Categoría: Relatos Eróticos


Contra la pared

El corazón me late fuerte.

Lo noto en las costillas, en la garganta, en las sienes. Se desboca con cada respiración. Llevo todo el día esperando, esperándote. Sabiendo que llegas pero no cuándo. Tortura.

Suena el móvil, eres tú, lo cojo, se corta. Te odio. Te llamo y no respondes. Apagado, ha debido morir. Ahora sí que me estás torturando. No sé dónde andas y no hay forma de comunicar contigo.

Llegado este punto, solo tengo dos opciones: esperar a que recuperes el teléfono o ir a casa por si lo que querías decirme era que llegabas. Que llegas. Que ya has llegado.

Solo con pensarlo mis palpitaciones me rompen el pecho.

Tres meses hace que no te toco, que no me comes, que no te pruebo. Siento la piel en llamas, ansiosa de tu tacto. Arden también mis labios sedientos de tus besos. Mis dedos echan chispas anhelando tu sexo.

Camino acelerada, casi febril. Mi cuerpo te reclama como a una droga. Es la consecuencia directa del sexo contigo, que enervas mis sentidos hasta el extremo, saturas mi sistema nervioso que revienta sobrexpuesto a tus deseos, a tus demandas, a lo que me llevas a hacer, a lo que haces conmigo.

Sexo al límite, salvaje, inesperado, desconocido…cada vez que nos vemos me sorprendes con algo diferente, una música, un perfume, un juguete, un antojo, un deseo, un disfraz, un disparate…todo vale, todo nos vale cuando coincidimos, cuando no solo nuestras presencias si no también nuestros cuerpos se encuentran en el mismo tiempo y lugar.

Y eso sucede hoy. Cuarenta y ocho horas es lo que tenemos hasta que vuelvas a desaparecer.

Y te quedas sin batería.

Llego a casa. Te busco en el portal por si estás esperando, en el café de la esquina. Nada. Como no me tranquilice me va a dar algo. Subo.

Intento distraerme pero no hay forma. El tictac del reloj me clava cada segundo. Pendiente del ascensor que sube, que baja, que se para…

Una llave en la cerradura. Ya estás aquí. Ya eres mía.

-         sé que no tengo perdón, pero…

-         shhhh – mi mano en tu boca

-         …no he podido…

-         shhhh – mi boca en tu boca

Mi lengua enlazándose con la tuya. No quiero explicaciones, solo te quiero a ti.

Empujo tu cuerpo contra la puerta, cerrándola. La maleta al suelo, la ropa tarda diez segundos en hacerle compañía, manos reconociendo piel, bocas degustando sabores, ansias aplacándose…

Tu abrazo me cruje las costillas cuando me levantas. Cruzo las piernas por tu espalda, dedos en mi sexo, lengua en mis pezones, tiro de tu pelo mientras me corro, te quejas, que te jodan.

Me bajas despacio, jadeantes las dos. Y doloridas. Apoyadas contra la pared. Nos miramos y nos reímos.

-         hola – me dices

-         de hola nada, eres una perra

-         es cierto, pero…

-         no quiero saber nada, te has portado fatal y quiero una reparación

-         otra?!

-         esto ha sido solo un aperitivo

-         ya. Y qué propones?

-         reconoces tu culpa?

-         sí, claro, pero…

-         nononononono, los peros no me sirven

Te cojo de la mano y te llevo hasta mi habitación. Todo está a oscuras.

-         no enciendas la luz – te digo

-         vale

Sé dónde está todo, la falta de luz no es un problema. Cojo una de las cintas de raso y te vendo los ojos. No rechistas ni te mueves, sabes lo que me gusta jugar…

Busco las cerillas y voy encendiendo cada vela, cada candil.

Te acaricio suave cuando paso a tu lado.

Te estremeces con cada roce.

Estoy tan excitada que me replanteo si echarte sobre la cama y follarte a muerte…calma, todo a su tiempo. Respiro y sigo.

Me pongo el arnés, coloco el dildo, vuelvo a cogerte de la mano, te acerco hasta la cama.

Del cabecero cuelgas otras dos cintas…quizás luego.

De pie, junto a la cama, comienzo besarte, lento, saboreando tu boca, tenía tantas ganas de besarte…

Me devuelves los besos con suavidad, paseando tu lengua…te acercas a mi, notas el dildo, sonríes

-         quiero que me folles – susurras en mi oído, la voz ronca de deseo

-         tranquila, no tengas prisa

Sonríes de nuevo y te giras, dándome tu espalda. Mis manos en tus tetas, mi boca en tu cuello, tus dedos se pierden por mi pelo, beso, muerdo, recorriendo tu piel con mi lengua

-         fóllame – gimes – fóllame ya

-         arrodíllate

Te pones de rodilla sobre la cama, ofreciéndome tu sexo, abriéndote para mí.

Me agacho, lamo, beso, chupo meto mi lengua en ti, empapándome. Tus gemidos estallan en mis oídos, dos dedos dentro de tu sexo, tus caderas se mueven

-         con calma, no hay prisa

Ríes quedo. Suspiras. Paras.

Me incorporo sin salir de tu cuerpo, manejándote lento. Te adaptas a mi ritmo, me sigues, sin prisa…

Estás tan excitada que dos dedos son poco. Me acerco, te penetro con el dildo que se desliza suavemente, gimes y pegas tu culo a mi cuerpo.

Mis manos te sujetan, clavándote a mis caderas que se mueven solas, follándote despacio, profundo, sin separarnos.

No te mueves, solo gimes respondiendo a cada golpe sobre tu sexo.

Acelero un poco el ritmo, escondes la cabeza entre las sábanas, arqueas la espalda…

Un poco más fuerte, más dentro, ahora eres tú la que se acelera, tus caderas se agitan, dejas de respirar un instante…te corres con un gemido largo, profundo, dices mi nombre…

Te beso la espalda, empapada en sudor, te abrazo.

Me enamoro un poco más…

Solo palabras

Una llamada el día antes es suficiente. Te alegras de oírme, yo de llamarte. “No hay problema, allí estaré”, eres un encanto.

La última vez que nos vimos no hubo nada físico entre nosotras, yo tenía algo entre manos y lo aceptaste sin preguntar. Ahora la situación es otra, soy libre para hacer y deshacer, y quiero deshacerte entera, de los pies a la cabeza, y que me deshagas tú a mí. Veremos.

Mi vuelo llega puntual, como tú, esperando en la salida, con una azucena en la mano. “Que cursi – pienso – pero que mona!” Sonrío al verte, devuelves la sonrisa. Un abrazo que se me hace infinito, necesito de esos abrazos, hace mucho que no me los dan tan intensos, tan desinteresados. Me encanta este comienzo.

Conduces hacia el centro mientras me cuentas tus experiencias con lo que aprendiste conmigo, me hace sentir muy bien que lo que hago le sirva a la gente y así te lo digo. Me miras seria y me das una charla sobre mi trabajo y sus repercusiones que me hacen avergonzarme de mis dudas. Te ríes al ver mi cara. Me gusta verte reír, te iluminas de una manera increíble.

Llegamos a destino, saludas y te vas. No quedamos en nada, no sé qué planes me tienen preparados.

Tarde de ponerse al día con esta peculiar “familia”, nada más llegar, conversación trascendental de las que te dan la vuelta con gente que sabes que te quiere y que te lo demuestra abiertamente. Parece que el fin de semana va a ser de aprendizaje para todxs, no solo para mis alumnxs. Cuando cerramos, estás esperando. Sonrío de nuevo al verte, mis expectativas son cero, pero así da gusto.

Me llevas a cenar. Cogemos el coche, no tengo ni idea de a dónde vamos pero confío en tí plenamente, y eso que nos hemos visto cuatro veces, pero eres de esas personas que conoces sin conocerlas, me relajo absolutamente a tu lado. Es una sensación extraña para mí, pero me dejo llevar.

Noche increíble, restaurante colgado sobre el mar, conversación fluida, siento como si estuviera dentro de una burbuja de tranquilidad en la que no hace falta nada, nadie, no hay silencios incómodos y hay silencios. Y miradas. Miradas de antiguo, de esas que son zambullirte en los ojos de alguien y flotar, ingrávida, sin preocupaciones, en paz.

No sé a qué hora me dejas en casa, noche cerrada y llueve pausadamente, sin ruido. Salimos del coche, me acompañas porque si no me pierdo. Nos despedimos en el portal. Te inclinas para besarme, me dejo hacer, me sorprende tu beso, suave, ligero, solo me acaricias con tus labios. Me gusta que los besos me sorprendan.

- mañana nos vemos si quieres
- claro, ya sabes mis horarios y donde encontrarme, pasa cuando tengas hueco
- hasta mañana entonces
- ciao

Ahora soy yo la que te besa, también suave, delicado, como ha sido toda la noche, no tengo prisa.

Duermo como los ángeles, día de batalla con la gente del curso, pero interesante y entretenido, como siempre. Terminamos fuera de hora, nada nuevo. Despido hasta mañana y ya oigo tu risa en el piso de abajo. Me alegro, me apetece mucho verte.

Ahí estás. Sonriente, luminosa, desprendiendo luz por cada poro de tu piel, me miras y algo se remueve en mi interior, algo cálido que responde a tu luz. Presiento que va a ser una gran noche. Salimos

- he pensado que podríamos cenar en mi casa…
Dices como preguntando
- me parece perfecto
- uff, menos mal, porque llevo toda la tarde cocinando
Nos reímos.

Vamos al coche, salimos del centro
- no te preocupes, no te estoy raptando, Pepa sabe donde vivo
- no me preocupo, confío en ti
Me miras, incrédula
- confías en mí? Apenas nos conocemos
- no Carol, nos conocemos hace mucho y lo sabes tan bien como yo – digo sonriendo
Me miras, devuelves la sonrisa y sigues conduciendo.

Llegamos a una especie de urbanización con chalés algo desperdigados, te diriges hacia uno chiquito, una planta, árboles, un pozo, qué envidia.
Aparcas. Entramos en la casa, una agradable calidez nos recibe, y un perrazo grande como el sabueso de los Baskerville que se me sube antes de que me quite el abrigo
- Venus, que haces, baja de ahí ahora mismo! Disculpa, esto no lo hace nunca
- no te preocupes – digo riendo y abrazando a la perra – los perros y yo somos grandes amigos, verdad Venus?
A lo que la perra contesta con un ladrido que hace que me retumben los tímpanos. La carcajada es general.
- voy a calentar la cena, siéntete como en tu casa
- vale, daré una vuelta, con tu permiso
Solo me miras, lo pillo.

La casa es pequeña pero tiene un buen rollo que me envuelve, un salón enorme con chimenea (cada vez te odio un poquito más) un sofá y un sillón, aparte mesa y sillas, tres puertas abiertas: baño, despacho con sofá, ordenador y dos paredes tapizadas de libros que no me entretengo en mirar y el dormitorio.
- la cena esta en breves, me ayudas a poner la mesa?
- claro
Cenamos, charlamos, reímos, el tiempo se escurre grano a grano, estoy tan a gusto…

Venus se ha apoderado del sofá, cojines y a la alfombra, a embobarnos con el fuego, mi perdición. Pones música, tan apacible como todo por aquí.

Seguimos hablando, hasta que la lumbre comienza a apagarse y te levantas para echar más leña. Me siento tan relajada que, si me dices que han pasado dos semanas me lo creo.

Vuelves a mi lado, frente a mi más bien y te quedas mirándome. Fijamente. Hay algo en tus ojos que no consigo pillar. A primera vista sonríen, pero hay un poso de, no sé, ¿melancolía? Como de algo anciano, profundo, dormido. Algo que me intriga en cualquier caso. Pasan lo segundos, minutos, tiempo indefinido. Hasta que te acercas y me besas. Igual de suave y ligero que anoche, solo rozándome. Algo dentro de mí se enciende. Leve, igual que tu beso.

Mis manos bordeando tu rostro, devuelvo el beso, acaricio con mi lengua el contorno de tus labios que entreabres para besarme más profundo, recorriendo mi boca.
Los cuerpos se juntan, las manos se hablan en un baile sin palabras, comienzas a desnudarme mientras susurras
- llevaba mucho tiempo esperando esto
- lo sé
Me sale tan natural que me sorprendo.

No es prepotencia. Siento que es así. No hay nada extraño en este encuentro con una mujer casi desconocida, es una sensación familiar, de reconocimiento.
Tal cual. Conoces mi cuerpo, mis recovecos, el dónde y el cómo, tengo la sensación de que no es la primera vez que hacemos esto. Es muy extraño. Y placentero.
Me besas como más me gusta, me desnudas despacio, acariciando mi piel con la punta de los dedos, electrificando cada centímetro que tocas. Creo que nunca antes me he sentido tan vencida, tan “haz lo que quieras conmigo” de una forma tan dulce.

Tengo los ojos cerrados, completamente desnudas ya, tendidas delante de la chimenea, sintiendo como me recorres, como me reconoces. Piel con piel. Boca con boca. Manos con manos. No tengo conciencia de donde termina tu cuerpo y empieza el mío. Solo siento. Cómo me deshaces. Cómo me derrites con tu aliento. Tu lengua recorriendo mi vientre, mis muslos, entrando en mí suavemente, haciéndome gemir quedo, leve, casi en un suspiro.

No sé dónde estás ni me importa. Hace rato que mi mente ha desaparecido, soy una amalgama de sensaciones, un mar de terminaciones nerviosas sobresaturadas que me inundan, te siento dentro de mí, alrededor mío, te respiro y te exhalo, somos una que se ha vuelto a encontrar.

Los orgasmos van y vienen desde lugares inusitados, mi cuello, mis orejas, mi clítoris, mi piel entera se diluye entre tus dedos. Me falta el aire y te retiras lo justo para que me recupere pero sin dejarme ir.

Me giras. Caminas mi espalda, mis glúteos, mis piernas. Todo mi ser rendido, recibiendo este regalo inesperado que estás siendo. Me dejo llevar, sintiéndote con cada célula de mi cuerpo que, poco a poco, se abre, se expande con cada orgasmo, con cada oleada de placer que me recorre entera.

Ahora soy la que se da la vuelta, quiero ver esos ojos y descubrir lo que hay en ellos. Sigues en mi interior, manejándome con dedos sabios. Cuando nos miramos algo pasa. El placer que estoy experimentando se multiplica, me invade, aumenta y aumenta, desde mi centro, corriendo por cada fibra de mi cuerpo, siento que voy a explotar.

Mi mano se pierde entre tus piernas, entro en ti mientras me corro, no sé cómo porque no tengo conciencia de lo que hago, te estremeces entre mis dedos. Entonces algo estalla y crece y nos sobrepasa, pierdo la noción de toda sensación física, mi cuerpo y el tuyo han desaparecido, somos energía en movimiento, retroalimentándonos, compartiéndonos, nos hemos fusionado, más allá del cuerpo, rompiendo fronteras, entretejiendo nuestros seres en una danza que parece no tener fin, más allá del placer,  porque esto es otra cosa, conocida y olvidada tiempo atrás, sepultada bajo capas de civilización.

Permanecemos en este “trance” un tiempo indefinido, dejándonos arrastrar por este huracán de sensaciones. Hasta que poco a poco se calma. La conciencia de los cuerpos retorna. Abrimos los ojos y nos miramos. No hace falta decir nada. Nos abrazamos y dormimos, allí mismo, sobre la alfombra, delante de la chimenea.

————————————————————————————————————————————————————————————————

Solo una vez, hace un par de meses había sentido algo parecido, también con una gran mujer reencontrada. Ahora sé que fue el preludio para esto, para este momento de éxtasis puro, de intercambio, de morir y renacer en el mismo instante, al mismo tiempo. Y sé que así debería ser siempre y así será cuando nos reencontremos sin prejuicios, sin expectativas. Siendo nosotras mismas. Reconociéndonos sin miedo. Pero de esto ya hablaremos.

Siento la necesidad de escribir este aclaratorio porque no es un relato al uso. Es mucho más. Quien tenga oídos que oiga. Quien tenga ojos que vea.

Me pediste que lo publicara.
Hecho está, pero son solo palabras.

Berlín

Principios de verano en Berlín, en el Bread and Buttler, una de las ferias de moda más importantes de Europa. Tres jornadas de trabajo y dos para disfrutar la ciudad si es que el cuerpo aguanta la tralla.

Los dos primeros días han sido puro aburrimiento, sonrisas, paseíllo, estrechar manos y besar mejillas, comerle la oreja a los clientes en tantos idiomas que ya no sé cuál es el mío. He hablado tanto de y sobre ropa que iría desnuda sólo para olvidarme de ella.

Pero hoy ha sido diferente. Una mariposa ha despertado mi interés. Dibujada en un hombro al aire, negro y amarillo sobre blanca piel. Posada en una enredadera. Muy sugerente. Inevitablemente la he seguido y he descubierto lo que había más allá del hombro: pelo largo moreno, más tatus igual de finos que la mariposa, manos grandes, metal sobre metal clavado en carne, gorra de baseball, una boca generosa en sonrisas cubriendo colmillos de vampira, uff. He estado mirándola casi toda la tarde, su stand está justo en la diagonal del mío, no entiendo cómo no la vi antes.

Pasan las horas, queda poco para que clausuremos y luego cena multidisciplinar ofrecida por la organización a lxs directivos con fiesta nocturna en la ciudad de la música electrónica, habrá que estar a la altura. Sería un punto que la mariposa apareciera. La cena ganaría mucho, la fiesta de después, ni te cuento.

Vuelta al hotel, ducha ultra rápida, emperifollarme para la cena, lo justo para no dar el cante en la discoteca. Mejor me pongo capas y luego me las quito. Así, vaqueros pitillo, las sandalias de tacón, la camisa roja cruzada que deja entrever todo pero no enseña nada, el corpiño de piel al bolso junto con las sandalias de trote, no quiero regresar sin pies. Ojos negros, labios rojos, un recogido poco elaborado con palillos incorporados. Perfecto.

El mega restaurante es una pasada, sobre el río, tiene una pista que supongo de baile para después de la cena, espero que la previsión no sea continuar aquí luego, sería la risa. Mogollón de gente en la cena, tipo buffet, mejor, así me pierdo y voy a mi bola. Por desgracia, no distingo a la mariposa por ningún lado. De aquí al hotel de cabeza.

Pero oh maravilla, sí que ha venido! Imposible reconocerla: mono tipo segunda piel de no sé qué tejido pero que parece la piel de Mística más que un traje, azul noche haciendo aguas, sandalias con dos deditos que me enseñan más tatus…Joder, solo por ver esos tatus merecerá la pena.

Parece que tampoco se encuentra en su salsa, no habla con nadie ni hay nadie cerca. Habrá que hacer una aproximación. Pregunto a un camarero si sabe lo que bebe, bingo, gin, compruebo que no tiene vaso, que sean dos. Allá voy

- gin tonic de Bombay si el camarero no se ha equivocado – digo con la mejor de mis sonrisas al tiempo que le alargo la copa.

Duda un instante, me mira sin disimulo de arriba a abajo

- sí, gracias, justo iba a ir a por una

Parece que he pasado el primer corte

- me encanta lo que llevas, aún no tengo claro qué tejido es y eso que mi negocio es la ropa

A partir de aquí casi dos horas de conversación inteligente sobre trabajo, cosa increíble, no me saturo.

Comienza el desfile hacia la terraza-pista, cierran la barra y la fiesta se traslada inevitablemente fuera. Lo último que quiero es quedarme aquí con ella

- te parece si vamos a otro lugar con mejor ambiente?

- cualquier sitio será mejor que este, créeme

- dame un segundo y nos vamos

Wasupp a Katrin para que me mande la dirección del SchwuZ, taxi y para allá que vamos.

En el trayecto hablamos de música, las risas se funden en el interior del coche, esto promete.

Llegamos. Una cola que asusta, no problem, Katrin de nuevo para que nos cuele. Buff. Musicote a todo volumen, toca dejar que las bocas se callen y hablar con otras partes del cuerpo, interesante seguro. Veremos.

- vuelvo en un segundo, no te pierdas

- me quedaré quieta por si acaso, esto es enorme!

Voy al baño a cambiarme, fuera camisa y sandalias imposibles, corpiño, pelo suelto y pies liberados. Retoco el rojo. Me gusta lo que veo.

Subo, la busco y ahí está, exactamente en el mismo lugar, me repasa de arriba a abajo otra vez y sonríe, quiero esos dientes rompiéndome la piel…

- vaya cambio

- es que paso de destrozarme los pies, pedimos algo y vamos a la pista?

- ya, de lo demás no hablamos, no?

Bailamos, da gusto ver como se mueve, mi imaginación ya va sola no sé dónde. Música, gente, calor, su mano en mi cuello, la mía en sus caderas, cada vez hay menos espacio entre nosotras, necesito tomar aire o no voy a controlarme mucho más

- voy al baño, vuelvo enseguida

- aquí estaré

Los baños de este garito son tan impresionantes como el resto del local, enormes, escrupulosamente limpios, espejos por todas partes, puertas de cristal, y no hay mucha gente. Entro en el primero que queda libre, justo cierro la puerta y la empujan, es ella que pasa y cierra tras de sí, me quedo quieta

- me cansé de esperar

dice mientras me coge la cara

- me parece bien

consigo susurrar antes de que me coma la boca.

Me besa largo, profundo, su lengua enredándose en la mía, sus dientes mordiéndome los labios, respondo clavándole las uñas en la espalda, me muerde más fuerte hasta que distingo el metal de la sangre en la boca. No para, sus manos entran en acción, agarrándome el culo con la misma fuerza con que su boca me besa. Me pega a la pared, me muerde el cuello, los hombros…me dejo hacer, esto es justo lo que quería, su cabeza en mi cuello sus dientes en mi piel…duele.

Le sujeto la cabeza, apartándola un instante

- me está encantando esto que haces, pero quizás deberíamos ir a otro sitio

- quizás – sonríe

Pero sus manos bajan por mi culo, hacia mi entrepierna, su boca de nuevo en mi cuello, lamiendo, mordiendo, matándome de placer. Acaricia mi sexo por encima del pantalón, voy a explotar sin que me toque siquiera, movimientos firmes, fuertes. Para. La mato. Falsa alarma, desabrocha los pantalones, mete una mano, esquiva con soltura las braguitas, solo me roza, gimo.

Estoy tan excitada que solo con que siga comiéndome el cuello me voy a correr. Pero justo su boca comienza a descender, besos suaves que recorren mi piel erizándome entera.

Despacio, comienza a quitarme los pantalones, su boca paseándome, llegando a mi pubis, rozando apenas el borde de las braguitas. Las baja con delicadeza. Me lame. Me deshago. Lengua hábil moviéndose con sutileza, abriéndose paso entre mis pliegues, descubriendo mi clítoris. Círculos
alrededor, mordiscos delicados que me hacen estremecer.

Me explora sin prisa, buscando mi respuesta. Y la encuentra, vaya que sí. Aumenta la velocidad, lame, muerde, succiona, me coge las caderas que se mueven con vida propia, me acompaña, me folla con su boca, me mata de placer. Siento mi vientre explotando en olas, convulsiones que no quiero controlar. Sus manos firmes me sujetan, apretándose contra mi mientras me sigue comiendo. Hasta que me corro y mi cuerpo se dobla en dos, sacudiéndose como si fuera a partirse.

Se aparta. Me besa en los muslos. Sigue sosteniéndome, las piernas me flaquean. Se pone de pie, a mi lado y me da un beso leve en los labios

- espero que no te importe que no te haya hecho caso

sonrío, le devuelvo el beso

- no me importa, en absoluto

digo besándola de nuevo

- y ahora, si me disculpas, yo venía a hacer pis

se ríe, abre la puerta y sale, riéndose aún

Salgo del baño, la veo apoyada contra la pared, le tiendo la mano y volvemos a la pista.

Continuará…

Quiero

Quiero follarte. Tengo tan claro el cómo que me pongo súper cachonda solo imaginándolo. De rodillas sobre tu cama, dándome la espalda. Las manos atadas a las barras del cabecero.
Desnudas las dos. Yo con el arnés y el dildo puestos. Tu con los ojos vendados.
Jugueteo con tu cuerpo, tu espalda, tu piel. Sabes lo que va a pasar pero no sabes cuando.
Te bebo, te como, te muerdo. Te retuerces. Gimes. Me ofreces tu sexo empapado. Me pides que te folle. Te ignoro.
Voy a hacer que me desees hasta que te duela.
Cuando te penetro, me deslizo, así de excitada estás. Casi te corres solo con eso. Casi lo hago yo también.
Entro en ti profundamente, deleitándome con tu reacción. Te estiras, te adaptas, te abres para recibirme y acoplarte.
Te sujeto por las caderas y me muevo. Me sigues. O te sigo, mismo da. Intento follarte despacio pero es imposible. Siento tu carne golpeando mis caderas, quizás es al revés. Gimes, gimo. El resto ya lo sabes.

Publicado con WordPress para BlackBerry.

Segundo – parte III

Permanecemos abrazadas no sé si diez minutos o diez años, la sed nos hace separarnos

- agua – dices

- sí, yo también necesito un poco

Me levanto, te traigo conmigo, te desato las manos, acerco el agua, parece que no hayamos bebido en días.

Nos miramos por encima de los vasos, tus ojos chispean, miedo me das.

Te levantas de la mesa, te acercas, me besas recostando tu cuerpo sobre el mío, me quitas el vaso de la mano, enganchas una trabilla del pantalón, acercas tu cara a la mía y susurras

- ¿ahora es mi turno, no?

Sonríes, pícara, no me das tiempo a contestar, sales del despacho arrastrándome tras de ti, entras en el dormitorio, me dejas delante de la cama

- espera un segundo, quieta aquí

Paseas por la habitación vestida sólo con las medias y los tacones, taaan sexy, te observo, divertida, mientras bajas la persiana, corres las cortinas… Espero. Terminas, te giras hacia mí

- perfecto, así está bien,  ahora necesito que cierres los ojos

Lo hago, las manos en los bolsillos, tranquila. Te oigo trastear pero no distingo exactamente en qué andas, abres cajones y puertas, creo que quieres despistarme para que no pueda anticipar lo que me espera, sea lo que sea.

Tu taconeo se acerca. Manos en mi cara, labios en los míos, lengua acariciante, siento cómo me vendas los ojos

- ¿confías en mí? – susurras – ahá -respondo

Aprietas la venda, no veo nada pero no me molesta. Sigues besándome suave y profundamente, me gusta tanto cuando hacemos las cosas despacio…comienzas a desabrocharme el chaleco, botón a botón, con parsimonia, sigues con la camisa, tardas un segundo en darte cuenta de los corchetes, te ríes y trrrrras, de un tirón la abres.

Cuerpo al aire, boca al cuello, manos a las tetas, te apartas un instante

- ¿qué pasa? – pregunto

- nada, nada, bonito sujetador – dices mientras me acaricias sobre él

Es verdad, sonrío porque me llevó toda una tarde elegirlo, burdeos, de encaje no muy tupido, dejando entrever la piel, abrochado por delante…éxito asegurado.

A todo esto, ya me lo has abierto, pellizcas mis pezones con suavidad, paseas tu lengua por ellos, chupas, lames, te vas emocionando, succionas, tiras, me encanta lo que me haces, muerdes, presionas, me llevas al límite, un poco más y me dolería.

Gimo cada vez más, las manos en tu espalda, en tu pelo, las tuyas me han quitado la ropa y van a por el resto, fuera cinturón, abajo pantalones, un Uffff se escapa de tus labios, has visto el resto : culotte bajo, enmarcando las caderas, casi transparente, justo lo justo, las medias a mitad de muslo, enseñando piel.

Te tomas tu tiempo, no me importa en absoluto, para eso está hecho, lo de la venda tiene su punto y su faena, no puedo verte la cara, mal menor. Siento tus manos rozando mi cintura, me estremezco, tu lengua bordeando la línea del culotte, despacio, como si quisieras quitármelo con la boca, lo bajas lentamente, donde hubo tela ahora hay saliva, me estás poniendo a mil, desatas los cordones de los zapatos, la boca en mi entrepierna, no sé qué hacer con las manos, me lames, me bebes, me exploras con la lengua mientras me terminas de desnudar, me quitas las medias arañándome la piel, círculos sobre mi clítoris, manos en mi culo, necesito apoyarme en algo o me voy a caer, no hay problema, te incorporas cambiando boca por manos, un grito se me escapa, sorpresa y placer mezclados

Cambias el ritmo, te mueves rápido, una mano en mi sexo, otra en mis tetas, me estás volviendo loca con estas velocidades, muevo las caderas intentando seguirte, me aprietas, me muerdes los pezones, me corro, doblándome sobre ti, derrotada.

Te beso, suspiro, me acaricias.

Notas la debilidad de mis piernas y me llevas a la cama, me estiro, recuperando el control de mis músculos. Sigo con la venda, mientras no me digas lo contrario, no me la quito, es tu turno. No sé qué haces, tampoco me preocupa, esto no acaba aquí, seguro.

- agua plis – voy, un minuto

Coges mis manos, las levantas sobre mi cabeza, raso en cada muñeca, aprietas el lazo, sonrío. Tiras, comprobando que no pueda soltarme

- agua – shhh, espera

Me ignoras, estás atareada. Me echas algo por encima para que no me quede fría, lo que significa que vas a tardar, la curiosidad me mata.

Clac, clac, has abierto mi maletín, estoy alucinando, ¿¿vas a usar juguetes?? será la primera vez, sonrío, me gusta que innoves.

Sabiendo ya dónde andas, imagino lo que haces por los sonidos: arnés, dildo, el misterio será saber cuál, cierras el maletín, te acercas a la cama, noto frío en la boca, ¡has traído hielo!

- esto no es agua – protesto

- ¿pero sirve, no?

Retiras despacito lo que me cubría, jugueteas con el hielo y mi boca, dejas que lo chupe, lo apartas para que lo lama, lo metes junto con tus dedos, cambias unos por otro, te chupo, te lamo la mano que todavía sabe a tu sexo, frío en las tetas, paseas el hielo por mis pezones que reaccionan al segundo, gimo.

Hielo en un pezón, lengua en el otro, dios, me gustaría que tuvieras tres manos, en mi boca, en mis tetas, en mi sexo, me lees como a un libro abierto, retiras tus dedos de mis labios y los deslizas por mi piel, directos a mi sexo.

 Gimo, tiro de las ataduras, me estás enloqueciendo con esto que me haces, el frío, tus labios, tus dedos, estoy sintiendo tantas cosas a la vez que no puedo distinguir, la venda multiplica las sensaciones, me oigo, te oigo, te siento por todas partes…

Paseas frío por mi cuerpo, la carne de gallina, lames allí por donde pasas el hielo, me derrito, miles de agujas de placer me bombardean, costillas, vientre, caderas, muslos, merodeas por mi pubis sin decidirte, paras.

Mis caderas se mueven solas hacia ti, pidiendo más, respondes. Lengua en mi sexo, lengua con hielo, hielo con lengua, te has propuesto torturarme lentamente, hacer que me deshaga como el hielo que estás utilizando.

Chupas, acaricias, presionas el hielo sobre mi sexo mientras me lames el clítoris, despacio, me estás matando, muevo las caderas y me respondes, te acompasas, me sigues, dejas el hielo, mordisqueas, juegas conmigo hasta que me corro con tu boca.

Me besas, me gusta que me beses después de comerme, encontrar mi sabor en tu lengua.

Tengo los labios resecos, no problem, me acercas un vaso de agua, bebo un buen trago, lo poco que queda lo derramas sobre mi cuerpo, me lames de arriba abajo, me giras, sigues por mi espalda, lamiendo, mordiendo, besando, acariciándome entera, disfrutando mi piel, me dejo hacer encantada, sólo sintiéndote.

Poco a poco aumentas la fuerza de tus mordiscos, me haces gemir, muerdes más fuerte, grito pero no paras, sólo te contienes, manos en acción, apretándome el culo, presionando mi sexo, entrando en mi con fuerza, te mueves como si quisieras romperme, no dejas de morder toda mi espalda, me llevas al orgasmo en tres minutos, jadeos, respiración entrecortada que no distingo si es tuya o mía, tumbada sobre mí, tus tetas en mi piel.

Creo que te incorporas, no veo lo que haces, me abres las piernas, me levantas el culo hasta que me pones de rodillas sobre la cama, noto tu lengua comiéndome otra vez, me aprieto contra tí, me muerdes, me quejo, me besas, te apartas, tu mano en mis caderas, acariciándome el culo, te acercas, me penetras, despacio

- si te hago daño dímelo – susurras en mi oído

Mis gemidos te tranquilizan, te mueves con prudencia, es nuevo para las dos, me estoy muy quieta, tengo que acostumbrarme, tardo dos minutos en cogerle el truco, me pego a tí, curvando la espalda, gimes y entras más profundo, siempre despacio, comienzo a moverme, me sigues, aumentas el ritmo, me encanta, sales y entras, me matas, la cabeza en la almohada, mis caderas se aceleran contigo, te animas, me coges por las caderas, me follas con fuerza, penetrando profundo, gimes, jadeo, me agarro al cabecero, sigues embistiendo, apoyas tu cuerpo sobre mi, me muerdes y me follas al mismo tiempo, tiemblo, mis piernas son ramas que se van a romper si sigues así, y no paras, muerdo la almohada, me corro con un largo gemido, disminuyes el ritmo despacio, me acaricias el clítoris, me falta el aire pero te da igual, sigues entrando y saliendo suavemente, presionandome más y más, círculos concéntricos desde mi vagina y mi clítoris hacia mi estómago y mi garganta, se escapan al ritmo de mi agitada respiración, no sé ni cuantas veces me corro, hasta que te das por satisfecha y paras, dejándote caer en mi espalda.

Sales de mí despacito, oigo que te quitas el arnés, me desatas, un beso en cada muñeca, me quitas la venda, me coges la cara y me besas suave. Te echas a mi lado

- tú si que me vas a matar

Nos reímos.

Segundo – parte II

Cierro el cuaderno del que he estado leyendo

- enséñeme lo que ha escrito, gire la pantalla por favor

Me levanto despacio, acercándome a la mesa, das la vuelta al monitor y veo que tus dedos se han liado más de lo habitual, perfecto de nuevo

- esto es un desastre señorita, haga el favor de venir a comprobarlo

Te levantas, rodeas la mesa, te inclinas para mirar la pantalla. Tu falda deja entrever medias por medio muslo, negro sobre blanco, más de lo que esperaba

- como puede ver, hay una cantidad enorme de fallos. Supongo que ya sabe lo que eso significa…

Ya lo creo que lo sabes, haces hueco en la mesa para poder apoyarte sin impedimentos, los codos y las manos acariciando la madera, las piernas algo separadas, creo que estás temblando.

Me recreo en las vistas, no tengo prisa. Me acerco despacito, mientras me quito la chaqueta

- tendré que castigarla señorita, estos errores no puedo pasarlos por alto

Te levanto la falda con movimientos suaves, rozando tus muslos. Tenía razón, estás temblando, tan excitada que el más leve contacto te hace gemir.  Acercas el culo a mis caderas, te aprietas contra mí, tus gemidos aumentan, mis manos perdiéndose entre tus piernas

- he de decirle señorita, que no consentiré ningún sonido ni movimiento o pararé de inmediato

Paras.

Callas.

Creo que te tapas la boca con las manos.

Acaricio tu espalda por encima de la camisa, desciendo por las caderas, agachándome, me entretengo un instante recorriéndote el culo. Te quito el tanga, beso y mordisqueo los lugares por donde pasan mis dedos, muslos, rodillas…

Gimes quedamente al contacto de mis labios, con el paseo de mi lengua por tu piel.

Me estoy tomando demasiado tiempo para tu gusto, eso al menos es lo que dice tu cuerpo, arqueas la espalda ofreciéndome tu sexo, húmedo, caliente por la excitación. Disfruto de la visión un instante, mi boca directa hacia tí.

El primer roce te hace gemir más de lo permitido

- no, no, no, no, ningún sonido o pararé

Silencio.

Vuelvo donde estaba, dibujando tus labios con la lengua, saboreándote, bebiéndote, estás tan mojada…no sé cómo resistes pero me pone que lo hagas.

Inevitablemente te aprietas contra mí, recorro tu clítoris, lamo, chupo, mordisqueo con una delicadeza que me cuesta mantener, entro en tí, te succiono, tus gemidos aumentando de volumen, mal controlas tus movimientos pero aguantas, soy permisiva, me gusta tanto lo que estoy haciendo que flexibilizo las normas.

Mi mano acompaña a mi lengua, te acaricio, empapándome de tí, tus caderas te desobedecen, se mueven a mi ritmo, mis dedos dentro de tí, despacio…gimes suave, sigo bailando en tu interior, gritas, paro

- esto es excesivo, haga el favor de recomponerse – digo mientras me incorporo

Tardas unos segundos en levantarte de la mesa. Te giras. Una mano sobre tu sexo, mojándose. La lames mientras me miras y me la tiendes. Te sientas sobre la mesa, las piernas abiertas, te acaricias, mantienes tus ojos en los mios. Paso de contenerme más, que el juego cambie no es un problema mientras sigamos jugando.

Cojo tu mano, lamo, chupo, tus dedos en mi boca, revolviendo mi saliva, me acerco hasta la mesa, mi mano en tu nuca, la otra en tus profundidades, entretenida, te muerdo el cuello hasta que te quejas, cambio mordiscos por besos ansiosos, desbrocho tu camisa, el sujetador, los dos al suelo, mi boca en tus tetas, tus pezones, acaricio, beso, muerdo, ya ni sé lo que estoy haciendo, gimes, gimes, gimes, resarciéndote de no haber podido hacerlo antes, me envuelves con brazos y piernas, mis manos arañando tu espalda, tu vientre, mientras mi lengua se ha extraviado, perdida entre tus tetas.

Mis dedos caminan de nuevo hacia tu sexo, acariciando suavemente el pubis. Te mueves, te ofreces pero aún no, quiero creer que aún mando yo.

Suelto tu abrazo, despacio, intentas quitarme el chaleco, te aparto, deslizo la lengua por tu piel, te echas hacia atrás, los brazos sobre la mesa, la espalda arqueada, te sueltas el pelo. Yo en lo mio, recorriendo tus sabores, no sé cuál me gusta más, ombligo, caderas, pubis, ingles, muslos, trazo caminos con mi saliva, caminos que conducen a tu sexo.

Tu clítoris hinchado me recibe con un gemido, me coges la cabeza, ya no quieres que siga jugando. Me muevo entre tus piernas, tus manos me limitan asi que me quito la corbata, me levanto y te ato las muñecas con ella. Sonríes, me besas buscando tu sabor en mí.

Vuelvo a mis quehaceres, ahora la que está limitada eres tú, sujeto la corbata con una mano, no te resistes.

La lengua de nuevo sobre tu clítoris, no quiero más interrupciones, aumento el ritmo, tus caderas responden moviéndose lo justo para permitirme mantenerme donde estoy, entrando, saliendo, besando, lamiendo…

Muslos que se tensan, movimiento que cesa, gemidos que se entrecortan, te corres entre estremecimientos. Me coges la cara y me levantas para besarme, me gusta cómo me besas después de correrte, es como si quisieras tragarme entera. Sonríes, esa sonrisa tuya que te hace brillar, me muestras la manos todavía atadas

- ¿ya me sueltas?

- ¿quién te ha dicho que haya terminado?

Te beso profundo, acercando mi mano a tu sexo, no tengo pensado darte respiro, este es mi juego y tu castigo. Te abrazo mientras entro en tí de nuevo.

Gimes, gimo, no doy tregua.

Me muevo con soltura por tu interior, sé lo que quiero y cómo conseguirlo.

Me miras

- ¡¿qué me estás haciendo?!

- te estoy follando hasta hacer que te desmayes

Me besas con ansia, apretándo tu cuerpo contra el mío, vas otra vez a desabrocharme el chaleco pero no te doy tiempo. Acelero el ritmo, tus manos se detienen, tus gemidos aumentan, ya no puedes seguir con mi ropa, tus caderas están enloqueciendo. Pasas las manos por detrás de mi cabeza, clavas tus ojos en los míos, sabes cuánto me gusta disfrutar de tus orgasmos, contienes la respiración, tengo la impresión de que convulsionas, dejas caer el peso de tu cuerpo en mi abrazo mientras exhalas un profundo gemido, largo, mientras te corres, no te había oído gemir así

- ¿todo bien? – pregunto

Sonríes, respiras entrecortado, me besas

- todo fantástico, si

Te recuestas sobre la mesa. Me falta el aire, apoyo la cabeza sobre tu pecho, tu corazón latiendo a la misma velocidad que el mío, respiraciones agitadas que se van pausando.

Sigo en tí, cierro los ojos, reconociendo tus humedades.

- ¿no vas a parar nunca?

- exactamente cuando me apetezca

- ok

Despacio, disfrutando el recorrido.

El pecho se te acelera, comienzas a moverte, sigo recostada sobre tí

- más rápido

- no, no, no, no, shhh – quiero que éste sea mucho más calmado

Dejas de moverte, relajas el cuerpo, te acompasas a mí. Me gusta tenerte así, vencida, disfrutando de nosotras sin prisas. Me cuesta no acelerar mi tempo, pero aprendo a deleitarme en lo que hago.

Levantas los brazos, estirándote sobre la mesa, pones un pie sobre ella y entro más profundo, suspiras y gimes suave.

El corazón acelerándose, los ojos cerrados, yo embobada contemplándote, curvas la espalda, siento en mis dedos tus espasmos, me incorporo y no me dejas ir, acercas mi cara a la tuya

- me matas – susurras

Me besas suavemente mientras te corres.

Continuará…

Segundo – parte I

Domingo por la mañana. Sol por primera vez en días.

Tengo ganas de jugar, a un juego nuevo. Cuento con que decidas seguirme, sé que también te gusta jugar.

Te mando un mensaje. Si aceptas, te daré instrucciones que tendrás que seguir sin preguntar. Si no aceptas, no te molestes en contestar.

Tardas tanto que empiezo a decepcionarme…pero eliges participar.

- ¿qué tengo que hacer?

- a las 18:00 llamarás al telefonillo de mi casa. Vendrás vestida con camisa blanca, falda por encima de la rodilla y tacones. Recógete el pelo y ponte las gafas. Si no llamas a esa hora exacta, puedes dar media vuelta.

- ¿qué hora es?

Buena pregunta, sonrío, me gusta que me conozcas.

- las 13:15 por mi reloj

- ok

- bien, no habrá más mensajes

Pierdo la tarde en preparativos, son las 17:30, me visto. Medias al muslo, el conjunto burdeos (qué mejor día para estrenarlo), camisa negra con corchetes (estoy hasta el moño de que me rompan los botones), traje gris, pantalones pitillo, chaleco y chaqueta entallada, la corbata negra con puntos beige, se pierde con la camisa. Bien.

Maquillaje, sólo los ojos, negro profundo. Un golpe de espuma en el pelo. Un toque de perfume. Una ojeada en el espejo me devuelve un reflejo que me follaría. Perfecto, no es exactamente la idea pero sí la intención.

Repaso el despacho, enciendo el ordenador, abro un documento nuevo, vas a tener que ganarte lo tuyo…

Suena el telefonillo. Las 18:00.

Pulso sin preguntar. Pongo música. Oigo el ascensor. Suena el timbre.

Abro la puerta, aquí estás, preciosa como siempre que te propones dejarme sin aliento.

- buenas tardes, señorita, llega usted muy puntual, pase por favor

- era lo único que podía hacer, me lo has dejado muy claro – dices mientras entras y cierro tras de tí

- ¿puede dejar su abrigo y el bolso sobre el sofá y acompañarme? – digo muy seria

Te quitas el abrigo, me miras de arriba a abajo, sonriente. No me habías visto vestida así, creo que ya sabes por dónde va el juego. Veremos.

- por supuesto, deme un segundo

Claramente lo has pillado.

Miras el teléfono, lo guardas en el bolso que dejas junto al abrigo donde te he indicado.

Veo que has seguido mis instrucciones al pie de la letra: camisa blanca, falda gris marengo por encima de las rodillas, las gafas, el pelo recogido, esos zapatos…

- ¿dónde vamos?

- al despacho, sígame, por aquí

Me sigues, obediente.

- siéntese, por favor – te indico la silla tras la mesa – tiene usted que escribir lo que le vaya dictando. Sin errores.

Tomas asiento frente al ordenador. Yo lo hago al otro lado de la habitación, entre sombras, quiero dominar toda la perspectiva, verte las piernas mientras escribes. Comienzo a dictarte:

“Llegué un poquito antes de que cerraras…”

Pones cara de sorpresa, me miras, reconoces las palabras, son tuyas.

- ¿pasa algo, señorita?

- no, no, nada, siga por favor

“Elegí la hora completamente a propósito para poder quedarme sola contigo en un lugar donde nadie nos podría ver ni molestar. Quería más de lo que me habías dado en tu cama, más de lo que nos habíamos dado en los parques, en la calle, en mi coche…quería verte, besarte, lamer todo tu cuerpo, chupar tus pezones y poco a poco amarte. Todas esas cosas que nunca te diría pero que tú sabes perfectamente porque me conoces. Conoces mis deseos más ocultos, sólo estás esperando el momento oportuno para hacerlos realidad, dándome pequeñas dosis de sexo salvaje cuando tenemos ocasión”

Cuanto más hablo, más te remueves en la silla, esto está siendo más divertido de lo que imaginaba. Sigo.

“Esa noche, mientras recogías, te observaba. Sonriente, apoyada en la pared. Me mirabas con curiosidad y algo de desconcierto, creo que en momentos como este, nunca sabes lo que pasa por mi cabeza. Pero las dos teníamos claro lo que deseábamos. Las dos sorprendidas por el lugar elegido. Las dos dispuestas a todo”

- un momento por favor

- ¿qué sucede señorita?

- necesito un segundo, me he equivocado

- esto es muy inusual, señorita, me temo que no puedo permitirlo – digo mientras me levanto de la silla

- ya está, ya está, podemos continuar

Salvada por la campana, o quizás no, sólo hubiéramos adelantado los tiempos.

- sigamos pues, pero que no se repita

“Terminaste tu trabajo. Al ir a apagar las luces pasaste rozándome, al volver me besaste, nos besamos despacio.

Me fuiste desnudando, besándome el cuello, la espalda, las clavículas, las tetas. Fuera camiseta, sujetador, los rizos cayéndome sobre los hombros. Los retiraste para comerme el cuello, controlándote lo justo para no dejarme marcas. Bajaste por mi pecho buscando mis pezones. Los mordiste provocando una extraña sensación, desconocida, chupabas, succionabas, presionabas mis tetas ansiosa por llegar al fondo de mí, me mordías, me estabas volviendo loca…

De repente, me diste la vuelta, de espaldas a tí, castigándome contra la pared. Tu mano derecha desabrochando el pantalón, la izquierda sujetándome del pelo, lo justo para poder morder y besar mi espalda y mi cuello.

No podía creer lo que me estabas haciendo sentir, detrás de mí dándome tanto placer, no había imaginado nada parecido y me hacías desear más, quería que me agarrases fuerte, que tus manos esquivasen el pantalón y las braguitas, parece que me lees el pensamiento… deslizaste la mano bajo el vaquero mientras me sujetabas pegándote a mí, mi culo y mis caderas moviéndose en círculos, rozándote, acompasadas.

Tu mano suave, firme, directa sobre mi vulva, con un solo roce me hiciste estremecer, me acariciabas fuerte, segura, sabías lo que quería, sabías lo que querías darme.

El pantalón estaba limitando tus movimientos, lo bajaste sin preguntar, seguías devorándome el cuello. No podía reaccionar, presa del placer que me provocaban tus manos, tu boca, sólo quería fundirme contigo, que entraras en mí, deshacerme en tus manos…seguiste enredada en mi pelo, en mi sexo, cada vez más fuerte, pensaba que me iba a desmayar mientras me movía acompañando tus caricias. Me acercaba a tí, sentía tus tetas apretadas contra mi espalda. Me curvé hacia atrás para que pudieras morderme el cuello, entraste en mí, un gemido inmenso se escapó de mi labios, sabía que hoy si que iba a tener un orgasmo increíble entre tus manos, que me estabas poniendo tan cachonda follándome contra la pared que no me lo podía creer.

Y así fue.

Tus dedos se movían hábiles dentro de mí, tu mano presionando el clítoris, estabas haciendo conmigo lo que querías, me movías a tu antojo, te gusta verme tan excitada, te gusta mirarme y ver cómo me derrito mientras me tocas.

Tus embestidas cada vez más rápidas, más fuertes, hicieron que tuviera un orgasmo maravilloso. Busqué tu boca para besarte mientras me corría, te besaba y te sentía dentro de mí. Sentía cómo dejaba caer todo mi cuerpo sobre tus brazos, sin fuerzas para sostenerme.

No fue sólo por el orgasmo. Me estaba enamorando de tí.”

Continuará


Pide y se te dará

Hoy quiero verte.

Realmente no quiero, necesito verte.

Error de nuevo, no es verte lo que quiero ni lo que necesito.

Lo que quiero es que me folles.

Que me folles como si no lo hubieras hecho nunca, que me llenes de ti, que me dejes sin aliento, que hagas conmigo lo que quieras.

Quiero que me pongas a cuatro patas y me folles desde atrás mientras me muerdes la espalda.

Sólo con imaginarlo me pongo a mil.

No hemos quedado en vernos hoy, pero no dudo que vendrás a por mí.

Te mando un mensaje describiendo lo que estoy deseando que hagas. Ahora sólo toca esperar a que den las diez y aparezcas. Seguro que llegas antes.

Me gusta esta sensación, estoy tan excitada y mojada que la ropa me molesta.

Y sólo son las cuatro y media!!! Va a ser una larga tarde en el trabajo…

Recibo tu respuesta, estás comiendo en un restaurante con una amiga y has tenido que ir al baño a masturbarte imaginando mis manos en tu cuerpo, claramente, mi mensaje a dado el resultado esperado.

Estoy tan caliente que no sé cómo voy a aguantar hasta la noche.

Tarde lenta y tediosa, las horas no terminan de pasar y mi imaginación a 10.000 revoluciones no me deja concentrarme en nada de lo que intento hacer.

Por fin me quedo sola.

Estás a punto de llegar, lo noto, mi corazón se está acelerando, como siempre que andas cerca.

Faltan diez minutos para que termine. Suena la puerta, eres tú.

Te acercas, me coges la cara y me besas, tu lengua recorriendo mi boca, anticipando besos más profundos. No hablamos. No hace falta.

Yo cierro las puertas, tú apagas las luces.

Vuelves a besarme, largo, despacio esta vez. Creo que me voy a correr tan solo con que sigas besándome. Pero paras.

Me coges de la mano y me llevas escaleras abajo. Sonríes. Está todo preparado, he puesto velas, agua, la calefacción…sólo faltamos tú y yo.

Me llevas hasta la mesa, me sientas sobre ella y comienzas a desnudarme mientras me besas, despacio, dulce. Te estás tomando tu tiempo, sabes que estoy deshecha de deseo y me vas a hacer sufrir.

Inundas de besos y caricias cada centímetro de piel que dejas al aire. Me dejo hacer, no tengo otra opción y hoy no quiero tenerla. Soy tuya para lo que desees.

Mis gemidos hace rato que llenan el espacio, música para tus oídos me dices.

Me comes las orejas, el cuello, los pezones, me susurras:

- qué quieres que haga

- ya te lo he dicho, que me folles

Sonríes

- bien, eso es lo que pensaba hacer

Desnuda yo, desnuda tú, me abrazas, piel con piel, piel sobre piel, te acaricio, me acaricias, me das un beso y me bajas de la mesa. Pones un cojín donde antes estaba mi culo, me giras. Tus tetas en mi espalda, tus manos en mis tetas. Juegas con mis pezones mientras tu lengua se pierde entre mis orejas y mi cuello. Creo que me voy a desmayar.

Recorres mi espalda, mi vientre, mis ingles, mis muslos, si no me muero ahora, no lo haré nunca.

Tu boca desciende por mi espalda, besando, lamiendo, mordisqueando allí por donde pasa, me estremezco.

Me empujas suavemente para que me incline sobre el cojín. Lo hago obediente y deseosa, los estremecimientos se han convertido en temblores. Separas mis piernas, acariciando  el interior de mis muslos, ya es oficial, tiemblo como una hoja.

Abrazo el cojín, arqueo la espalda, te ofrezco mi culo y mi sexo húmedo, ansioso de ti.

Sólo verme así, completamente entregada, totalmente abierta a ti, te hace gemir. Me encanta.

Vuelven a mi espalda tus manos, tu boca, besos, caricias suaves. Pero sabes que eso no es lo que quiero

- muérdeme

Te lo recuerdo por si acaso, te ríes y comienzas a hacerlo. Con delicadeza, sé que sólo estás calentando.

Parece que seas Kali, la de los ocho brazos, manos en mi culo, tetas, sexo. Dios!! Sólo me tocas y me tengo que controlar para no correrme.

- me vuelve loca que estés tan mojada – dices

Soy incapaz de hablar, tus dedos jugando con mis labios no me lo permiten.

No tengo conciencia de nada más, sólo sensaciones: dientes clavándose en mi espalda, arrancando gemidos de placer, tu mano en mi sexo, tu pubis en tu mano, espasmos, placer que va y viene en oleadas con formato de tsunami.

No sé cuántos orgasmos he tenido, pero a ti te da igual. Sigues jugando, descontrolada, salvaje, me follas con tus manos, con tus dedos, con tu boca, con todo tu cuerpo. Subes y bajas, entras y sales de mí, muerdes, chupas, me embistes como si quisieras aplastarme.

Es la primera vez que te desatas y me estás enloqueciendo de placer.

Escucho tus gemidos, creo entender que te estás masturbando mientras me follas, una mano en mí y la otra en ti, imaginarlo hace que me corra una y otra y otra vez, hasta que tú te corres y caes sobre mi espalda.

- me fallan las piernas – te digo

Ríes y me ayudas a tumbarme sobre los restos de nuestra ropa esparcidos por el suelo. No tengo control alguno sobre mi cuerpo, soy como un títere desmadejado por el sexo más alucinante que he tenido en mucho tiempo, desmadejado por ti.

Me quedaría dormida aquí mismo.

Tweet

Orquídeas

Hoy tengo una exposición, una amiga pintora abre su estudio para presentar una nueva colección. Se llama Orquídeas.

Te invité hace días,has tardado en aceptar, pero me acompañas.

Me preparo para disfrazarme de gafapasta-cool, con este personaje me lo paso taaan bien, ¿qué me pongo? Taconazos seguro, es lo bueno de que tu acompañante vaya en coche hasta a comprar el pan, servicio puerta a puerta asegurado. Pantalones negros de talle alto, esos que me hacen las piernas kilométricas, el bustier negro y la chaqueta del smoking. Perfecto, cuando me quite la chaqueta vas a flipar.

Gomina, khol, un toque de rimmel y suave rojo en los labios. Lista.

Las 20:30, calculo que no llegarás hasta las 20:45, tus quince minutos de retraso son casi obligatorios, menos mal que no tenemos que estar allí hasta las 21:30 o algo más tarde, no me gusta llegar la primera. Llamas, cojo la chaqueta, el bolso y bajo.

Subo al coche, beso, excusas por llegar tarde, como si hicieran falta a estas alturas…Charla insustancial salpicada de indicaciones

-         ésta a la derecha, gira aquí

y de miradas a mi escote

-         ¿pasa algo? – pregunto

-         no, nada, que estás guapa – gracias, tú también

Creo que piensas que no llevo nada debajo de la chaqueta. Bien. Tú, tan mona, vestido negro sencillo pero con un punto: tiras que se cruzan resaltando el pecho y marcando la cintura. Medias y tacones. Siempre tacones.

Estamos llegando, algo del típico atasco de viernes por la noche en Madrid. Semáforos eternos que aprovecho para dejar caer mi mano sobre tu muslo, me gusta acariciarte por encima de las medias, desde la rodilla hasta la entrepierna, suavemente, con la punta de los dedos. Me acerco a besarte el cuello. Suspiras y te dejas lo justo

-         no empieces lo que no vayas a terminar – ríes

-         ¿quién dice que no lo termine? – sigo en tu cuello aunque intentas esquivarme

-         que ya vamos tarde y es tu amiga, para

Tus ojos dicen justo lo contrario, pero estás conduciendo, así que paro.

Llegamos y ¡oh, maravilla! un sitio en la calle paralela, de coña. Al final llegamos a las 21.30 y no quería ser tan puntual. Tengo que hacer tiempo…

Suelto mi cinturón y el tuyo, me encantan las calles estrechas de este barrio, la justa cantidad de luz para que nadie se fije en lo que pasa dentro de un coche. Retomo tu cuello, cogiéndote la cabeza con las manos, inmovilizándote bajo mi boca. Besos suaves, firmes, que van tomando cuerpo al compás de tus gemidos

-         no me dejes marcas – susurras

Ni te contesto. Sigo a lo mío. Una mano entre tus piernas, acariciándote por encima de las medias y del tanga, la otra sujetándote el pelo para comerte mejor.

Tus caderas me siguen o yo las sigo a ellas, mismo da, presiono tu sexo o tu sexo me presiona a mí, acompasadas mi mano y tu pelvis. Jadeas, gimes, me coges la cabeza, me besas con fruición, los ritmos se aceleran hasta que te corres con un “¡joder!”.

Recuperamos el aliento, sonriente yo, mirada fulminante tú

-         ¿qué pasa? – pregunto

-         qué eres mala, me has descolocado entera y ¡vamos a una fiesta!

-         huy, disculpa, para la próxima, mejor me contengo

Me miras de reojo mientras te recompones el pelo

-         ni se te ocurra– me besas – vamos que al final llegamos tarde

Tampoco es para tanto, las 21.50, hora perfecta. Veinte minutos de sexo loco me han abierto el apetito, y no sólo de comida. Habrá que contenerse, esta vez sí.

Llegamos al estudio. Ya hay gente, la justa para no ser las primeras ni para que esté hasta los topes que siempre me agobia.

-         voy a dar una vuelta para saludar, disfruta de los cuadros – ok, si me aburro te busco – perfecto

Es lo que tiene que no te guste que te presente a todo el mundo, pero sé que no te incomoda, prefieres ir a tu aire.

Busco a la anfitriona, en el centro de un círculo de gente, en su salsa. Veo algunas caras conocidas en un rincón, me acerco a saludar. Paula me ve y me llama, me presenta a los que la rodean, ni me van ni me vienen. Conversaciones de pasillo, risas tontas, los típicos comentarios para quedar bien…Me saturo en diez minutos, voy a por una copa.

No sé por dónde andas, echo un vistazo alrededor, este piso es enorme y tiene un montón de habitaciones, puedes estar en cualquier lugar. Ahí te veo, admirando uno de los cuadros, con un vaso en una mano, una servilleta en la otra.

Una pareja de conocidos me bloquea, más bla, bla, bla, pero es lo que toca. Te observo de reojo, me divierte hacerlo cuando no me ves. Deambulas relacionándote cortésmente pero sin entablar ninguna conversación.

Te detienes ante uno de los lienzos que más me gusta de esta exposición: una especie de flor que semeja una vulva coronada por un sol. Allí te demoras lo justo para que una mujer que me suena pero no sé de dónde se pare a tu lado. Os veo hablar. Dos besos. Por vuestros gestos estáis comentando la obra. Me sorprende lo cerca que está de ti y que tú no te muevas. Te habla casi al oído. Pone su mano en tu cintura, esto puede ser divertido…

No sé qué te dice, pero te hace reír y os apartáis del cuadro en dirección a un grupo de mujeres que charlan animadamente. Por la familiaridad con la que se tratan, es claro que algunas son pareja.

Ya sé quién es esa mujer, no recuerdo su nombre pero Paula me la presentó hace tiempo en otro evento. Tiene una galería en algún lugar del barrio de Salamanca donde sólo exponen mujeres. Pija entre las pijas, seguro que te encuentras en tu salsa. Incómoda desde luego, no se te ve.

Me escabullo del bar, paseo por la sala cambiando de grupo, repartiendo besos y sonrisas, observando en todo momento cómo te desenvuelves en ese círculo de lobas. Te ríes y conversas relajadamente. La de la galería (Rebeca, ahora me acuerdo) no se aparta de ti, seguro que, a estas alturas, ya te has dado cuenta de que te está tirando los tejos. Contemplo la película desde la distancia, con una sonrisa en los labios.

La noche avanza, hace casi dos horas que llegamos. Gente se ha ido, otra ha llegado. Hay un pequeño mogollón cuando la música se pone discotequera. Lo estoy pasando estupendamente y parece que tú también. Te has apartado un poco del grupo y estás hablando con una chica que parece muy joven con aspecto de pintora de vanguardia. Por los gestos y tu cara de concentración, la conversación es muy interesante.

Rebeca no te quita los ojos de encima, marcando terreno.

Un cosquilleo me recorre la columna, ver cómo otra mujer te está marcando con tanto descaro me pica un poco y me divierte un mucho. Tengo curiosidad por ver hasta dónde te dejas…

Empieza a hacer calor, serán las copas, el baile o la cantidad de gente que se menea en esta sala. Me quito la chaqueta, piel al aire. Abro uno de los balcones, me preparo un cigarrillo y me siento en el alféizar. Te he perdido, no sé dónde andas. Busco a Rebeca y la veo inclinada sobre ti, formato acoso total, hablándote al oído, recorriendo tu espalda con una mano, la otra en la pared, cerrándote el paso, arrinconándote lo justo.

La media sonrisa se instala de nuevo en mi cara. Enciendo el cigarro, al levantar la cabeza encuentro tu mirada, por encima del hombro de la loba.

Me repasas de arriba abajo. Le dices algo a Rebeca, te escapas de su acoso por debajo de su brazo y atraviesas la sala viniendo hacia mí. Dejas tu copa en una mesa, tus ojos clavados en los míos, sonrientes. Apago el cigarrillo, doy un trago, ya estás aquí. Me quitas el vaso, me separas las piernas pegándote a mí, me coges la cara con las manos y me besas, mejor dicho, me devoras, dándome tu lengua con ansia, pones mis manos en tu culo, las tuyas en mi espalda, arañándome. Me comes el cuello, las orejas, estrujas mis muslos, me estás poniendo a milquinientos.

Levanto la cabeza y veo a Rebeca que me mira con ojos de asesina desde el otro lado de la sala.

-         tu conquista me odia – susurro, divertida

-         déjala, menuda imbécil – pues se te veía muy por la labor – digo en tono de burla

-         sólo quería darte celos pero saber que me observabas mientras que otra me ligaba me ha excitado muchísimo, ¿podemos ir a algún sitio?

-         ¿vas lanzada, eh?, espera que hablo con Paula

-         no te vayas – voy a buscar a Paula, ya vengo – prefiero ir contigo, no sea que tenga que ponerme borde con Rebeca

Me coges la mano, busco a Paula, a estas alturas de la noche lleva un pedo que ni sé. No hay problema, conozco el estudio

-         ven por aquí

Salimos al pasillo, la última puerta a la izquierda debería estar cerrada y la llave en la mesita al lado. Tal cual. Abro. Entramos y cierro con llave.

No me das tiempo ni a encender la luz, me empotras contra la puerta, mordiéndome los hombros con fuerza, tu mano entre mis piernas, el pantalón te molesta lo justo. Frotas tu cuerpo contra el mío, desabrochas el bustier, comiéndome la piel que vas dejando al descubierto

-         quiero verte – dices

-         seguro que por aquí hay velas, pero tienes que soltarme un minuto

Demoras un instante tu boca por mi cuerpo

-         vale

Sobre la mesa hay candelas que enciendo, tú no esperas, con el mechero aún en la mano vuelves a mí, manos en mi culo, soltando los botones del pantalón, yo sigo con las velas en tanto que me dejas. La poca luz descubre un rincón con mantas apiladas en el suelo, hacia allí me llevas, me arrastras casi. Me apoyas contra la pared, una mano bajándome el pantalón, la otra liberando mis tetas del bustier que tiras al suelo.

Tu boca en mis pezones, lamiendo, mordiendo, chupando, me está volviendo loca. Me encanta cuando te desatas y me manejas a tu antojo.

Besas, muerdes mi carne, una mano ansiosa en mi sexo, entras en mí bruscamente, me quejo pero me ignoras, te mueves con fuerza, presionando mi vulva y mi clítoris al tiempo, me matas, gimes casi tú más que yo, me muerdes, me comes, siento tu boca por todas partes, me follas como si quisieras partirme por la mitad, apretando tu cuerpo contra el mío, empujando tu mano con tus caderas, moviéndote en círculos dentro y fuera de mí.

Me agarras el culo con fuerza llevando mis caderas a tu ritmo, me duele y me encanta, nunca me habías follado así, como con rabia, como si yo no importara. Me da igual.

Mi cuerpo responde a tu cuerpo, te araño, te clavo las uñas, te cojo del pelo para comerte la boca, aumentas el ritmo mientras te beso, mientras me devoras, empiezo a temblar, espasmos en mi vagina, mi clítoris explota, pierdo el aliento mientras me corro.

Grandioso.

Me sostienes, la pared ayuda. Reposas la cabeza en el hueco de mi hombro, recuperando el aire. Me besas con suavidad mientras sales de mí, un quejido se me escapa

-         ¿te he hecho daño? – preocupación en tu voz

-         un poco, nada grave

-         ¿seguro? no sé qué me ha pasado, no podía controlarme

-         nadie te ha pedido que lo hicieras ¿no? – ven, échate

Extiendes algunas mantas y me ayudas a tumbarme, los pantalones y las braguitas en los tobillos no facilitan la operación

-         ¿de verdad que no te he hecho daño? – sí que estás preocupada, sí

-         no, no…nada que no se cure con un beso – ¿con un beso?

-         sí, mira, aquí me duele un poco – digo señalando un pezón

-         ya veo, ya – lo besas muuuuy despacio – ¿te duele algo más?

-         seguro que si buscas, algo encontrarás – buscaré entonces, pero antes, te libero

Dices mientras me desnudas completamente. Paseas tus ojos por mi cuerpo, rodando tu mirada sobre mi piel, rozándome con la punta de los dedos, haciéndome estremecer.

Cierro los ojos, fuera la fiesta sigue alborotándose, aquí soy tuya para que hagas conmigo lo que quieras.

Otra vez.

La primera vez que te vi me pareciste poca cosa, tan pequeñita, tan delgada. No eras mi tipo ni de lejos.

     La primera vez que te vi me pareciste una mujer seductora, fría, distante, por encima de las demás, ¡ni siquiera me mirabas! pero yo a ti sí, quizás esa misma indiferencia era lo que me atraía.

Aun no sé qué pasó, qué hiciste o qué hice yo para cambiar mi percepción de tí, que cambió, vaya si lo hizo, de tal manera que me sorprendí soñando contigo, sueños húmedos, tan reales que me despertaba sudando, enredada en las sábanas y tenía que terminar lo que había comenzado mientras dormía.

     No sé cómo, poco a poco, comencé a pensar cada vez más en tí, intentaba buscarte y encontrarte, pasaba por tu trabajo cuando sabía que ibas a estar sólo para verte, para comprobar cómo reaccionaba mi cuerpo e intentar descubrir el por qué de esas reacciones, esperando no sabía exactamente qué.

Estabas constantemente en mi cabeza, cada vez que te veía tenía que controlar mis manos, mi boca, mis ganas de probarte entera, así tan pequeñita, tan delgada.

Pasaste a estar dentro de mi cuerpo de tanto como te imaginaba cada vez que me masturbaba, desnuda, recorriéndote con mi lengua, repasando cada centímetro de tí, acariciándote, aprendiéndote, muriéndome de gusto cada vez, llenando mis espacios con tu imagen, llenándome de ti.

Todo esto, esta imaginación mía, tan real, tan vívida, pasaba su factura. Cuanto más te veía, más se alimentaba mi imaginario de ti.

     La primera respuesta llegó el día que recibí un mensaje tuyo. Cuando vi que eras tú y lo que me proponías, casi me muero de la impresión. Estaba temblando de miedo y de excitación, de miedo por que no sabía si quería quedarme contigo a solas, de excitación por que me descubrí imaginando que nos besábamos y todo mi cuerpo se estremeció con un escalofrío de curiosidad por saber cómo sería eso de estar con una mujer, eso con lo que tantas veces había fantaseado pero que nunca había hecho realidad.

Así estuve más de un mes, despertándome cada noche enredada en ti, comiéndote el cuello, perdiéndome en tu pelo, naufragando entre tus tetas, ya conocidas de tanto imaginarlas, saboreando tus pezones, dibujando en tu espalda con mis manos, buceando entre tus piernas hasta desfallecer…

      Durante más de un mes nos estuvimos viendo prácticamente a diario, cualquier excusa era buena. Cada noche, mi cuerpo tomaba el control e imaginaba que estabas a mi lado en la cama, descontroladas, besándonos, chupándonos, sudando, intentando deshacernos de la opresión con la que nos despedíamos.

Mereció la pena.

     Cuando te llevaba a casa, después de pasar horas juntas, conversando, riendo, disfrutando cada segundo, siempre pensaba “que me bese ya, no puedo hacerlo yo, necesito que me bese, que sea ella quien me coja la cabeza y me bese” y así fue.

El amanecer que te comí la boca, esa que tantas veces había saboreado y que era completamente nueva, cuando me diste tu lengua, cuando mordí tus labios, cuando tuve tu saliva en mi boca…casi me desmayo. Escucharte decir “porqué has tardado tanto” hizo que me derritiera.

     Esa noche, cuando fuiste a salir del coche, por fin me  besaste, por fin estabas cumpliendo mi deseo, deseaba sentir tus labios sobre los míos, sentir el calor de tu boca, tu saliva, tu olor, el tacto de tus manos acariciándome mientras nos besábamos…cuando nos separamos sólo pude decirte “¿porqué has tardado tanto?” , llevaba tanto tiempo esperándolo, esperándote…

Ese fue el principio de mi muerte.

Probar lo que tanto había disfrutado en mi imaginación y confirmar que la realidad era infinitas veces mejor, enroscarme en tu pelo, descubrir poco a poco tus rincones, hacerte temblar sólo acariciándote, llenar mi piel con tu olor, mi boca con tu sabor…morir cada noche por no tenerte.

La experiencia sirve de poco cuando estás empezando, cada cuerpo es un país por descubrir, explorarte era mi anhelo y mi temor, lo que hacía latir a mil mi corazón y lo que paralizaba mis manos.

     Pensaba que un día me despertaría y de puro pavor se me habría olvidado todo, pero no, al contrario, cada mañana me levantaba pensando en lo mismo que había estado pensando antes de dormirme, tú. Tú y tu cuerpo, tú y mi cuerpo, yo y mi cuerpo contigo y tu cuerpo…una avalancha de sensaciones nuevas y emociones desbordadas. Tenía ganas de hacer el amor contigo, tenía ganas de follar contigo, tenía ganas de sentirte dentro, tenía tantas ganas de tí…

Pero todo tiene un límite y en menos de dos semanas, superamos el nuestro.

La primera vez que te tenía en mi cama. Toda para mí. Quería tomarme mi tiempo, hacer realidad lo que había imaginado tantas noches no podía ser cosa de un momento.

     La primera vez que te tenía tan cerca, tan intimas, tan deseantes de nosotras. Creo que llegó un momento en el que dejé de respirar de lo nerviosa que estaba, la música me sentaba tan bien… tu voz, tus susurros en mi oído, tus cuidados constantes…Me acariciabas mientras me besabas, yo me dejaba hacer, estaba en el paraíso y sólo quería disfrutar de ese momento, nuestro primer momento.

Paseé por tu cuerpo, desnudo al fin, aprendiéndote con mis manos, escuchando tu respiración agitándose. Acaricié tu vientre, sintiéndote temblar bajo mis dedos. Te besé el cuello, no podía distinguir entre tus gemidos y los míos. Llené mi boca con tus pezones, sintiendo cómo crecían bajo mi lengua, ávida de ti. Queriendo controlarme, sabiendo que no podría, mis manos iban solas hacia tu sexo, me distraje en tu pubis tanto como pude, te retorcías bajo mi cuerpo, mis dedos entre tus labios, húmedos, palpitantes, casi me corro en ese mismo instante.

     Sentir mis pezones en tu boca, tus manos en mis caderas, mis gemidos…hizo que volvieran a mí todas las imágenes que había estado creando en mi mente sobre este momento pero esto era infinitamente mejor, tenía tu olor, tu tacto, tus besos, tus sonidos…ver como te derretías poquito a poco mientras me tocabas y me lamias todo el cuerpo fue una sensación inolvidable.

Me deleité en tus humedades, mi mano en tu sexo, mi lengua en tus pezones, lamiendo, chupando, enloqueciendo de deseo. Besé tus costillas, tu vientre, acaricié tus muslos poniendo mi cabeza entre tus piernas “espera, espera” dijiste “¿porqué? quiero probarte” contesté y te dejaste hacer.

     Estaba deseando que me comieras entera pero algo en mi interior no me dejaba disfrutar, “esperaespera” dije “¿porqué?” me preguntaste, “quiero probarte” dijiste, esa palabra me excitó tanto… tenía tantas ganas… tenías tantas ganas que ya sólo quería sentirte lamiendo mi sexo.

     No se me va a olvidar jamás la primera vez que sentí el calor de tu boca entre mis piernas, tu lengua suave al principio, más fuerte según mis gemidos aumentaban…quería que me devoraras entera, no me importaba si tu querías o no, solo quería que te quedaras allí siempre, es tan placentero, tan sexy.

     Eso hiciste, volverme loca con tu lengua, con tus manos en mis tetas pellizcándome los pezones, provocando sensaciones nueva y desconocidas, haciéndome disfrutar y disfrutando a la vez  tú de mi cuerpo y de mi placer, mirarte y verte gozar entre mis piernas me puso muy cachonda y quería más, siempre más, mis caderas se movían al son de tu boca y de los lametones que dabas a mi clítoris, te quería dentro.

Volví en mí cuando comenzaste a mover las caderas, pidiendo más. Dejé de comerte para navegar en tu interior, mis dedos dentro de ti, ahora la que me comías eras tú. Entonces la que se moría era yo.

Levanté la cabeza para disfrutar del espectáculo.

Mi mano en tu sexo, tus caderas sin control, gemidos que se entrelazaban en el aire de la habitación. Volví a acariciarte, a besarte el vientre, las costillas, a comerte la boca mientras mis dedos se movían por tus rincones…

     Me leíste el pensamiento, siempre lo haces. Te sentía dentro, me reconocías, mi mente empezó a sentir lo que mi cuerpo llevaba mucho tiempo deseando y eso hizo mella en mí, por un lado mi cuerpo disfrutando, sintiéndote y queriendo más y por otro mi cabeza, mala combinación.

De repente, cogiste mi mano y me apartaste con un gesto brusco, enfadada. Me quedé perpleja

-         ¿Qué pasa? – pregunté     -         que no puedo, que no me corro – tú más enfadada que yo

-         bueno, no pasa nada        -         sí, sí que pasa, que es una mierda

Me tumbé a tu lado, muy frustrada y algo molesta, para ser la primera vez, estaba siendo un poco desastre.

     Una vez superada mi tormenta personal, sólo quería recuperar lo que habíamos tenido minutos antes. Ahora venía lo bueno, estaba a tu lado, quería descubrirte, besarte todo el cuerpo, experimentar con nuevos olores, sabores, tactos…tus olores, tus sabores, tus tactos… Y tú te dejaste hacer.

     Lo primero que hice fue besarte las orejas, para continuar relajándome yo y excitándote a ti, ahora puedo decírtelo: lo que más ganas tenía de hacer era comerte las tetas, metérmelas en la boca, chuparte los pezones, sentirlas en mi cara y tocártelas…me apasionan tus tetas.

Empezaste a besarme, a comerme las orejas. Tu mano se paseó por mi tetas, también tu boca bajó hacia ellas, chupabas, lamías, un pezón en tu boca, otro entre tus dedos.

No podía dejar de mirarte, de alucinar porque fueras tú quien me estaba comiendo las tetas. Sonreía.

Abriste lo ojos y sonreíste al verme mirándote

-         ¿Por qué sonríes?       -         porque me gusta

-         ¿te gusta mirarme?    -         me gusta ver que eres tú

Tu sonrisa se hizo más grande y seguiste a lo tuyo. Cerré los ojos para disfrutar de las sensaciones que recorrían mi cuerpo.

     Ya estaba en el punto de no retorno, ya no había forma de parar lo que tantas veces había deseado hacer, allí estaba yo besando, lamiendo, chupando, mordiendo, acariciando el cuerpo de una mujer increíble que me hacía sentir especial, que me había proporcionado sensaciones increíbles y que ahora estaba disfrutando con mi boca en sus tetas y mis manos deslizándose por su vientre, quería llegar a tu sexo… Era mi siguiente destino…mi destino deseado.

Tu lengua me estaba volviendo loca. El volumen de mis gemidos aumentaba. Sin saber exactamente en qué momento habías dejado de tocar mis pezones, noté tu mano en mi sexo, tuve que controlarme para no correrme en ese instante, no quería perderme lo que vendría después.

     Primero te bese, quería probarte, saborearte pero no me atrevía, mis dedos se mezclaban entre el vello, mi lengua, tus labios… Tu clítoris, comencé a acariciarte, mientras te besaba las piernas, te tenia abierta delante de mi, como un regalo, te miraba a los ojos sin creerme muy bien lo que estaba haciendo ni si era real lo que estaba pasando, sólo pensaba “que no sea un sueño”, y no lo era, estaba allí, seguía acariciándote, veía tu cuerpo y sabía que iba por buen camino. No sabía muy bien que hacer pero me dabas muchas pistas y yo estaba deseosa de recibirlas.

Comenzaste a acariciarme el clítoris, despacio al principio, aumentando el ritmo al compás de mis gemidos, cada vez más rápido, cada vez más fuerte. Abrí los ojos, me estabas mirando, creí que me moría al verte disfrutar, al oírme gemir por lo que me estabas haciendo. Cerré los ojos para concentrarme en el orgasmo que llegaba desde el centro de mi vientre, oleadas de placer que hacían temblar mis piernas, que me quitaban el aire, que me llenaban de ti.

     No me lo podía creer, te ibas a correr, iba a ver como te corrías mientras te acariciaba, en ese momento casi me corro yo también, estaba tan excitada por lo que estaba presenciando… Y así, fue te corriste, aluciné con tu placer, me sentí feliz de compartir ese momento contigo.

Me corrí con un grito/gemido. No paraste. Yo tampoco.

     Tenía miedo, no quería hacerte daño, pero tú me guiaste, eso me hizo sentirme segura, quería seguir dándote placer, ofreciéndote el mismo placer que me estabas provocando tú a mí retorciéndote de esa manera, entregándote a mí sin miramientos, te deseo tanto.

Comenzaste a recorrerme, lentamente, con prudencia, y entraste en mí con un gemido, un gemido tuyo. Me moría de nuevo.

     Y por fin entre en tí, mis dedos notaban tu calor, una presión y tus movimientos de cadera pidiéndome que no parara, eso intenté, no quería perderme nada de lo que estaba pasando. 

Te movías dentro de mí despacio, reconociéndome. Yo me derretía, me retorcía de placer entre tus dedos, mis caderas aumentaron el ritmo, me seguiste sin dudar, mis músculos te aprisionaban, cerca el orgasmo, tú moviéndote en mí, yo corriéndome de nuevo.

     Mis dedos te reconocían poco a poco, mi mano rozaba tus labios, tus ingles, tu clítoris…cada vez más fuerte, cada vez más rápido, tú me lo pedias… Era maravilloso ver como te volvías a correr, sentir como te corrías conmigo dentro…mágico.

Había muerto y estaba en el cielo.  Habíamos muerto y estábamos en el cielo.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 350 seguidores