Comunicándome esta mañana a través de Facebook, una persona ha colgado una canción que lleva este título tan revelador “Tengo tanto miedo a perderte”. Esto se ha sumado a una conversación que mantuve ayer por la tarde con una mujer que se encuentra en período de transición: de pareja rejodida a persona en duelo. En definitiva, que el tema me está rondando de una forma u otra, así que, me siento al ordenador y me sale esto
MIEDO, terrible palabra. Miedo de perderte, tremenda unión de palabras terribles.
Miedo que limita, que destruye, que impide el crecimiento, que llena de angustia el corazón y de martirio la cabeza, que frena tus palabras y anuda tus sentimientos.
Pérdida que asusta, que llama al miedo a voces, que atrae inquietud, que destruye la esperanza, que pone la balanza siempre en lo peor, que te deja a solas contigo de nuevo.
Si unimos las dos cosas, ¿qué sucede? que el Kaos se hace dueño y señor de tus pensamientos, de tus sentimientos, de tus emociones, que nada es lo que parece y todo parece siempre peor de lo que es, que lo malo es lo que esperas porque no mereces otra cosa, que lo bueno es un error que te va a durar muy poco, que no está destinado para ti. Vorágine que te arrastra, sumiéndote en la profundidad del MIEDO.
¿Qué puedes hacer cuando sientes que tu interior se desmorona en ese vórtice infinito que tú y tus miedos estáis alimentando de forma constante?
¿De dónde sale todo esto? ¿de dónde viene ese miedo? esas son preguntas importantes, ahí va otra ¿dónde te lleva ese miedo? ¿para qué te sirve? estas dan en carne, ¿eh?
El origen del miedo puede estar muy lejos o muy cerca: desde el bebé criado por sus abuelos que echará de menos a unos progenitores ocupados creando una vida que poder ofrecer a sus hijos, hasta la niña ignorada por su abuelo porque hubiera preferido un nieto, pasando por lxs adolescentes rechazadxs por la gente guay del insti por frikis, hasta llegar a la jefa que va de borde para que sus subordinadxs no se le suban a la chepa cuando descubran que, en realidad, es un cacho de pan y, en el fondo, se siente sola en la cima.
Situaciones todas ellas que alguien ha experimentado, que han marcado una personalidad de forma inconsciente, independientemente de en qué etapa de la vida hayan sido vividas. Tipos de relaciones que determinan nuestro comportamiento futuro, que hacen de nosotrxs lo que somos hasta que elegimos cambiar.
Este es el momento que realmente importa, aquel en el que nos plantamos, enfrentamos nuestro miedo (a no merecer ser amadxs, al abandono, a la no adaptación a la sociedad políticamente correcta, a la soledad y a otras miles de cosas que cada cual conoce o querría conocer de sí mismx) porque es a partir de aquí que podemos hacer cosas para que la situación cambie.
Cuando paras la máquina, escuchas lo que tu miedo te dice (nadie te va a querer porque tus padres no lo hicieron, no vales nada porque no eres un chico, si no eres como los demás no eres nadie, es preferible que te respeten por que te temen que porque te aprecian, etc) y lo analizas, es probable que te descubras lo que estás dejando que ese miedo haga contigo: impedir que seas feliz.
Obviamente, hay personas que son capaces de darse cuenta de lo que el miedo está haciendo con sus vidas, hay otras que no lo hacen o no lo quieren hacer (enfrentar el miedo da un miedo que te cagas) o simplemente, no se sienten capaces de hacerlo solxs. Para eso están lxs amigxs, las terapias y cientos de opciones a las que acercarse, pero la parte más importante es, como siempre, darse cuenta.
¿Cómo puedes darte cuenta de que es el miedo el que está dirigiendo tu vida? Hay varias preguntas que puedes hacerte para saberlo:
- ¿qué es lo que más miedo me da en este mundo? no hablo de las arañas ni de que te muerda un vampiro ni de acabar zombie, hablo de sentimientos, de emociones (que me mientan, estar solx, que me hagan daño, cosas de este estilo)
- ¿cuándo fue la primera vez que sentiste eso? esa emoción en particular (cuando me di cuenta de que mis padres nunca estaban, cuando mi abuelo me dijo que las niñas no servimos para nada, cuando los guays del insti se rieron en mi cara, cuando descubrí que un compañero que creía amigo me ponía verde a mis espaldas, etc)
- ¿cuándo se ha repetido ese sentimiento o esa emoción?
- ¿cuál ha sido tu reacción al experimentarlo de nuevo?
- ¿qué has conseguido con esa reacción, a dónde te ha llevado reaccionar así?
Son estas preguntas útiles que pueden hacerte ver el origen de tu miedo y cómo está afectando a tu vida. A partir de aquí, podrás cambiar la relación que tienes con tu miedo, conocerlo y enfrentarlo es el principio del cambio, te lo aseguro.
Si crees que no puedes hacerlo solx, no te de vergüenza reconoce
rlo, es más que probable que no puedas. Para ayudarte en este camino hay muchxs y buenxs profesionales que seguro te echarán una mano. Una recomendación: busca a la persona con la que puedas comunicarte de forma fluída y abierta, si has de ver a cinco antes de encontrar a quien es perfecto para ti, no lo dudes. Conformarse con lo primero que encuentras es un error del que, quizás, hablaré en otra entrada.
Entre tanto, ¡sed libres y felices!



