Tag Archive: amor


Soledad.

Rotunda palabra. Completa en sí misma. Tan completa que poca explicación necesita. Tan rotunda que a algunxs les da miedo hasta pronunciarla.

Soledad.

Buscada y huida a partes iguales.

Buscada cuando necesitamos un respiro, un momento para estar con nosotrxs, un instante de paz en la vorágine de nuestra vida. 

Huida cuando nos evitamos, cuando sabemos que es lo que necesitamos pero nos da más miedo el remedio que la enfermedad.

De esta Soledad hablo. De todas las Soledades. De la que buscamos y huimos, de la que la vida nos impone, de la que nos arregla o nos aterra.

¿Por qué la Soledad es necesaria?

Porque hay cosas que solo somos capaces de ver cuando estamos a solas con nosotrxs. Porque hay ocasiones en las que la única forma de pararse es estar en Soledad. Porque necesitamos tiempo para descubrirnos, para disfrutarnos, para encontrar nuestra paz interior.

Y, precisamente por todo eso, huimos de la Soledad como de la peste.

Porque no queremos descubrirnos, no sea que no nos guste lo que vemos, porque no sé si seré capaz de disfrutarme, porque en mi interior hay de todo menos paz y lo sé, porque mi cuerpo me lo recuerda con cada dolor, con cada piloto que se enciende e ignoro, porque tenemos miedo de no ser como creemos que somos, como hacemos ver a lxs demás que somos, como nos han dicho que debemos ser.

Miedo.

Miedo y Soledad.

Hasta a mí me estremece verlas juntas. A estas dos palabras, monstruosas, tremendas, intensas.

Con las dos hay que enfrentarse. A las dos hay que abrazar.

Abraza tu Soledad y abrazarás tu Miedo más profundo. Porque el Miedo más tremendo del ser humano es el de estar solo, el de no tener a

nadie con quien compartirse, que nos abrace, que nos consuele, que nos ame, que nos tienda una mano o nos de un beso.

Caemos en el error de confundir estar en Soledad con estar solx: la Soledad se elige y estar solx te lo encuentras. De la soledad se entra y se sale cuando cada unx lo desea o necesita. Estar solx es más complejo, más profundo, más doloroso, más triste, más aterrador.

Esta confusión nos lleva a cometer otros errores, el más interesante para mí, es el de salir de una relación encadenándola con otra, sin siquiera darnos un momento para asentar lo pasado, de experimentar el dolor, de superar el duelo que toda separación conlleva.

 ¿Cuántas personas conoces que no dejan a su pareja hasta que no tienen a otrx en la recámara,              aun sabiendo que la primera relación está acabada, finita, kaput? El Miedo a quedarse solx es el causante de este comportamiento que, inevitablemente, repetimos de manera constante a lo largo de nuestra vida, da igual la edad, si eres hombre o mujer, hetero u homosexual: quedarse solx aterra a todo el mundo.

Y con esto lo único que conseguimos es terminar repitiendo en modo infinito los errores que cometimos con nuestra anterior pareja, porque no nos hemos dado tiempo para recapitular cuales fueron las causas de esa ruptura, qué pasó en nosotrxs para que el amor se terminara, qué pasó en mí que dejé de amarte…

Miedo de nuevo.

Miedo que preferimos ignorar, enterrándolo bajo besos y caricias nuevas, bajo toneladas de endorfinas y otras drogas que nuestro cerebro produce ante la inminencia de un nuevo amor.

Porque nuestro cuerpo es sabio y nos protege, ante las alarmas tiene la capacidad de buscar y encontrar nuevos estímulos que nos distraen, que entretiene la mente al más puro estilo Escarlata “Ya lo pensaré mañana” O’Hara.

Perderle el Miedo a esa Soledad es uno de los grandes aprendizajes que he vivido. No me gusta estar sola, lo he dicho y lo repetiré, no me gusta no tener a nadie con quien hablar, con quien reír, a quien llorar…y no es así. Esa es la gran diferencia, que cuando abres los ojos para mirar a tu Miedo, descubres que, justo detrás, hay gente que te quiere, que se preocupa por tí, que te escucha y te consuela, que te habla y te regaña, que junta tus pedazos y te ayuda a pegarlos. Personas que te aman a pesar de lo bien que te conocen, que saben lo maravillosx que eres, que te dan dos tortas cuando te pasas y un aplauso cuando lo logras, sea lo que sea. Que no estás solx.

Pero para darte cuenta de todo lo que tienes, tienes que dejar todo lo que crees que tienes. Soltar la tabla a la que te aferras, dejar que las olas te traguen, estar con tu Soledad y haceros amigxs, escuchar todo lo que tienes que contarte, limpiar todas las lágrimas que has ignorado, recordar todas las risas que te han alegrado, decir adiós a lo que ya no sirve y caminar sin pesos, sin capas, sin máscaras, sin mañanas, sin ayer, solo hoy.

Solo Tú.

Solo Yo.

Disfruta de tu Soledad si te atreves, y sé feliz.

En inglés, francés, italiano, alemàn , de los idiomas que conozco, los hispanoparlantes somos lxs ùnicxs que decimos “te quiero” cuando ¿queremos? decir ” te amo”. Los demás idiomas sólo tienen una palabra para amar.

Porque es un error creer que querer y amar son lo mismo, según la RAE, querer puede ser

1. tr. Desear o apetecer.

2. tr. Amar, tener cariño, voluntad o inclinación a alguien o algo.

3. tr. Tener voluntad o determinación de ejecutar algo.

4. tr. Resolver, determinar.

5. tr. Pretender, intentar o procurar.

6. tr. Dicho de una cosa: Ser conveniente a otra.

7. tr. Dicho de una persona: Conformarse o avenirse al intento o deseo de otra.

8. tr. En el juego, aceptar el envite.

9. tr. Dicho de una persona: Dar ocasión, con lo que hace o dice, para que se ejecute algo contra ella. Este quiere que le rompamos la cabeza.

10. tr. Estar próximo a ser o verificarse algo. 

Y amar es

1. tr. Tener amor a alguien o algo.

2. tr. desus. desear.

Entonces, ¿porqué decimos te quiero?

¿Porque te quiero en mi vida? ¿Porque te quiero a mi lado? ¿Porque te necesito? Pues perdóname pero eso, para mi, no significa que lo que siento por ti sea amor.

Todos estos “quieros” hablan de otra cosa que, claramente, no es amor. La pregunta con premio es qué significan realmente, qué estoy / me estás diciendo cuando te digo / me dices Te quiero.

La respuesta es compleja porque nos cuesta diferenciar Querer de Amar y tendemos una clara tendencia a confundir nuestras necesidades con Amor.

Porque: necesito que estés en mi vida porque eres la única persona con quien puedo abrir mi corazón no es Amor. Porque: quiero que me consueles cuando estoy triste no es Amor. Porque: quiero que me folles cuando estoy cachondx no es Amor. Porque: entre tus brazos me siento protegidx no es Amor. Porque: no quiero perderte no es amor.

La palabra clave de todas estas (y más que no voy a escribir pero que todxs hemos dicho o escuchado) es ME.

Todo lo que digo empieza conmigo. Todo parte de ahí y ahí se queda.

Soy YO lo que más me importa y tú o nosotrxs queda, con suerte, en un segundo plano.

Ojo. Que no estoy diciendo que pensar en unx mismx sea malo. Que, para poder estar bien con lxs demás primero he de estarlo conmigo mismx. Eso se llama Sano Egoísmo y es otra cosa bien distinta de lo que estoy hablando ahora.

De lo que hablo es del egoísmo que no se pone en la piel de la otra parte más que cuando suenan las alarmas. De personas que necesitan de otras, bien porque las calman, porque las escuchan, porque las consuelan como nadie más sabe hacer. De poner mis necesidades por encima de las tuyas. De no estar por ti aunque esté para ti. En definitiva, de auto engañarme creyendo que te quiero cuando solo te necesito.

Que tampoco digo que sea malo necesitar a alguien. Que cuando estamos mal o bien y queremos compartirlo con alguien especial es estupendo. Y tener a alguien a quien acudir en momentos de crisis o de felicidad es una de las bendiciones que existen en la vida.

Pero sabiendo dónde estamos. Dónde estoy yo y dónde estás tú. No poniéndonos velos ni vendiéndonos motos que duran lo que dura la necesidad. Cuando ya estoy tranquila, no te necesito. Cuando ya he llorado, no te necesito. Cuando ya te he contado lo feliz o lo infeliz que soy, ya no te necesito. Y nuestra relación cambia. Y nos sentimos extrañxs sin saber por qué. Y todo puede estar bien. Pero solo lo estará cuando ambxs seamos conscientes de lo que hay. Y nos lo contemos.

Así pues, queridxs, dejemos de engañarnos lxs unxs a lxs otrxs, vivamos nuestras relaciones con consciencia de lo que tenemos, lo que deseamos y cómo queremos compartirnos. Cuantas menos complicaciones, mejor. Cuanta más honestidad para con nosotrxs y lxs demás, muchísimo mejor. Cuanta más sinceridad, mejor que mejor.

Porque está muy bien quererse, compartirse, disfrutarse, contarse y escucharse, reírse y llorarse.

Pero sin confundirse. Que la confusión es un estado de la mente que perturba al cuerpo y al corazón, y la necesidad es un páramo en el que nada puede crecer y todo lo que allí se plante, acabará por morir.

Construyamos algo hermoso que sé que podemos.

Cuando hablo de Amor Perro, me refiero a aquellos que se viven con más tormentas que remansos de paz, teniendo siempre presente que las relaciones humanas (no sólo las de pareja) son complejas en sí mismas y son inevitables los vaivenes, picos y valles de felicidad y entendimiento.

Me refiero a relaciones en las que los momentos de conexión son ESPECTACULARES pero representan una mínima parte del tiempo que se comparte porque las crisis son las reinas, eso es un  amor perro para mí.

Surje este tema, como casi todos de los que hablo, de experiencias propias o de conversaciones  en las que he tomado parte. En este caso, me declaro culpable: experiencia propia. Y es desde esta experiencia desde la que observo relaciones similares a las que reacciono con prontitud: déjala pero ya, no sabe lo que quiere, está más liada que un ocho, de ahí no vas a conseguir nada bueno, te está utilizando, no estáis en el mismo punto, no tenéis nada que ver, no queréis las mismas cosas, bla, bla, bla.

¿Qué aliciente encontramos en este tipo de relaciones que nos suponen mantener este tira y afloja emocional? Claro es que lo momentos buenos son extraordinarios, pero los malos son destructores exactamente en la misma medida. Así pues, ¿realmente somos felices?

Es obvio que no, este punto hasta yo lo tengo claro, entonces ¿por qué seguimos? ¿por qué jugamos? ¿por qué permitimos que la otra parte lo haga? ¿compensa?

En este amor perro del que hablo había días (los buenos, claro) en los que sentía tanta felicidad que se me caía por los poros, estar con ella, saber que estaba ahí, que decía que me quería, rebosaba. Todo lo demás me daba absolutamente igual.

La certeza de que ese período de felicidad no iba a durar (la experiencia habla por mi boca, nunca duró más de tres semanas) era un escollo que saltaba limpiamente, mi cabeza me lo enseñaba una y otra vez, pero me limitaba a saludarlo al pasar por delante.

Lo que sigo sin comprender es porqué hacía esto. Si ya conocía el dolor que me/nos provocaban cada una de sus/mis crisis (quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra, yo, desde luego, no puedo) si ya sabía el estado lamentable en el que me dejaban durante varios (demasiados) días, ¿porqué volvía a por más? ¿qué era exactamente lo que me daba, lo que no, para que me fuera imposible acabar con una relación que cada día me hacía menos feliz, que cada vez me hacía/nos hacía más daño?

Le dí muchas vueltas, me planteé de todo, desde que tengo un punto masoquista que desconocía (esta la descarté enseguida, sufrir por sufrir no me gusta ni un pelo), pasando por la teoría de la soledad (no quiero estar sola y me aferro a este clavo que me quema y se me clava) hasta la de soy imprescindible (tengo que aguantar porque ella me necesita y no puedo abandonarla). Todas ellas absurdas, todas igual de inútiles.

No quiero parecer una mártir, sé que ella anduvo por parajes similares, con preguntas sin resolver, con sufrimientos y alegrías a partes absolutamente desiguales. Claramente preguntas distintas, si nos hubiéramos hecho las mismas al mismo tiempo, probablemente otro gallo nos hubiera cantado. O no.

Hubo proposiciones varias para cambiar la relación, la última que fuéramos amigas. Craso error. En tanto en cuanto mis/nuestros sentimientos no cambiaran, me era imposible mantener una relación de amistad con ella. Durante varios meses (somos cabezonas ambas dos) intentamos hacerlo así, durante esos meses, nos liamos varias veces, la amistad no era suficiente para ninguna, yo provocaba y ella me seguía. Durante esos meses también, huí de su lado. No podía ahogar lo que sentía por ella y cambiarlo de la noche a la mañana por una amistad en la que ella pretendía contarme demasiado y yo esperaba demasiado también.

Y así acabé yendo y viniendo de su vida, yendo cuando estaba lo suficientemente fuerte como para poder verla sin querer comérmela, viniendo cuando veía que no podía hacer con ella lo que realmente quería. Y esto pasó factura, como no podía ser de otra manera. Una factura que aún estoy pagando, plazos largos, me temo.

Tanta ida y venida pudo con nosotras, un tiovivo emocional que no llevaba a ningún sitio. Un día quedamos para vernos, después de tener una agarrada por teléfono. La tarde fue bien, hasta que entramos en el tema. El resultado final fue un Adiós Definitivo. O algo así. Porque esa conexión sigue viva. Y noto sus llamadas, y sé cuando está mal. Y caigo y la escribo. O la llamo. Y la cago. Y la caga. Y el orgullo, ese que no sirve para nada, anda revoloteando.

Y así andamos. Yo al menos. Intentando no caer, porque no sé si podremos ser amigas, pero me gustaría. Al final va a ser que sí tengo un punto masoquista…

Así que este es mi Amor Perro. Ahí os lo dejo, expuesto para que me digáis, me contéis si os ha pasado, cómo lo habéis solucionado (si lo habéis hecho)…respuestas busco, ejemplos me sirven.

No seáis muy durxs que soy una mujer sensible. Toda vuestra.

Tweet

Dime que nunca has cruzado la mirada con alguien y tu corazón ha dado un vuelco.

Dime que nunca has visto en los ojos de alguien su alma y has querido abrazarla.

Dime que nunca has comprendido, en una décima de segundo, todo el bien que puedes hacerle a esa persona y todo el bien que esa persona puede hacerte a ti.

Dime todo esto y te diré que no conoces el amor que entra y sale por los ojos, directo al corazón. Que no sabes lo que es el amor a primera vista.

Te diré también que es una forma única de amar y de enamorarse. Que, al menos para mí, es la forma verdadera que el amor tiene. Porque nada importa. Sólo sientes. Porque no sabes su nombre, quién es, de dónde viene, qué errores ha cometido en la vida, qué tristezas o alegrías le acompañan, qué sabiduría posee y no importa. Darías tu vida por la suya en ese mismo instante. Aquí y ahora. Sin dudar. Sin miedo.

Porque ese es tu único anhelo: compartir con ella cada segundo de cada hora a partir del momento en que tus ojos y los suyos se encontraron.

“…todo lo que sucede después, sólo sirve para demostrar que tenías razón. Hasta ese instante sentías que te faltaba vida y desde ese momento, te sientes plena”  Luce dixit, en la película Imagine Me & You (Horriblemente traducida por Rosas Rojas).

Muchos de mis amigxs dicen que me equivoco, que confundo sexo (atracción sexual realmente) con amor. Pero no estoy de acuerdo, específicamente porque cuando llega el sexo, el sentimiento no sólo no desaparece, sino que se intensifica, y paso a la fase de cara de boba, ya sabes, mariposas en el estómago, caminar sobre nubes y todas esas cosas que las drogas que mi cerebro genera me hacen sentir. Y todo el mundo es fantástico y puede seguir así horas, días, meses, años…

También minutos. Pocos. Pero, en estos casos, sí se trataba de sexo. Sólo sexo. Espectacular, por otra parte, pero sólo sexo.

En cualquier caso, salgo ganando. Si es amor, genial. Si es sólo sexo, genial también.

Lo único que hay que hacer es no tener miedo a experimentar esos sentimientos tan rotundos, tan radicales. Hay que tirarse a la piscina sin saber si tiene agua o sólo espinas.

_________________________________________

Ahora dime que has sentido todo eso y te has quedado quieta.

Dime que has dejado que el miedo te paralizara. Que has dejado pasar ese momento, que has permitido que se perdiera en el océano del tiempo.

Dime también que los sentimientos te ahogan, que tu cabeza estalla y tu corazón se rompe en pedazos que flotan en el mar de tus dudas.

Y que no vas a hacer nada.

Que vas a dejar que el miedo gobierne tu vida, que no te vas a permitir que sea tu corazón quien dicte las normas.

Que prefieres arrepentirte de no haber hecho lo que realmente deseabas, que no haber jugado será la duda que te acompañará, que preferiste la seguridad de lo conocido aunque ya no sientes que sea suficiente.

Dime todo esto y yo te diré cuánto lo siento. Lo siento porque no eres libre, porque no te permites vivir, porque no dejas que la vida te llene, porque te rindes sin luchar por saber qué te trae cada nuevo día, porque lo das todo por perdido aún antes de haber jugado.

O dime que has sentido todo eso y te has dejado ganar, que tu corazón se ha hecho dueño y señor de tu vida, que tu cabeza es una historia olvidada que sigue girando sin control pero que ya no la escuchas, que eso que tanto has temido es lo mejor que te ha pasado nunca. O siempre.

Dime que jugaste y ganaste, o que perdiste, pero ganaste tú y no tu miedo.

Que el daño que puedes infligir o que temes sentir son sólo eso, posibilidades.  Que la incertidumbre de lo que te traerá el mañana ha podido con la certeza del dolor.

Y cuando me digas esto, me alegraré por ti, porque has dejado que la vida te llene, porque has ignorado al miedo, porque te has dejado caer con los ojos cerrados.

Porque vives. Porque ríes o lloras pero lo haces porque así lo has decidido.

Porque superar las barreras que tu misma te impones es la única forma de alcanzar la libertad.

_________________________________________

Ahora me cuentas que ha terminado.

Que ha sido un momento, aunque hayan sido meses.

Que tu vida ya no será lo mismo porque tú ya no eres la misma.

Que mereció la pena o que no.

Que la piscina tenía más espinas que agua.

Y que ahora duele.

Duele como nunca antes había dolido, porque has sentido cosas nuevas, has amado y has sido amada como nunca antes habías hecho.

Que no sabes cómo seguir adelante porque nada es igual, porque ya nada será igual.

Y te diré que te entiendo, que sé de qué me hablas, que conozco los lugares que transitas, aquellos en los que el corazón intenta recomponerse cada noche y amanece hecho añicos cada mañana.

Te diré que este amor es así, que amar así, desde la entraña, es lo que tiene.

Que los tsunamis existen más allá del mar.

Y que arrasan, se lo llevan todo por delante dejando un regusto extraño en los labios.

Pero también te diré que a mí siempre me mereció la pena, cuando fue un momento, cuando duró un tiempo, cuando fue un segundo, aunque las lagrimas que te lloré fueran infinitas y el dolor que sentí en mi pecho me dejara sin aliento.

Abrir el corazón, amar intensamente, ser un tsunami emocional tiene su precio y lo pagué.

Pero siempre merece la pena abrir el corazón, llenarlo con alguien a quien conoces apenas, sentir la sangre correr desenfrenada por mis venas, descubrir, experimentar sentimientos, sensaciones siempre diferentes, amar con ese amor que entra y sale por los ojos, directo al corazón.

Hace unas semanas asistí a una charla impartida por Nicole Prado titulada “No soy tuya/o” que versaba, entre otras cosas, sobre el ya manoseado tema de las infidelidades.

Hasta aquí, todo normal, pero, como casi siempre que se habla libremente, se tocaron otros muchos temas, girando todos ellos alrededor de las relaciones de pareja: diferencia entre infidelidad y deslealtad, hasta qué punto compartirse con la pareja, ¿se puede amar a varias personas al mismo tiempo?, ¿qué te permites y qué permites hacer a tu pareja?, ¿hasta dónde es legítimo pedir?, ¿hasta dónde estás dispuestx a dar?, ¿qué proposiciones admitirías y cuales no?…

Ufff, mucha tela, mucha información que todavía estoy procesando y por eso mismo escribo esta entrada.

Soy monógama, lo confieso. Pueda parecer que, a día de hoy, sea algo limitador, pero en ninguna de mis relaciones he sido infiel. Otra cosa es lo que he permitido o  aceptado que mis parejas hicieran. ¿Realmente soy monógama, o es algo que me he impuesto? Cada vez tengo más claro que es algo que yo solita me he echado encima, que también es algo que siempre he dado por sentado, hasta hace bien poquito.

Mi última pareja dejó caer, así como de pasada, la posibilidad de compartirnos, aclaro el término: ella quería volver con su ex y seguir conmigo. Sólo mentarlo, se me hizo un fuego en el plexo que ni sé. Por supuesto, le dije que ni de coña, mi monogamia por delante. Unos meses después, rompimos y oh sorpresa, ella volvió con su ex. Mi monogamia y yo nos quedamos hechas mierda.

Después de la charla que comentaba al principio, le he dado (y sigo dándole) vueltas al tema. ¿Realmente sería incapaz de compartir a mi pareja? ¿necesito exclusividad, saber que soy la única? y, si es así (que viene siendo que sí, ya os lo digo) ¿por qué?

Durante la tertulia, me di cuenta de algo que expuse abiertamente: incluso si comparto a mi pareja, siempre seré exclusiva porque soy única y absolutamente nadie más que yo va a darle lo que yo le doy, nadie más que nosotras podemos compartirnos, ser, hacer, amarnos como nosotras lo hacemos. Muy obvio, ya.

Partiendo de esta idea que salió de mi boca casi solita, me replanteo la opción que me propuso la que ahora es mi ex. Creo que sí podría compartir, pero tendría que ser con total conocimiento de las partes, es decir, que todas las puntas de esta relación a bandas fuéramos conscientes del hecho de que hay otra persona. Por ser “la otra” sí que no paso. Básicamente porque eso, el hecho de ser la tercera en discordia, me haría sentir deshonesta conmigo misma y minaría mi confianza en la persona que fuera el eje de la relación.

Otra cosa, si tú te compartes, yo soy libre de hacer tres cuartos de lo mismo.  Las cosas claras y el chocolate espeso. Y hablo siempre de relaciones independientes, no de tríos amorosos ni de compartirse a tres, que son cosas diferentes.

En cualquier caso, creo que el papel más complicado, aunque pueda parecer el más cómodo porque es quien recibe todas las atenciones, es el del eje, la persona que se comparte conmigo y con X.

Aquí me surge otra duda: ¿se puede amar a dos personas al mismo tiempo? A mí no me ha pasado, por lo que no puedo decir ni que sí ni que no, pero, otra de las asistentes a la charla dijo sabiamente: “cuando estaba embarazada de mi segundo hijo, estaba convencida de que no podría quererle como al primero y ahora sé que eso no es así. Al fin y al cabo, amas a tu familia, a tus amigxs y compartes el mismo tipo de amor con todos ellxs, ¿por qué entonces parece tan descabellado amar a dos personas a la vez?”

En definitiva, creo que las múltiples posibilidades que aplico al resto de mi existencia también son aplicables a mis relaciones de pareja. Al fin y al cabo, tengo amigxs a lxs que amo en su diversidad, con lxs que disfruto mi tiempo, comparto alegrías y penas, me río, lloro, lxs consuelo, lxs escucho, hablamos…Abrirse a otras opciones es el principio del cambio y, de eso podéis estar segurxs, me estoy abriendo a muchas cosas que ni imaginaba que pudiera hacer, ergo: aprender es de sabixs, no limites tus horizontes porque puede ser que te pierdas algo grandioso.

Una de mis máximas: no puedes decir que no a algo que aún no has probado (aunque siempre hay excepciones en la norma).

Ahí lo dejo, ya me contaréis.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 350 seguidores