Archive for junio, 2011


La primera vez que te vi me pareciste poca cosa, tan pequeñita, tan delgada. No eras mi tipo ni de lejos.

     La primera vez que te vi me pareciste una mujer seductora, fría, distante, por encima de las demás, ¡ni siquiera me mirabas! pero yo a ti sí, quizás esa misma indiferencia era lo que me atraía.

Aun no sé qué pasó, qué hiciste o qué hice yo para cambiar mi percepción de tí, que cambió, vaya si lo hizo, de tal manera que me sorprendí soñando contigo, sueños húmedos, tan reales que me despertaba sudando, enredada en las sábanas y tenía que terminar lo que había comenzado mientras dormía.

     No sé cómo, poco a poco, comencé a pensar cada vez más en tí, intentaba buscarte y encontrarte, pasaba por tu trabajo cuando sabía que ibas a estar sólo para verte, para comprobar cómo reaccionaba mi cuerpo e intentar descubrir el por qué de esas reacciones, esperando no sabía exactamente qué.

Estabas constantemente en mi cabeza, cada vez que te veía tenía que controlar mis manos, mi boca, mis ganas de probarte entera, así tan pequeñita, tan delgada.

Pasaste a estar dentro de mi cuerpo de tanto como te imaginaba cada vez que me masturbaba, desnuda, recorriéndote con mi lengua, repasando cada centímetro de tí, acariciándote, aprendiéndote, muriéndome de gusto cada vez, llenando mis espacios con tu imagen, llenándome de ti.

Todo esto, esta imaginación mía, tan real, tan vívida, pasaba su factura. Cuanto más te veía, más se alimentaba mi imaginario de ti.

     La primera respuesta llegó el día que recibí un mensaje tuyo. Cuando vi que eras tú y lo que me proponías, casi me muero de la impresión. Estaba temblando de miedo y de excitación, de miedo por que no sabía si quería quedarme contigo a solas, de excitación por que me descubrí imaginando que nos besábamos y todo mi cuerpo se estremeció con un escalofrío de curiosidad por saber cómo sería eso de estar con una mujer, eso con lo que tantas veces había fantaseado pero que nunca había hecho realidad.

Así estuve más de un mes, despertándome cada noche enredada en ti, comiéndote el cuello, perdiéndome en tu pelo, naufragando entre tus tetas, ya conocidas de tanto imaginarlas, saboreando tus pezones, dibujando en tu espalda con mis manos, buceando entre tus piernas hasta desfallecer…

      Durante más de un mes nos estuvimos viendo prácticamente a diario, cualquier excusa era buena. Cada noche, mi cuerpo tomaba el control e imaginaba que estabas a mi lado en la cama, descontroladas, besándonos, chupándonos, sudando, intentando deshacernos de la opresión con la que nos despedíamos.

Mereció la pena.

     Cuando te llevaba a casa, después de pasar horas juntas, conversando, riendo, disfrutando cada segundo, siempre pensaba “que me bese ya, no puedo hacerlo yo, necesito que me bese, que sea ella quien me coja la cabeza y me bese” y así fue.

El amanecer que te comí la boca, esa que tantas veces había saboreado y que era completamente nueva, cuando me diste tu lengua, cuando mordí tus labios, cuando tuve tu saliva en mi boca…casi me desmayo. Escucharte decir “porqué has tardado tanto” hizo que me derritiera.

     Esa noche, cuando fuiste a salir del coche, por fin me  besaste, por fin estabas cumpliendo mi deseo, deseaba sentir tus labios sobre los míos, sentir el calor de tu boca, tu saliva, tu olor, el tacto de tus manos acariciándome mientras nos besábamos…cuando nos separamos sólo pude decirte “¿porqué has tardado tanto?” , llevaba tanto tiempo esperándolo, esperándote…

Ese fue el principio de mi muerte.

Probar lo que tanto había disfrutado en mi imaginación y confirmar que la realidad era infinitas veces mejor, enroscarme en tu pelo, descubrir poco a poco tus rincones, hacerte temblar sólo acariciándote, llenar mi piel con tu olor, mi boca con tu sabor…morir cada noche por no tenerte.

La experiencia sirve de poco cuando estás empezando, cada cuerpo es un país por descubrir, explorarte era mi anhelo y mi temor, lo que hacía latir a mil mi corazón y lo que paralizaba mis manos.

     Pensaba que un día me despertaría y de puro pavor se me habría olvidado todo, pero no, al contrario, cada mañana me levantaba pensando en lo mismo que había estado pensando antes de dormirme, tú. Tú y tu cuerpo, tú y mi cuerpo, yo y mi cuerpo contigo y tu cuerpo…una avalancha de sensaciones nuevas y emociones desbordadas. Tenía ganas de hacer el amor contigo, tenía ganas de follar contigo, tenía ganas de sentirte dentro, tenía tantas ganas de tí…

Pero todo tiene un límite y en menos de dos semanas, superamos el nuestro.

La primera vez que te tenía en mi cama. Toda para mí. Quería tomarme mi tiempo, hacer realidad lo que había imaginado tantas noches no podía ser cosa de un momento.

     La primera vez que te tenía tan cerca, tan intimas, tan deseantes de nosotras. Creo que llegó un momento en el que dejé de respirar de lo nerviosa que estaba, la música me sentaba tan bien… tu voz, tus susurros en mi oído, tus cuidados constantes…Me acariciabas mientras me besabas, yo me dejaba hacer, estaba en el paraíso y sólo quería disfrutar de ese momento, nuestro primer momento.

Paseé por tu cuerpo, desnudo al fin, aprendiéndote con mis manos, escuchando tu respiración agitándose. Acaricié tu vientre, sintiéndote temblar bajo mis dedos. Te besé el cuello, no podía distinguir entre tus gemidos y los míos. Llené mi boca con tus pezones, sintiendo cómo crecían bajo mi lengua, ávida de ti. Queriendo controlarme, sabiendo que no podría, mis manos iban solas hacia tu sexo, me distraje en tu pubis tanto como pude, te retorcías bajo mi cuerpo, mis dedos entre tus labios, húmedos, palpitantes, casi me corro en ese mismo instante.

     Sentir mis pezones en tu boca, tus manos en mis caderas, mis gemidos…hizo que volvieran a mí todas las imágenes que había estado creando en mi mente sobre este momento pero esto era infinitamente mejor, tenía tu olor, tu tacto, tus besos, tus sonidos…ver como te derretías poquito a poco mientras me tocabas y me lamias todo el cuerpo fue una sensación inolvidable.

Me deleité en tus humedades, mi mano en tu sexo, mi lengua en tus pezones, lamiendo, chupando, enloqueciendo de deseo. Besé tus costillas, tu vientre, acaricié tus muslos poniendo mi cabeza entre tus piernas “espera, espera” dijiste “¿porqué? quiero probarte” contesté y te dejaste hacer.

     Estaba deseando que me comieras entera pero algo en mi interior no me dejaba disfrutar, “esperaespera” dije “¿porqué?” me preguntaste, “quiero probarte” dijiste, esa palabra me excitó tanto… tenía tantas ganas… tenías tantas ganas que ya sólo quería sentirte lamiendo mi sexo.

     No se me va a olvidar jamás la primera vez que sentí el calor de tu boca entre mis piernas, tu lengua suave al principio, más fuerte según mis gemidos aumentaban…quería que me devoraras entera, no me importaba si tu querías o no, solo quería que te quedaras allí siempre, es tan placentero, tan sexy.

     Eso hiciste, volverme loca con tu lengua, con tus manos en mis tetas pellizcándome los pezones, provocando sensaciones nueva y desconocidas, haciéndome disfrutar y disfrutando a la vez  tú de mi cuerpo y de mi placer, mirarte y verte gozar entre mis piernas me puso muy cachonda y quería más, siempre más, mis caderas se movían al son de tu boca y de los lametones que dabas a mi clítoris, te quería dentro.

Volví en mí cuando comenzaste a mover las caderas, pidiendo más. Dejé de comerte para navegar en tu interior, mis dedos dentro de ti, ahora la que me comías eras tú. Entonces la que se moría era yo.

Levanté la cabeza para disfrutar del espectáculo.

Mi mano en tu sexo, tus caderas sin control, gemidos que se entrelazaban en el aire de la habitación. Volví a acariciarte, a besarte el vientre, las costillas, a comerte la boca mientras mis dedos se movían por tus rincones…

     Me leíste el pensamiento, siempre lo haces. Te sentía dentro, me reconocías, mi mente empezó a sentir lo que mi cuerpo llevaba mucho tiempo deseando y eso hizo mella en mí, por un lado mi cuerpo disfrutando, sintiéndote y queriendo más y por otro mi cabeza, mala combinación.

De repente, cogiste mi mano y me apartaste con un gesto brusco, enfadada. Me quedé perpleja

-         ¿Qué pasa? – pregunté     -         que no puedo, que no me corro – tú más enfadada que yo

-         bueno, no pasa nada        -         sí, sí que pasa, que es una mierda

Me tumbé a tu lado, muy frustrada y algo molesta, para ser la primera vez, estaba siendo un poco desastre.

     Una vez superada mi tormenta personal, sólo quería recuperar lo que habíamos tenido minutos antes. Ahora venía lo bueno, estaba a tu lado, quería descubrirte, besarte todo el cuerpo, experimentar con nuevos olores, sabores, tactos…tus olores, tus sabores, tus tactos… Y tú te dejaste hacer.

     Lo primero que hice fue besarte las orejas, para continuar relajándome yo y excitándote a ti, ahora puedo decírtelo: lo que más ganas tenía de hacer era comerte las tetas, metérmelas en la boca, chuparte los pezones, sentirlas en mi cara y tocártelas…me apasionan tus tetas.

Empezaste a besarme, a comerme las orejas. Tu mano se paseó por mi tetas, también tu boca bajó hacia ellas, chupabas, lamías, un pezón en tu boca, otro entre tus dedos.

No podía dejar de mirarte, de alucinar porque fueras tú quien me estaba comiendo las tetas. Sonreía.

Abriste lo ojos y sonreíste al verme mirándote

-         ¿Por qué sonríes?       -         porque me gusta

-         ¿te gusta mirarme?    -         me gusta ver que eres tú

Tu sonrisa se hizo más grande y seguiste a lo tuyo. Cerré los ojos para disfrutar de las sensaciones que recorrían mi cuerpo.

     Ya estaba en el punto de no retorno, ya no había forma de parar lo que tantas veces había deseado hacer, allí estaba yo besando, lamiendo, chupando, mordiendo, acariciando el cuerpo de una mujer increíble que me hacía sentir especial, que me había proporcionado sensaciones increíbles y que ahora estaba disfrutando con mi boca en sus tetas y mis manos deslizándose por su vientre, quería llegar a tu sexo… Era mi siguiente destino…mi destino deseado.

Tu lengua me estaba volviendo loca. El volumen de mis gemidos aumentaba. Sin saber exactamente en qué momento habías dejado de tocar mis pezones, noté tu mano en mi sexo, tuve que controlarme para no correrme en ese instante, no quería perderme lo que vendría después.

     Primero te bese, quería probarte, saborearte pero no me atrevía, mis dedos se mezclaban entre el vello, mi lengua, tus labios… Tu clítoris, comencé a acariciarte, mientras te besaba las piernas, te tenia abierta delante de mi, como un regalo, te miraba a los ojos sin creerme muy bien lo que estaba haciendo ni si era real lo que estaba pasando, sólo pensaba “que no sea un sueño”, y no lo era, estaba allí, seguía acariciándote, veía tu cuerpo y sabía que iba por buen camino. No sabía muy bien que hacer pero me dabas muchas pistas y yo estaba deseosa de recibirlas.

Comenzaste a acariciarme el clítoris, despacio al principio, aumentando el ritmo al compás de mis gemidos, cada vez más rápido, cada vez más fuerte. Abrí los ojos, me estabas mirando, creí que me moría al verte disfrutar, al oírme gemir por lo que me estabas haciendo. Cerré los ojos para concentrarme en el orgasmo que llegaba desde el centro de mi vientre, oleadas de placer que hacían temblar mis piernas, que me quitaban el aire, que me llenaban de ti.

     No me lo podía creer, te ibas a correr, iba a ver como te corrías mientras te acariciaba, en ese momento casi me corro yo también, estaba tan excitada por lo que estaba presenciando… Y así, fue te corriste, aluciné con tu placer, me sentí feliz de compartir ese momento contigo.

Me corrí con un grito/gemido. No paraste. Yo tampoco.

     Tenía miedo, no quería hacerte daño, pero tú me guiaste, eso me hizo sentirme segura, quería seguir dándote placer, ofreciéndote el mismo placer que me estabas provocando tú a mí retorciéndote de esa manera, entregándote a mí sin miramientos, te deseo tanto.

Comenzaste a recorrerme, lentamente, con prudencia, y entraste en mí con un gemido, un gemido tuyo. Me moría de nuevo.

     Y por fin entre en tí, mis dedos notaban tu calor, una presión y tus movimientos de cadera pidiéndome que no parara, eso intenté, no quería perderme nada de lo que estaba pasando. 

Te movías dentro de mí despacio, reconociéndome. Yo me derretía, me retorcía de placer entre tus dedos, mis caderas aumentaron el ritmo, me seguiste sin dudar, mis músculos te aprisionaban, cerca el orgasmo, tú moviéndote en mí, yo corriéndome de nuevo.

     Mis dedos te reconocían poco a poco, mi mano rozaba tus labios, tus ingles, tu clítoris…cada vez más fuerte, cada vez más rápido, tú me lo pedias… Era maravilloso ver como te volvías a correr, sentir como te corrías conmigo dentro…mágico.

Había muerto y estaba en el cielo.  Habíamos muerto y estábamos en el cielo.

Hace unas semanas asistí a una charla impartida por Nicole Prado titulada “No soy tuya/o” que versaba, entre otras cosas, sobre el ya manoseado tema de las infidelidades.

Hasta aquí, todo normal, pero, como casi siempre que se habla libremente, se tocaron otros muchos temas, girando todos ellos alrededor de las relaciones de pareja: diferencia entre infidelidad y deslealtad, hasta qué punto compartirse con la pareja, ¿se puede amar a varias personas al mismo tiempo?, ¿qué te permites y qué permites hacer a tu pareja?, ¿hasta dónde es legítimo pedir?, ¿hasta dónde estás dispuestx a dar?, ¿qué proposiciones admitirías y cuales no?…

Ufff, mucha tela, mucha información que todavía estoy procesando y por eso mismo escribo esta entrada.

Soy monógama, lo confieso. Pueda parecer que, a día de hoy, sea algo limitador, pero en ninguna de mis relaciones he sido infiel. Otra cosa es lo que he permitido o  aceptado que mis parejas hicieran. ¿Realmente soy monógama, o es algo que me he impuesto? Cada vez tengo más claro que es algo que yo solita me he echado encima, que también es algo que siempre he dado por sentado, hasta hace bien poquito.

Mi última pareja dejó caer, así como de pasada, la posibilidad de compartirnos, aclaro el término: ella quería volver con su ex y seguir conmigo. Sólo mentarlo, se me hizo un fuego en el plexo que ni sé. Por supuesto, le dije que ni de coña, mi monogamia por delante. Unos meses después, rompimos y oh sorpresa, ella volvió con su ex. Mi monogamia y yo nos quedamos hechas mierda.

Después de la charla que comentaba al principio, le he dado (y sigo dándole) vueltas al tema. ¿Realmente sería incapaz de compartir a mi pareja? ¿necesito exclusividad, saber que soy la única? y, si es así (que viene siendo que sí, ya os lo digo) ¿por qué?

Durante la tertulia, me di cuenta de algo que expuse abiertamente: incluso si comparto a mi pareja, siempre seré exclusiva porque soy única y absolutamente nadie más que yo va a darle lo que yo le doy, nadie más que nosotras podemos compartirnos, ser, hacer, amarnos como nosotras lo hacemos. Muy obvio, ya.

Partiendo de esta idea que salió de mi boca casi solita, me replanteo la opción que me propuso la que ahora es mi ex. Creo que sí podría compartir, pero tendría que ser con total conocimiento de las partes, es decir, que todas las puntas de esta relación a bandas fuéramos conscientes del hecho de que hay otra persona. Por ser “la otra” sí que no paso. Básicamente porque eso, el hecho de ser la tercera en discordia, me haría sentir deshonesta conmigo misma y minaría mi confianza en la persona que fuera el eje de la relación.

Otra cosa, si tú te compartes, yo soy libre de hacer tres cuartos de lo mismo.  Las cosas claras y el chocolate espeso. Y hablo siempre de relaciones independientes, no de tríos amorosos ni de compartirse a tres, que son cosas diferentes.

En cualquier caso, creo que el papel más complicado, aunque pueda parecer el más cómodo porque es quien recibe todas las atenciones, es el del eje, la persona que se comparte conmigo y con X.

Aquí me surge otra duda: ¿se puede amar a dos personas al mismo tiempo? A mí no me ha pasado, por lo que no puedo decir ni que sí ni que no, pero, otra de las asistentes a la charla dijo sabiamente: “cuando estaba embarazada de mi segundo hijo, estaba convencida de que no podría quererle como al primero y ahora sé que eso no es así. Al fin y al cabo, amas a tu familia, a tus amigxs y compartes el mismo tipo de amor con todos ellxs, ¿por qué entonces parece tan descabellado amar a dos personas a la vez?”

En definitiva, creo que las múltiples posibilidades que aplico al resto de mi existencia también son aplicables a mis relaciones de pareja. Al fin y al cabo, tengo amigxs a lxs que amo en su diversidad, con lxs que disfruto mi tiempo, comparto alegrías y penas, me río, lloro, lxs consuelo, lxs escucho, hablamos…Abrirse a otras opciones es el principio del cambio y, de eso podéis estar segurxs, me estoy abriendo a muchas cosas que ni imaginaba que pudiera hacer, ergo: aprender es de sabixs, no limites tus horizontes porque puede ser que te pierdas algo grandioso.

Una de mis máximas: no puedes decir que no a algo que aún no has probado (aunque siempre hay excepciones en la norma).

Ahí lo dejo, ya me contaréis.

I

Todavía estoy intentando recuperarme del shock. Después de, ¿cuánto? Cinco años por lo menos, recibo un correo en el que me cuentas que vienes a España y que pasarás unos días en Madrid. Cuando leí que querías venir a mi casa…mi cara debió ser un cuadro.

Lo pensé cinco minutos, evaluando si sería un lío, un inconveniente o una locura tener metida en casa durante una semana a una ex-amante con la que las cosas no habían acabado lo que se dice bien, me parecía una idea como poco, arriesgada.

En el fondo eran todo pajas mentales, tenía mucha curiosidad y, lógico en mi, dije que no había problema.

Y aquí estoy. Las 9:00 de la mañana de un lunes, esperando que aparezcas. Joder, me estoy poniendo nerviosa y todo, ¡seré ridícula!

Acabo de caer en la cuenta, ¿nos reconoceremos? Como te hayas cambiado el pelo, estoy jodida. No es el caso. Ahí estas, rubia, ojos verdes, cara de muñeca, tal cual, algo más delgada, creo.

Buscas y encuentras. Sonríes, lo hago yo también, lo cierto es que me alegro de verte.

Superas la fila, llegas hasta donde estoy, sueltas la maleta y me abrazas. Algo hace “click” y mi cabeza se llena con imágenes de otros abrazos en noches mucho más frías que esta mañana de febrero.

Acto seguido 50.000 besos por segundo, esto también lo recuerdo, me río, pides disculpas por tanta efusividad.

- ¿prefieres metro o autobús?

- autobús, así veo la ciudad, que tengo muchas ganas de ver “tu” Madrid, si tienes tiempo, claro

- tengo tanto tiempo como sea necesario, no te preocupes

Llegamos a mi casa en unas frases, te enseño donde está todo, tour completo cinco minutos

- voy a comprar unas cosas, tardo media hora, date una ducha, deshaz la maleta, lo que quieras, como si fuera tu casa, no te cortes

Cuando vuelvo me recibes con un café y, por toda vestimenta, una toalla. ¿Empiezas fuerte o es mi mente calenturienta?

Has cambiado mucho, te lo digo y comienzas a contarme tu vida de estos últimos años, largas charlas que ya vivimos. Te gusta hablarme, que te escuche. Me gusta escuchar, me gusta escucharte.

Se acerca la hora de comer, tú hora de comer, saldremos, hoy hace muy buen día y para tí este tiempo es como primavera, así que voy a darme una ducha.

Dejo la puerta del baño entreabierta, no me gustan las puertas cerradas, oigo que pones música, Everythig, sonrío. Disfruto del agua, la música, me he levantado tremendamente pronto para mi costumbre, necesito despejarme un poco. Se abre la cortina

- ¿puedo?

Dudo una décima de segundo, has cambiado y no sólo en el físico

- si es lo que quieres

- si no fuera lo que quiero, no lo estaría haciendo

Buena respuesta.

Sueltas la toalla que te envuelve, verte desnuda me deja unos instantes sin aliento

- estás increíble, ¿qué has hecho?

- shhh – me besas – luego te lo cuento, ahora calla

Tampoco es que tu boca me esté dando muchas opciones, así que, me callo.

Recorres mi cuerpo con un tacto diferente, eres tú y eres otra, segura, precisa, no te andas por las ramas y tienes muy buena memoria.

Me apoyas contra la pared, modo vampiro directa a mi cuello.

Mordisqueas, besas, muerdes hasta hacerme daño, me tienes agradablemente sorprendida. Me acaricias las tetas

- has adelgazado

- shhh, si yo no puedo hablar, tú tampoco – digo

Sonríes y vuelves a mi cuerpo, a mis tetas. Te llenas la boca, las manos con mis pezones, me llevas al borde del dolor, lames, succionas, muerdes lo justo para dejarme agonizando entre dolor y placer. Me alucina y me encanta lo que me haces.

Me coges del culo, te aprietas contra mis caderas, movimientos certeros que me están poniendo a mil. Me coges las muñecas y las levantas sobre mi cabeza, pegadas a la pared. Inmovilizada con tu cuerpo, me dejo hacer.

-  no bajes los brazos – dices mientras me sueltas para agacharte delante de mi.

Me separas las piernas, acariciándome, con delicadeza. Besos en los muslos, las ingles, el pubis, das demasiadas vueltas

- cómetelo

Me miras, sonríes y haces lo que te pido.

¡Dios, esa lengua tuya puede matar! Nunca he sabido cómo puedes moverla a tanta velocidad, es como si batieras mi clítoris con una pluma, tardo treinta segundos en correrme, parece que me ignores, sigues a lo tuyo. Lames, chupas, dedos en juego, acariciando, presionando, entrando en mí como en la mantequilla, despacio, profundo, me estás volviendo loca y no tienes intención de darme respiro.

Movimientos lentos que se aceleran, entre tu boca y tu mano me corro de nuevo, pero no paras. Te levantas sin salir de mí. Me atraes hacia tí, mis manos en tu nuca. Sigues moviéndote en mi interior, cada vez más fuerte, más rápido. Te abrazo con las piernas, aguantas todo mi peso, me aplastas contra los azulejos, con una mano me sujetas por el culo, con la otra sigues follándome, he perdido la cuenta de cuantas veces me he corrido ya, pero la que está viniendo va a ser la apoteósis. Cierro las piernas en torno a tu cintura, la tensión aumenta los espasmos, ¡dios! círculos expandiéndose desde mi vagina, llenando todos mis espacios cortando mi respiración, no puedo moverme, atrapada entre tu cuerpo y la pared, tus embestidas no se detienen, mis orgasmos tampoco, pero mi cuerpo tiene un límite

- no puedo más – susurro entre jadeos

No sé si me oyes en la vorágine en la que nos has metido. Tus movimientos se ralentizan, tu boca abandona mi cuello, me besas suave, sonríes

- perdona, me he vuelto un poco loca

Sales de mi, me bajas al suelo sin acabar de soltarme. Meto la cabeza bajo el chorro de la ducha, suspiro, recuperando poco a poco el control de mi cuerpo, aunque me siguen temblando las piernas, no me preocupa, me tienes abrazada por si las moscas, no dejas de acariciarme

- te he echado de menos – sonríes

Comienzo aclarando un punto que dará todo el sentido al título de esta entrada: soy mujer, soy lesbiana y es desde este ser que planteo esta pregunta. Explicado esto, entro al tema: ¿cómo se lo digo a mis padres?

Muchas chicas, la mayoría jóvenes o muy jóvenes (entre 13 y 20 años, aunque hay de todo) se plantean cuál es la mejor manera, el momento perfecto (si es que existe alguno) para decirle a sus padres que son lesbianas, que nunca tendrán un yerno, que la foto de la su boda será algo diferente.

Hace dos meses, desde FELGTB publicaban una pequeña guía en la que se da respuesta a todas estas dudas (http://www.felgtb.org/es/noticias-felgtb/guia-de-orientacion-para-jovenes-lgtb-como-decirselo-a-tu-familia). Es una guía hecha por homosexuales (mujeres y hombres) que han experimentado en sus propias carnes las distintas reacciones que tal noticia ha provocado en sus familias. Independientemente de que esta guía me parece una gran idea y que puede ser de gran utilidad, mi experiencia se sale de esta línea.

En realidad, nunca le he dicho específicamente a nadie que soy lesbiana, excepto en los casos en los que me lo han preguntado directamente. Con “específicamente” me refiero a ese momento tan cinematográfico de confesión, rollo “queridxs todox, aprovecho la oportunidad para deciros que soy lesbiana”, también es cierto que mi comportamiento, desde que tengo recuerdo, no dejó lugar a dudas.

Mi sexualidad ha sido siempre diáfana. Mi tierna infancia estuvo marcada por el fútbol, el baloncesto, las peleas y todas esas cosas tan poco habituales en las niñas (ojo que no estoy diciendo que todas las lesbianas se ajusten a este estereotipo, que sé que lo es, pero no voy a mentir, en mi caso, lesbiana de manual), la típica marimacho que quería el pelo corto, pantalones (doy gracias por haber tenido un hermano mayor del que heredé toooda la ropa hasta los 8 años) y a quien confundían muchas veces con un chico.

Más claro, agua. Cuando fui consciente de que una de las causas de no encajar en ningún sitio, con ningún grupo, era que no entendía ni compartía el momento tonteo en las pandillas, en el insti, cuando lxs prepúberes (ellas y ellos) comenzaban el rito de cortejo, de hacerse el machote o la ñoña,  porque a mí me gustaban la chicas y no precisamente esas moñas que se pavoneaban sacando pecho, marcando culo, puse punto y final al intento de encontrar mi lugar en ese mundo. Mis intereses no iban por ahí, no solamente por el hecho de que fuera lesbiana, inquietudes intelectuales, espirituales, vitales comenzaban a rondarme.

Pero bueno, me voy del tema. A lo que voy, a lo que quiero ir, es que no creo que sea necesario (imprescindible desde luego no)  plantarse ante la familia y hacer una declaración de principios. En mi caso no lo fue porque desde muy joven he vivido mi sexualidad como una característica más de mí misma, tan innata como el pelo castaño o los ojos grises.

Comprendo perfectamente que exista la necesidad de explicarse, creo que realmente lo que hacemos cuando damos explicaciones son básicamente dos cosas: intentar justificarnos si sentimos que hemos hecho algo mal, o pedir la aprobación de las personas ante las que nos explicamos, buscamos el reconocimiento del otrx ante aquello que estamos expresando. Para la gente que necesite justificarse o que le reconozcan, perfecto. Pero, al igual que lxs heteros (y aquí entro en uno de los debates más manidos del homo/hetero) no tienen que justificar que lo son, no entiendo ni comparto que lxs gays tengamos que hacerlo.

Que sí, que ya sé que no “tenemos” pero bien es cierto que muchxs lo hacen y, hasta que no lo han hecho no se quedan tranquilxs. Ahí es donde siempre me rechina el tema.

En definitiva, después de esta charla, ¿explicando tu orientación sexual qué es exactamente lo que estás haciendo? ¿es imprescindible hacerlo, por ti, por ellxs, es para que dejen de buscarte novixs del sexo equivocado, es una justificación de tus actos, es la necesidad de que te acepten como eres, es para que te dejen de dar la plasta?

Estas son mis preguntas.

Espero tus respuestas. Si quieres.

Tweet

Slex

¿No te animas?

Slex es un espacio creado para compartir   ideas, dudas, pensamientos, miedos, alegrías, historias, comentarios, imágenes, y casi cualquier cosa que se nos ocurra.

El nombre Slex se refiere a sexo y sexualidad de lesbianas. Esto no significa que sea un guettoblog, nada más alejado de mi intención, pero sí quiere decir que yo expresaré, preguntaré y crearé desde la mujer y la lesbiana que soy.

Surge de la necesidad de un lugar pensado por y para mujeres en general, lesbianas en particular (aunque todxs sois bienvenidxs) desde el que se hable de nuestra sexualidad sin tabúes ni estereotipos o referentes netamente heterosexuales. Si en este instante no queda claro el espíritu con el que abro este blog, lo iréis viendo en cada entrada, relato o comentario que se vaya creando.

Si queréis colaborar con un texto, relato, imagen, etc, contactad conmigo a través de slexbe@gmail.com, Slex en facebook (http://www.facebook.com/Slexb) o en el mismo blog.

Animaros a participar, que entre todxs será ¡mucho más divertido!

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 350 seguidores