nunca, sucede por casualidad. Lo que hay que hacer hay que hacer. Me alegra infinito que el Universo me recuerde cual es mi Ser.

Insisto: sed felices que cada día se hace más y más fácil y hasta puede llegar a convertirse en costumbre. Solo permitid que suceda.

Hace unos días colgué en mi página de facebook unas fotos que, periódicamente, me entretengo en buscar por internet. Fotos eróticas, estéticas, de cuerpos de mujeres. Punto. No hay más trasfondo.

No es la primera vez que lo hago pero, en esta ocasión, los comentarios que han suscitado me han sorprendido. Una de las opiniones que más me ha chocado hace referencia a la estética esclavista que predomina en esta sociedad que nos toca vivir: mujeres jóvenes, delgadas, de cabello largo, ya sabéis de lo que hablo.

Nada más lejos de mí o de lo que hago a través de este blog, de facebook o de mi propia vida. Soy de la opinión de que la belleza no está en el exterior, he conocido y amado mujeres que no se adaptan a esa “estética esclavista” de la que hablo más arriba, pero cuando busco belleza de cuerpos, no miro el interior, me quedo en la fachada.

Reconozcamos que hay cosas que nos parecen estéticas y bellas independientemente de los cánones que define la sociedad o la cultura como netamente bellos: hay cosas, personas, paisajes que entran por los ojos y otros que hay que mirar dos veces para encontrarlos hermosos. Simplemente.

Toda expresión artística (las fotografías que cuelgo lo son para mi) es vista como bella por los ojos de quien la contempla. Algo que puede ser hermoso para unxs no tiene porqué serlo para otrxs. Como también podemos encontrar la belleza en algo que, a priori, podemos considerar poco bello o incluso feo o desagradable. Ahí está la diferencia entre hacer fotos y ser artista, pero ese es otro asunto. Aquí hablo de lo que a mi me parece bello. Con las mujeres pasa exactamente lo mismo. La edad, el peso, la tersura de la piel, el color de ésta, son menudencias que limitan la apreciación del conjunto.

 Si ya entramos en los juegos de luces y sombras, en la elegancia del encuadre, y otros mil matices que podemos encontrar cuando hablamos de fotos de estudio, un cuerpo joven y esbelto puede ser la cosa más ordinaria y otro más vivido, menos terso, puede ser una auténtica obra de arte.

Reivindico mi derecho a deleitarme en cuerpos que       estéticamente me parecen bellos, independientemente de cánones, de conceptos culturales o sociales y de opiniones ajenas a la mía.

Reivindico mi derecho a estar de acuerdo, al menos parcialmente, en lo que la sociedad en la que vivo considera hermoso, estético, bello. Digo parcialmente, ojo, hay cosas que se dan por bellas que me repelen, otras que se dan por aberrantes que me conmueven y así un largo etcétera que no viene al caso comentar aquí.

Otra cosa es cómo de bella (social y culturalmente) sea la mujer con quién comparta mi cama, para mi será hermosa a rabiar y eso sí que es lo que realmente me importa. A mi y a ella.

Así pues, queridas, altas, menos altas, guapas, menos guapas, delgadas, menos delgadas, elegantes, menos elegantes, bellas y hermosas todas. A disfrutarse.

Berlín

Principios de verano en Berlín, en el Bread and Buttler, una de las ferias de moda más importantes de Europa. Tres jornadas de trabajo y dos para disfrutar la ciudad si es que el cuerpo aguanta la tralla.

Los dos primeros días han sido puro aburrimiento, sonrisas, paseíllo, estrechar manos y besar mejillas, comerle la oreja a los clientes en tantos idiomas que ya no sé cuál es el mío. He hablado tanto de y sobre ropa que iría desnuda sólo para olvidarme de ella.

Pero hoy ha sido diferente. Una mariposa ha despertado mi interés. Dibujada en un hombro al aire, negro y amarillo sobre blanca piel. Posada en una enredadera. Muy sugerente. Inevitablemente la he seguido y he descubierto lo que había más allá del hombro: pelo largo moreno, más tatus igual de finos que la mariposa, manos grandes, metal sobre metal clavado en carne, gorra de baseball, una boca generosa en sonrisas cubriendo colmillos de vampira, uff. He estado mirándola casi toda la tarde, su stand está justo en la diagonal del mío, no entiendo cómo no la vi antes.

Pasan las horas, queda poco para que clausuremos y luego cena multidisciplinar ofrecida por la organización a lxs directivos con fiesta nocturna en la ciudad de la música electrónica, habrá que estar a la altura. Sería un punto que la mariposa apareciera. La cena ganaría mucho, la fiesta de después, ni te cuento.

Vuelta al hotel, ducha ultra rápida, emperifollarme para la cena, lo justo para no dar el cante en la discoteca. Mejor me pongo capas y luego me las quito. Así, vaqueros pitillo, las sandalias de tacón, la camisa roja cruzada que deja entrever todo pero no enseña nada, el corpiño de piel al bolso junto con las sandalias de trote, no quiero regresar sin pies. Ojos negros, labios rojos, un recogido poco elaborado con palillos incorporados. Perfecto.

El mega restaurante es una pasada, sobre el río, tiene una pista que supongo de baile para después de la cena, espero que la previsión no sea continuar aquí luego, sería la risa. Mogollón de gente en la cena, tipo buffet, mejor, así me pierdo y voy a mi bola. Por desgracia, no distingo a la mariposa por ningún lado. De aquí al hotel de cabeza.

Pero oh maravilla, sí que ha venido! Imposible reconocerla: mono tipo segunda piel de no sé qué tejido pero que parece la piel de Mística más que un traje, azul noche haciendo aguas, sandalias con dos deditos que me enseñan más tatus…Joder, solo por ver esos tatus merecerá la pena.

Parece que tampoco se encuentra en su salsa, no habla con nadie ni hay nadie cerca. Habrá que hacer una aproximación. Pregunto a un camarero si sabe lo que bebe, bingo, gin, compruebo que no tiene vaso, que sean dos. Allá voy

- gin tonic de Bombay si el camarero no se ha equivocado – digo con la mejor de mis sonrisas al tiempo que le alargo la copa.

Duda un instante, me mira sin disimulo de arriba a abajo

- sí, gracias, justo iba a ir a por una

Parece que he pasado el primer corte

- me encanta lo que llevas, aún no tengo claro qué tejido es y eso que mi negocio es la ropa

A partir de aquí casi dos horas de conversación inteligente sobre trabajo, cosa increíble, no me saturo.

Comienza el desfile hacia la terraza-pista, cierran la barra y la fiesta se traslada inevitablemente fuera. Lo último que quiero es quedarme aquí con ella

- te parece si vamos a otro lugar con mejor ambiente?

- cualquier sitio será mejor que este, créeme

- dame un segundo y nos vamos

Wasupp a Katrin para que me mande la dirección del SchwuZ, taxi y para allá que vamos.

En el trayecto hablamos de música, las risas se funden en el interior del coche, esto promete.

Llegamos. Una cola que asusta, no problem, Katrin de nuevo para que nos cuele. Buff. Musicote a todo volumen, toca dejar que las bocas se callen y hablar con otras partes del cuerpo, interesante seguro. Veremos.

- vuelvo en un segundo, no te pierdas

- me quedaré quieta por si acaso, esto es enorme!

Voy al baño a cambiarme, fuera camisa y sandalias imposibles, corpiño, pelo suelto y pies liberados. Retoco el rojo. Me gusta lo que veo.

Subo, la busco y ahí está, exactamente en el mismo lugar, me repasa de arriba a abajo otra vez y sonríe, quiero esos dientes rompiéndome la piel…

- vaya cambio

- es que paso de destrozarme los pies, pedimos algo y vamos a la pista?

- ya, de lo demás no hablamos, no?

Bailamos, da gusto ver como se mueve, mi imaginación ya va sola no sé dónde. Música, gente, calor, su mano en mi cuello, la mía en sus caderas, cada vez hay menos espacio entre nosotras, necesito tomar aire o no voy a controlarme mucho más

- voy al baño, vuelvo enseguida

- aquí estaré

Los baños de este garito son tan impresionantes como el resto del local, enormes, escrupulosamente limpios, espejos por todas partes, puertas de cristal, y no hay mucha gente. Entro en el primero que queda libre, justo cierro la puerta y la empujan, es ella que pasa y cierra tras de sí, me quedo quieta

- me cansé de esperar

dice mientras me coge la cara

- me parece bien

consigo susurrar antes de que me coma la boca.

Me besa largo, profundo, su lengua enredándose en la mía, sus dientes mordiéndome los labios, respondo clavándole las uñas en la espalda, me muerde más fuerte hasta que distingo el metal de la sangre en la boca. No para, sus manos entran en acción, agarrándome el culo con la misma fuerza con que su boca me besa. Me pega a la pared, me muerde el cuello, los hombros…me dejo hacer, esto es justo lo que quería, su cabeza en mi cuello sus dientes en mi piel…duele.

Le sujeto la cabeza, apartándola un instante

- me está encantando esto que haces, pero quizás deberíamos ir a otro sitio

- quizás – sonríe

Pero sus manos bajan por mi culo, hacia mi entrepierna, su boca de nuevo en mi cuello, lamiendo, mordiendo, matándome de placer. Acaricia mi sexo por encima del pantalón, voy a explotar sin que me toque siquiera, movimientos firmes, fuertes. Para. La mato. Falsa alarma, desabrocha los pantalones, mete una mano, esquiva con soltura las braguitas, solo me roza, gimo.

Estoy tan excitada que solo con que siga comiéndome el cuello me voy a correr. Pero justo su boca comienza a descender, besos suaves que recorren mi piel erizándome entera.

Despacio, comienza a quitarme los pantalones, su boca paseándome, llegando a mi pubis, rozando apenas el borde de las braguitas. Las baja con delicadeza. Me lame. Me deshago. Lengua hábil moviéndose con sutileza, abriéndose paso entre mis pliegues, descubriendo mi clítoris. Círculos
alrededor, mordiscos delicados que me hacen estremecer.

Me explora sin prisa, buscando mi respuesta. Y la encuentra, vaya que sí. Aumenta la velocidad, lame, muerde, succiona, me coge las caderas que se mueven con vida propia, me acompaña, me folla con su boca, me mata de placer. Siento mi vientre explotando en olas, convulsiones que no quiero controlar. Sus manos firmes me sujetan, apretándose contra mi mientras me sigue comiendo. Hasta que me corro y mi cuerpo se dobla en dos, sacudiéndose como si fuera a partirse.

Se aparta. Me besa en los muslos. Sigue sosteniéndome, las piernas me flaquean. Se pone de pie, a mi lado y me da un beso leve en los labios

- espero que no te importe que no te haya hecho caso

sonrío, le devuelvo el beso

- no me importa, en absoluto

digo besándola de nuevo

- y ahora, si me disculpas, yo venía a hacer pis

se ríe, abre la puerta y sale, riéndose aún

Salgo del baño, la veo apoyada contra la pared, le tiendo la mano y volvemos a la pista.

Continuará…

Quiero

Quiero follarte. Tengo tan claro el cómo que me pongo súper cachonda solo imaginándolo. De rodillas sobre tu cama, dándome la espalda. Las manos atadas a las barras del cabecero.
Desnudas las dos. Yo con el arnés y el dildo puestos. Tu con los ojos vendados.
Jugueteo con tu cuerpo, tu espalda, tu piel. Sabes lo que va a pasar pero no sabes cuando.
Te bebo, te como, te muerdo. Te retuerces. Gimes. Me ofreces tu sexo empapado. Me pides que te folle. Te ignoro.
Voy a hacer que me desees hasta que te duela.
Cuando te penetro, me deslizo, así de excitada estás. Casi te corres solo con eso. Casi lo hago yo también.
Entro en ti profundamente, deleitándome con tu reacción. Te estiras, te adaptas, te abres para recibirme y acoplarte.
Te sujeto por las caderas y me muevo. Me sigues. O te sigo, mismo da. Intento follarte despacio pero es imposible. Siento tu carne golpeando mis caderas, quizás es al revés. Gimes, gimo. El resto ya lo sabes.

Publicado con WordPress para BlackBerry.

En los últimos 10 años, las tecnologías han avanzado a velocidad de vértigo, no sólo en lo relativo al bienestar del día a día, la salud, el estudio del espacio, las telecomunicaciones y demás campos que afectan a la globalidad si no también en todo lo relativo a las relaciones personales.

El uso de internet, las redes sociales, Skipe, los teléfonos inteligentes, los chats, la mensajería instantánea, las videollamadas…avalancha de opciones que ¿facilitan? la comunicación.

Y precisamente sobre ésto es sobre lo que habla esta entrada: ¿hasta qué punto la tecnología facilita el cómo nos comunicamos?

Antes del boom tecnológico, los móviles eran un artículo de lujo, casi nadie tenía uno y todxs vivíamos felices, contentxs e incomunicadxs excepto cuando estábamos en casa o en el trabajo. La colectivización de los teléfonos móviles, la reducción de su precio a la par que de su tamaño y la mejora de sus prestaciones, propició que todo quisque quisiera y obtuviera uno, hasta el punto en el que estamos hoy: cerca de los 5.000 millones de aparatos en el mundo.

Si hago números, no me cuadran: la previsión indica que en dos años seremos 7.000 millones de personas en el planeta y en este momento ya hay en funcionamiento 5.ooo millones de terminales, si en el primer trimestre de 2011 se vendieron cerca de 500 millones de aparatos…me vuelvo loca y en definitiva, tengo más teléfonos que personas!!!!

Buffff, datos, datos, datos, más información que, en realidad no importa un pimiento. ¿A dónde quiero llegar con esta marea de teléfonos? Pues al hecho que realmente me preocupa: la forma en que nos comunicamos actualmente, la pérdida de la cercanía que da la conversación cara a cara, lo humano de mirarse a los ojos cuando se habla. Este es el quid de toda esta cuestión.

Por que mucho me temo que ya existe al menos una generación que se está perdiendo todo eso, lxs de la mía y un par más (lxs que nos encontramos entre los  25 y los 45 años, por poner un límite) hemos disfrutado y disfrutamos de largas charlas, conversaciones a múltiples bandas en las que todxs nos reímos a la vez de las tonterías que se cuentan, en las que puedo ver las lágrimas asomar a tus ojos, en las que puedes cogerme la mano o darme un beso.

Esta forma de comunicarse ya tiene sus limitaciones: las que pone el ambiente, el momento o el lugar, la timidez o la vergüenza de expresar claramente lo quieres o necesitas o deseas, pero tiene ingredientes únicos que le dan el punto justo: la ironía, el sarcasmo, el tono en que digo cada palabra, el temblor en la voz cuando digo que te amo, el susurro, el silencio tras la frase lapidaria.

El lenguaje corporal dice muchísimo más que la palabra. Una mirada puede confortar más que un abrazo. Una caricia puede derrumbar los muros de cualquiera. Un gesto brusco puede descorazonar más que un “no”. Y todo eso no sólo se pierde si no que, además, se desvirtúa cuando la comunicación no se hace cara a cara (incluyo las conversaciones vía Skipe o por teléfono que, para mi, son el mínimo aceptable para según qué temas y momentos).

Bien es cierto que hay un mundo de posibilidades en el uso de las tecnologías como medio de comunicación, me refiero específicamente a las “conversaciones” calientes, al sexo virtual, a calentar motores antes de verte, a jugar con las palabras y las imágenes que evocan en mi mente, a planear un encuentro antes de hacerlo realidad. Pero ese es otro tema.

El placer de una buena conversación se está cambiando por quedar para hablar de nada y luego, de camino a casa, mientras ceno o incluso cuando ya estoy en la cama, que me bombardeen con declaraciones de intensidad variable que no han tenido redaños para soltarme a la cara.

Me niego. Me niego a tener que medir cada palabra que escribo para que no la malinterpretes, a no poder emplear la ironía porque seguro que no lo pillas y te mosqueas, a chatear contigo mientras ves la tele o mantienes tres conversaciones al mismo tiempo. Me niego a “hablar” por escrito porque te resulta más cómodo o más fácil, me niego a no poder abrazarte cuando sé que estás llorando, me niego a no poder escuchar lo que no me dices con palabras. Las cosas importantes no se escriben, se hablan.

Dicho esto, hablamos cuando quieras.

Permanecemos abrazadas no sé si diez minutos o diez años, la sed nos hace separarnos

- agua – dices

- sí, yo también necesito un poco

Me levanto, te traigo conmigo, te desato las manos, acerco el agua, parece que no hayamos bebido en días.

Nos miramos por encima de los vasos, tus ojos chispean, miedo me das.

Te levantas de la mesa, te acercas, me besas recostando tu cuerpo sobre el mío, me quitas el vaso de la mano, enganchas una trabilla del pantalón, acercas tu cara a la mía y susurras

- ¿ahora es mi turno, no?

Sonríes, pícara, no me das tiempo a contestar, sales del despacho arrastrándome tras de ti, entras en el dormitorio, me dejas delante de la cama

- espera un segundo, quieta aquí

Paseas por la habitación vestida sólo con las medias y los tacones, taaan sexy, te observo, divertida, mientras bajas la persiana, corres las cortinas… Espero. Terminas, te giras hacia mí

- perfecto, así está bien,  ahora necesito que cierres los ojos

Lo hago, las manos en los bolsillos, tranquila. Te oigo trastear pero no distingo exactamente en qué andas, abres cajones y puertas, creo que quieres despistarme para que no pueda anticipar lo que me espera, sea lo que sea.

Tu taconeo se acerca. Manos en mi cara, labios en los míos, lengua acariciante, siento cómo me vendas los ojos

- ¿confías en mí? – susurras – ahá -respondo

Aprietas la venda, no veo nada pero no me molesta. Sigues besándome suave y profundamente, me gusta tanto cuando hacemos las cosas despacio…comienzas a desabrocharme el chaleco, botón a botón, con parsimonia, sigues con la camisa, tardas un segundo en darte cuenta de los corchetes, te ríes y trrrrras, de un tirón la abres.

Cuerpo al aire, boca al cuello, manos a las tetas, te apartas un instante

- ¿qué pasa? – pregunto

- nada, nada, bonito sujetador – dices mientras me acaricias sobre él

Es verdad, sonrío porque me llevó toda una tarde elegirlo, burdeos, de encaje no muy tupido, dejando entrever la piel, abrochado por delante…éxito asegurado.

A todo esto, ya me lo has abierto, pellizcas mis pezones con suavidad, paseas tu lengua por ellos, chupas, lames, te vas emocionando, succionas, tiras, me encanta lo que me haces, muerdes, presionas, me llevas al límite, un poco más y me dolería.

Gimo cada vez más, las manos en tu espalda, en tu pelo, las tuyas me han quitado la ropa y van a por el resto, fuera cinturón, abajo pantalones, un Uffff se escapa de tus labios, has visto el resto : culotte bajo, enmarcando las caderas, casi transparente, justo lo justo, las medias a mitad de muslo, enseñando piel.

Te tomas tu tiempo, no me importa en absoluto, para eso está hecho, lo de la venda tiene su punto y su faena, no puedo verte la cara, mal menor. Siento tus manos rozando mi cintura, me estremezco, tu lengua bordeando la línea del culotte, despacio, como si quisieras quitármelo con la boca, lo bajas lentamente, donde hubo tela ahora hay saliva, me estás poniendo a mil, desatas los cordones de los zapatos, la boca en mi entrepierna, no sé qué hacer con las manos, me lames, me bebes, me exploras con la lengua mientras me terminas de desnudar, me quitas las medias arañándome la piel, círculos sobre mi clítoris, manos en mi culo, necesito apoyarme en algo o me voy a caer, no hay problema, te incorporas cambiando boca por manos, un grito se me escapa, sorpresa y placer mezclados

Cambias el ritmo, te mueves rápido, una mano en mi sexo, otra en mis tetas, me estás volviendo loca con estas velocidades, muevo las caderas intentando seguirte, me aprietas, me muerdes los pezones, me corro, doblándome sobre ti, derrotada.

Te beso, suspiro, me acaricias.

Notas la debilidad de mis piernas y me llevas a la cama, me estiro, recuperando el control de mis músculos. Sigo con la venda, mientras no me digas lo contrario, no me la quito, es tu turno. No sé qué haces, tampoco me preocupa, esto no acaba aquí, seguro.

- agua plis – voy, un minuto

Coges mis manos, las levantas sobre mi cabeza, raso en cada muñeca, aprietas el lazo, sonrío. Tiras, comprobando que no pueda soltarme

- agua – shhh, espera

Me ignoras, estás atareada. Me echas algo por encima para que no me quede fría, lo que significa que vas a tardar, la curiosidad me mata.

Clac, clac, has abierto mi maletín, estoy alucinando, ¿¿vas a usar juguetes?? será la primera vez, sonrío, me gusta que innoves.

Sabiendo ya dónde andas, imagino lo que haces por los sonidos: arnés, dildo, el misterio será saber cuál, cierras el maletín, te acercas a la cama, noto frío en la boca, ¡has traído hielo!

- esto no es agua – protesto

- ¿pero sirve, no?

Retiras despacito lo que me cubría, jugueteas con el hielo y mi boca, dejas que lo chupe, lo apartas para que lo lama, lo metes junto con tus dedos, cambias unos por otro, te chupo, te lamo la mano que todavía sabe a tu sexo, frío en las tetas, paseas el hielo por mis pezones que reaccionan al segundo, gimo.

Hielo en un pezón, lengua en el otro, dios, me gustaría que tuvieras tres manos, en mi boca, en mis tetas, en mi sexo, me lees como a un libro abierto, retiras tus dedos de mis labios y los deslizas por mi piel, directos a mi sexo.

 Gimo, tiro de las ataduras, me estás enloqueciendo con esto que me haces, el frío, tus labios, tus dedos, estoy sintiendo tantas cosas a la vez que no puedo distinguir, la venda multiplica las sensaciones, me oigo, te oigo, te siento por todas partes…

Paseas frío por mi cuerpo, la carne de gallina, lames allí por donde pasas el hielo, me derrito, miles de agujas de placer me bombardean, costillas, vientre, caderas, muslos, merodeas por mi pubis sin decidirte, paras.

Mis caderas se mueven solas hacia ti, pidiendo más, respondes. Lengua en mi sexo, lengua con hielo, hielo con lengua, te has propuesto torturarme lentamente, hacer que me deshaga como el hielo que estás utilizando.

Chupas, acaricias, presionas el hielo sobre mi sexo mientras me lames el clítoris, despacio, me estás matando, muevo las caderas y me respondes, te acompasas, me sigues, dejas el hielo, mordisqueas, juegas conmigo hasta que me corro con tu boca.

Me besas, me gusta que me beses después de comerme, encontrar mi sabor en tu lengua.

Tengo los labios resecos, no problem, me acercas un vaso de agua, bebo un buen trago, lo poco que queda lo derramas sobre mi cuerpo, me lames de arriba abajo, me giras, sigues por mi espalda, lamiendo, mordiendo, besando, acariciándome entera, disfrutando mi piel, me dejo hacer encantada, sólo sintiéndote.

Poco a poco aumentas la fuerza de tus mordiscos, me haces gemir, muerdes más fuerte, grito pero no paras, sólo te contienes, manos en acción, apretándome el culo, presionando mi sexo, entrando en mi con fuerza, te mueves como si quisieras romperme, no dejas de morder toda mi espalda, me llevas al orgasmo en tres minutos, jadeos, respiración entrecortada que no distingo si es tuya o mía, tumbada sobre mí, tus tetas en mi piel.

Creo que te incorporas, no veo lo que haces, me abres las piernas, me levantas el culo hasta que me pones de rodillas sobre la cama, noto tu lengua comiéndome otra vez, me aprieto contra tí, me muerdes, me quejo, me besas, te apartas, tu mano en mis caderas, acariciándome el culo, te acercas, me penetras, despacio

- si te hago daño dímelo – susurras en mi oído

Mis gemidos te tranquilizan, te mueves con prudencia, es nuevo para las dos, me estoy muy quieta, tengo que acostumbrarme, tardo dos minutos en cogerle el truco, me pego a tí, curvando la espalda, gimes y entras más profundo, siempre despacio, comienzo a moverme, me sigues, aumentas el ritmo, me encanta, sales y entras, me matas, la cabeza en la almohada, mis caderas se aceleran contigo, te animas, me coges por las caderas, me follas con fuerza, penetrando profundo, gimes, jadeo, me agarro al cabecero, sigues embistiendo, apoyas tu cuerpo sobre mi, me muerdes y me follas al mismo tiempo, tiemblo, mis piernas son ramas que se van a romper si sigues así, y no paras, muerdo la almohada, me corro con un largo gemido, disminuyes el ritmo despacio, me acaricias el clítoris, me falta el aire pero te da igual, sigues entrando y saliendo suavemente, presionandome más y más, círculos concéntricos desde mi vagina y mi clítoris hacia mi estómago y mi garganta, se escapan al ritmo de mi agitada respiración, no sé ni cuantas veces me corro, hasta que te das por satisfecha y paras, dejándote caer en mi espalda.

Sales de mí despacito, oigo que te quitas el arnés, me desatas, un beso en cada muñeca, me quitas la venda, me coges la cara y me besas suave. Te echas a mi lado

- tú si que me vas a matar

Nos reímos.

Cierro el cuaderno del que he estado leyendo

- enséñeme lo que ha escrito, gire la pantalla por favor

Me levanto despacio, acercándome a la mesa, das la vuelta al monitor y veo que tus dedos se han liado más de lo habitual, perfecto de nuevo

- esto es un desastre señorita, haga el favor de venir a comprobarlo

Te levantas, rodeas la mesa, te inclinas para mirar la pantalla. Tu falda deja entrever medias por medio muslo, negro sobre blanco, más de lo que esperaba

- como puede ver, hay una cantidad enorme de fallos. Supongo que ya sabe lo que eso significa…

Ya lo creo que lo sabes, haces hueco en la mesa para poder apoyarte sin impedimentos, los codos y las manos acariciando la madera, las piernas algo separadas, creo que estás temblando.

Me recreo en las vistas, no tengo prisa. Me acerco despacito, mientras me quito la chaqueta

- tendré que castigarla señorita, estos errores no puedo pasarlos por alto

Te levanto la falda con movimientos suaves, rozando tus muslos. Tenía razón, estás temblando, tan excitada que el más leve contacto te hace gemir.  Acercas el culo a mis caderas, te aprietas contra mí, tus gemidos aumentan, mis manos perdiéndose entre tus piernas

- he de decirle señorita, que no consentiré ningún sonido ni movimiento o pararé de inmediato

Paras.

Callas.

Creo que te tapas la boca con las manos.

Acaricio tu espalda por encima de la camisa, desciendo por las caderas, agachándome, me entretengo un instante recorriéndote el culo. Te quito el tanga, beso y mordisqueo los lugares por donde pasan mis dedos, muslos, rodillas…

Gimes quedamente al contacto de mis labios, con el paseo de mi lengua por tu piel.

Me estoy tomando demasiado tiempo para tu gusto, eso al menos es lo que dice tu cuerpo, arqueas la espalda ofreciéndome tu sexo, húmedo, caliente por la excitación. Disfruto de la visión un instante, mi boca directa hacia tí.

El primer roce te hace gemir más de lo permitido

- no, no, no, no, ningún sonido o pararé

Silencio.

Vuelvo donde estaba, dibujando tus labios con la lengua, saboreándote, bebiéndote, estás tan mojada…no sé cómo resistes pero me pone que lo hagas.

Inevitablemente te aprietas contra mí, recorro tu clítoris, lamo, chupo, mordisqueo con una delicadeza que me cuesta mantener, entro en tí, te succiono, tus gemidos aumentando de volumen, mal controlas tus movimientos pero aguantas, soy permisiva, me gusta tanto lo que estoy haciendo que flexibilizo las normas.

Mi mano acompaña a mi lengua, te acaricio, empapándome de tí, tus caderas te desobedecen, se mueven a mi ritmo, mis dedos dentro de tí, despacio…gimes suave, sigo bailando en tu interior, gritas, paro

- esto es excesivo, haga el favor de recomponerse – digo mientras me incorporo

Tardas unos segundos en levantarte de la mesa. Te giras. Una mano sobre tu sexo, mojándose. La lames mientras me miras y me la tiendes. Te sientas sobre la mesa, las piernas abiertas, te acaricias, mantienes tus ojos en los mios. Paso de contenerme más, que el juego cambie no es un problema mientras sigamos jugando.

Cojo tu mano, lamo, chupo, tus dedos en mi boca, revolviendo mi saliva, me acerco hasta la mesa, mi mano en tu nuca, la otra en tus profundidades, entretenida, te muerdo el cuello hasta que te quejas, cambio mordiscos por besos ansiosos, desbrocho tu camisa, el sujetador, los dos al suelo, mi boca en tus tetas, tus pezones, acaricio, beso, muerdo, ya ni sé lo que estoy haciendo, gimes, gimes, gimes, resarciéndote de no haber podido hacerlo antes, me envuelves con brazos y piernas, mis manos arañando tu espalda, tu vientre, mientras mi lengua se ha extraviado, perdida entre tus tetas.

Mis dedos caminan de nuevo hacia tu sexo, acariciando suavemente el pubis. Te mueves, te ofreces pero aún no, quiero creer que aún mando yo.

Suelto tu abrazo, despacio, intentas quitarme el chaleco, te aparto, deslizo la lengua por tu piel, te echas hacia atrás, los brazos sobre la mesa, la espalda arqueada, te sueltas el pelo. Yo en lo mio, recorriendo tus sabores, no sé cuál me gusta más, ombligo, caderas, pubis, ingles, muslos, trazo caminos con mi saliva, caminos que conducen a tu sexo.

Tu clítoris hinchado me recibe con un gemido, me coges la cabeza, ya no quieres que siga jugando. Me muevo entre tus piernas, tus manos me limitan asi que me quito la corbata, me levanto y te ato las muñecas con ella. Sonríes, me besas buscando tu sabor en mí.

Vuelvo a mis quehaceres, ahora la que está limitada eres tú, sujeto la corbata con una mano, no te resistes.

La lengua de nuevo sobre tu clítoris, no quiero más interrupciones, aumento el ritmo, tus caderas responden moviéndose lo justo para permitirme mantenerme donde estoy, entrando, saliendo, besando, lamiendo…

Muslos que se tensan, movimiento que cesa, gemidos que se entrecortan, te corres entre estremecimientos. Me coges la cara y me levantas para besarme, me gusta cómo me besas después de correrte, es como si quisieras tragarme entera. Sonríes, esa sonrisa tuya que te hace brillar, me muestras la manos todavía atadas

- ¿ya me sueltas?

- ¿quién te ha dicho que haya terminado?

Te beso profundo, acercando mi mano a tu sexo, no tengo pensado darte respiro, este es mi juego y tu castigo. Te abrazo mientras entro en tí de nuevo.

Gimes, gimo, no doy tregua.

Me muevo con soltura por tu interior, sé lo que quiero y cómo conseguirlo.

Me miras

- ¡¿qué me estás haciendo?!

- te estoy follando hasta hacer que te desmayes

Me besas con ansia, apretándo tu cuerpo contra el mío, vas otra vez a desabrocharme el chaleco pero no te doy tiempo. Acelero el ritmo, tus manos se detienen, tus gemidos aumentan, ya no puedes seguir con mi ropa, tus caderas están enloqueciendo. Pasas las manos por detrás de mi cabeza, clavas tus ojos en los míos, sabes cuánto me gusta disfrutar de tus orgasmos, contienes la respiración, tengo la impresión de que convulsionas, dejas caer el peso de tu cuerpo en mi abrazo mientras exhalas un profundo gemido, largo, mientras te corres, no te había oído gemir así

- ¿todo bien? – pregunto

Sonríes, respiras entrecortado, me besas

- todo fantástico, si

Te recuestas sobre la mesa. Me falta el aire, apoyo la cabeza sobre tu pecho, tu corazón latiendo a la misma velocidad que el mío, respiraciones agitadas que se van pausando.

Sigo en tí, cierro los ojos, reconociendo tus humedades.

- ¿no vas a parar nunca?

- exactamente cuando me apetezca

- ok

Despacio, disfrutando el recorrido.

El pecho se te acelera, comienzas a moverte, sigo recostada sobre tí

- más rápido

- no, no, no, no, shhh – quiero que éste sea mucho más calmado

Dejas de moverte, relajas el cuerpo, te acompasas a mí. Me gusta tenerte así, vencida, disfrutando de nosotras sin prisas. Me cuesta no acelerar mi tempo, pero aprendo a deleitarme en lo que hago.

Levantas los brazos, estirándote sobre la mesa, pones un pie sobre ella y entro más profundo, suspiras y gimes suave.

El corazón acelerándose, los ojos cerrados, yo embobada contemplándote, curvas la espalda, siento en mis dedos tus espasmos, me incorporo y no me dejas ir, acercas mi cara a la tuya

- me matas – susurras

Me besas suavemente mientras te corres.

Continuará…

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