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Segundo – parte III

Permanecemos abrazadas no sé si diez minutos o diez años, la sed nos hace separarnos

- agua – dices

- sí, yo también necesito un poco

Me levanto, te traigo conmigo, te desato las manos, acerco el agua, parece que no hayamos bebido en días.

Nos miramos por encima de los vasos, tus ojos chispean, miedo me das.

Te levantas de la mesa, te acercas, me besas recostando tu cuerpo sobre el mío, me quitas el vaso de la mano, enganchas una trabilla del pantalón, acercas tu cara a la mía y susurras

- ¿ahora es mi turno, no?

Sonríes, pícara, no me das tiempo a contestar, sales del despacho arrastrándome tras de ti, entras en el dormitorio, me dejas delante de la cama

- espera un segundo, quieta aquí

Paseas por la habitación vestida sólo con las medias y los tacones, taaan sexy, te observo, divertida, mientras bajas la persiana, corres las cortinas… Espero. Terminas, te giras hacia mí

- perfecto, así está bien,  ahora necesito que cierres los ojos

Lo hago, las manos en los bolsillos, tranquila. Te oigo trastear pero no distingo exactamente en qué andas, abres cajones y puertas, creo que quieres despistarme para que no pueda anticipar lo que me espera, sea lo que sea.

Tu taconeo se acerca. Manos en mi cara, labios en los míos, lengua acariciante, siento cómo me vendas los ojos

- ¿confías en mí? – susurras – ahá -respondo

Aprietas la venda, no veo nada pero no me molesta. Sigues besándome suave y profundamente, me gusta tanto cuando hacemos las cosas despacio…comienzas a desabrocharme el chaleco, botón a botón, con parsimonia, sigues con la camisa, tardas un segundo en darte cuenta de los corchetes, te ríes y trrrrras, de un tirón la abres.

Cuerpo al aire, boca al cuello, manos a las tetas, te apartas un instante

- ¿qué pasa? – pregunto

- nada, nada, bonito sujetador – dices mientras me acaricias sobre él

Es verdad, sonrío porque me llevó toda una tarde elegirlo, burdeos, de encaje no muy tupido, dejando entrever la piel, abrochado por delante…éxito asegurado.

A todo esto, ya me lo has abierto, pellizcas mis pezones con suavidad, paseas tu lengua por ellos, chupas, lames, te vas emocionando, succionas, tiras, me encanta lo que me haces, muerdes, presionas, me llevas al límite, un poco más y me dolería.

Gimo cada vez más, las manos en tu espalda, en tu pelo, las tuyas me han quitado la ropa y van a por el resto, fuera cinturón, abajo pantalones, un Uffff se escapa de tus labios, has visto el resto : culotte bajo, enmarcando las caderas, casi transparente, justo lo justo, las medias a mitad de muslo, enseñando piel.

Te tomas tu tiempo, no me importa en absoluto, para eso está hecho, lo de la venda tiene su punto y su faena, no puedo verte la cara, mal menor. Siento tus manos rozando mi cintura, me estremezco, tu lengua bordeando la línea del culotte, despacio, como si quisieras quitármelo con la boca, lo bajas lentamente, donde hubo tela ahora hay saliva, me estás poniendo a mil, desatas los cordones de los zapatos, la boca en mi entrepierna, no sé qué hacer con las manos, me lames, me bebes, me exploras con la lengua mientras me terminas de desnudar, me quitas las medias arañándome la piel, círculos sobre mi clítoris, manos en mi culo, necesito apoyarme en algo o me voy a caer, no hay problema, te incorporas cambiando boca por manos, un grito se me escapa, sorpresa y placer mezclados

Cambias el ritmo, te mueves rápido, una mano en mi sexo, otra en mis tetas, me estás volviendo loca con estas velocidades, muevo las caderas intentando seguirte, me aprietas, me muerdes los pezones, me corro, doblándome sobre ti, derrotada.

Te beso, suspiro, me acaricias.

Notas la debilidad de mis piernas y me llevas a la cama, me estiro, recuperando el control de mis músculos. Sigo con la venda, mientras no me digas lo contrario, no me la quito, es tu turno. No sé qué haces, tampoco me preocupa, esto no acaba aquí, seguro.

- agua plis – voy, un minuto

Coges mis manos, las levantas sobre mi cabeza, raso en cada muñeca, aprietas el lazo, sonrío. Tiras, comprobando que no pueda soltarme

- agua – shhh, espera

Me ignoras, estás atareada. Me echas algo por encima para que no me quede fría, lo que significa que vas a tardar, la curiosidad me mata.

Clac, clac, has abierto mi maletín, estoy alucinando, ¿¿vas a usar juguetes?? será la primera vez, sonrío, me gusta que innoves.

Sabiendo ya dónde andas, imagino lo que haces por los sonidos: arnés, dildo, el misterio será saber cuál, cierras el maletín, te acercas a la cama, noto frío en la boca, ¡has traído hielo!

- esto no es agua – protesto

- ¿pero sirve, no?

Retiras despacito lo que me cubría, jugueteas con el hielo y mi boca, dejas que lo chupe, lo apartas para que lo lama, lo metes junto con tus dedos, cambias unos por otro, te chupo, te lamo la mano que todavía sabe a tu sexo, frío en las tetas, paseas el hielo por mis pezones que reaccionan al segundo, gimo.

Hielo en un pezón, lengua en el otro, dios, me gustaría que tuvieras tres manos, en mi boca, en mis tetas, en mi sexo, me lees como a un libro abierto, retiras tus dedos de mis labios y los deslizas por mi piel, directos a mi sexo.

 Gimo, tiro de las ataduras, me estás enloqueciendo con esto que me haces, el frío, tus labios, tus dedos, estoy sintiendo tantas cosas a la vez que no puedo distinguir, la venda multiplica las sensaciones, me oigo, te oigo, te siento por todas partes…

Paseas frío por mi cuerpo, la carne de gallina, lames allí por donde pasas el hielo, me derrito, miles de agujas de placer me bombardean, costillas, vientre, caderas, muslos, merodeas por mi pubis sin decidirte, paras.

Mis caderas se mueven solas hacia ti, pidiendo más, respondes. Lengua en mi sexo, lengua con hielo, hielo con lengua, te has propuesto torturarme lentamente, hacer que me deshaga como el hielo que estás utilizando.

Chupas, acaricias, presionas el hielo sobre mi sexo mientras me lames el clítoris, despacio, me estás matando, muevo las caderas y me respondes, te acompasas, me sigues, dejas el hielo, mordisqueas, juegas conmigo hasta que me corro con tu boca.

Me besas, me gusta que me beses después de comerme, encontrar mi sabor en tu lengua.

Tengo los labios resecos, no problem, me acercas un vaso de agua, bebo un buen trago, lo poco que queda lo derramas sobre mi cuerpo, me lames de arriba abajo, me giras, sigues por mi espalda, lamiendo, mordiendo, besando, acariciándome entera, disfrutando mi piel, me dejo hacer encantada, sólo sintiéndote.

Poco a poco aumentas la fuerza de tus mordiscos, me haces gemir, muerdes más fuerte, grito pero no paras, sólo te contienes, manos en acción, apretándome el culo, presionando mi sexo, entrando en mi con fuerza, te mueves como si quisieras romperme, no dejas de morder toda mi espalda, me llevas al orgasmo en tres minutos, jadeos, respiración entrecortada que no distingo si es tuya o mía, tumbada sobre mí, tus tetas en mi piel.

Creo que te incorporas, no veo lo que haces, me abres las piernas, me levantas el culo hasta que me pones de rodillas sobre la cama, noto tu lengua comiéndome otra vez, me aprieto contra tí, me muerdes, me quejo, me besas, te apartas, tu mano en mis caderas, acariciándome el culo, te acercas, me penetras, despacio

- si te hago daño dímelo – susurras en mi oído

Mis gemidos te tranquilizan, te mueves con prudencia, es nuevo para las dos, me estoy muy quieta, tengo que acostumbrarme, tardo dos minutos en cogerle el truco, me pego a tí, curvando la espalda, gimes y entras más profundo, siempre despacio, comienzo a moverme, me sigues, aumentas el ritmo, me encanta, sales y entras, me matas, la cabeza en la almohada, mis caderas se aceleran contigo, te animas, me coges por las caderas, me follas con fuerza, penetrando profundo, gimes, jadeo, me agarro al cabecero, sigues embistiendo, apoyas tu cuerpo sobre mi, me muerdes y me follas al mismo tiempo, tiemblo, mis piernas son ramas que se van a romper si sigues así, y no paras, muerdo la almohada, me corro con un largo gemido, disminuyes el ritmo despacio, me acaricias el clítoris, me falta el aire pero te da igual, sigues entrando y saliendo suavemente, presionandome más y más, círculos concéntricos desde mi vagina y mi clítoris hacia mi estómago y mi garganta, se escapan al ritmo de mi agitada respiración, no sé ni cuantas veces me corro, hasta que te das por satisfecha y paras, dejándote caer en mi espalda.

Sales de mí despacito, oigo que te quitas el arnés, me desatas, un beso en cada muñeca, me quitas la venda, me coges la cara y me besas suave. Te echas a mi lado

- tú si que me vas a matar

Nos reímos.

Orquídeas

Hoy tengo una exposición, una amiga pintora abre su estudio para presentar una nueva colección. Se llama Orquídeas.

Te invité hace días,has tardado en aceptar, pero me acompañas.

Me preparo para disfrazarme de gafapasta-cool, con este personaje me lo paso taaan bien, ¿qué me pongo? Taconazos seguro, es lo bueno de que tu acompañante vaya en coche hasta a comprar el pan, servicio puerta a puerta asegurado. Pantalones negros de talle alto, esos que me hacen las piernas kilométricas, el bustier negro y la chaqueta del smoking. Perfecto, cuando me quite la chaqueta vas a flipar.

Gomina, khol, un toque de rimmel y suave rojo en los labios. Lista.

Las 20:30, calculo que no llegarás hasta las 20:45, tus quince minutos de retraso son casi obligatorios, menos mal que no tenemos que estar allí hasta las 21:30 o algo más tarde, no me gusta llegar la primera. Llamas, cojo la chaqueta, el bolso y bajo.

Subo al coche, beso, excusas por llegar tarde, como si hicieran falta a estas alturas…Charla insustancial salpicada de indicaciones

-         ésta a la derecha, gira aquí

y de miradas a mi escote

-         ¿pasa algo? – pregunto

-         no, nada, que estás guapa – gracias, tú también

Creo que piensas que no llevo nada debajo de la chaqueta. Bien. Tú, tan mona, vestido negro sencillo pero con un punto: tiras que se cruzan resaltando el pecho y marcando la cintura. Medias y tacones. Siempre tacones.

Estamos llegando, algo del típico atasco de viernes por la noche en Madrid. Semáforos eternos que aprovecho para dejar caer mi mano sobre tu muslo, me gusta acariciarte por encima de las medias, desde la rodilla hasta la entrepierna, suavemente, con la punta de los dedos. Me acerco a besarte el cuello. Suspiras y te dejas lo justo

-         no empieces lo que no vayas a terminar – ríes

-         ¿quién dice que no lo termine? – sigo en tu cuello aunque intentas esquivarme

-         que ya vamos tarde y es tu amiga, para

Tus ojos dicen justo lo contrario, pero estás conduciendo, así que paro.

Llegamos y ¡oh, maravilla! un sitio en la calle paralela, de coña. Al final llegamos a las 21.30 y no quería ser tan puntual. Tengo que hacer tiempo…

Suelto mi cinturón y el tuyo, me encantan las calles estrechas de este barrio, la justa cantidad de luz para que nadie se fije en lo que pasa dentro de un coche. Retomo tu cuello, cogiéndote la cabeza con las manos, inmovilizándote bajo mi boca. Besos suaves, firmes, que van tomando cuerpo al compás de tus gemidos

-         no me dejes marcas – susurras

Ni te contesto. Sigo a lo mío. Una mano entre tus piernas, acariciándote por encima de las medias y del tanga, la otra sujetándote el pelo para comerte mejor.

Tus caderas me siguen o yo las sigo a ellas, mismo da, presiono tu sexo o tu sexo me presiona a mí, acompasadas mi mano y tu pelvis. Jadeas, gimes, me coges la cabeza, me besas con fruición, los ritmos se aceleran hasta que te corres con un “¡joder!”.

Recuperamos el aliento, sonriente yo, mirada fulminante tú

-         ¿qué pasa? – pregunto

-         qué eres mala, me has descolocado entera y ¡vamos a una fiesta!

-         huy, disculpa, para la próxima, mejor me contengo

Me miras de reojo mientras te recompones el pelo

-         ni se te ocurra– me besas – vamos que al final llegamos tarde

Tampoco es para tanto, las 21.50, hora perfecta. Veinte minutos de sexo loco me han abierto el apetito, y no sólo de comida. Habrá que contenerse, esta vez sí.

Llegamos al estudio. Ya hay gente, la justa para no ser las primeras ni para que esté hasta los topes que siempre me agobia.

-         voy a dar una vuelta para saludar, disfruta de los cuadros – ok, si me aburro te busco – perfecto

Es lo que tiene que no te guste que te presente a todo el mundo, pero sé que no te incomoda, prefieres ir a tu aire.

Busco a la anfitriona, en el centro de un círculo de gente, en su salsa. Veo algunas caras conocidas en un rincón, me acerco a saludar. Paula me ve y me llama, me presenta a los que la rodean, ni me van ni me vienen. Conversaciones de pasillo, risas tontas, los típicos comentarios para quedar bien…Me saturo en diez minutos, voy a por una copa.

No sé por dónde andas, echo un vistazo alrededor, este piso es enorme y tiene un montón de habitaciones, puedes estar en cualquier lugar. Ahí te veo, admirando uno de los cuadros, con un vaso en una mano, una servilleta en la otra.

Una pareja de conocidos me bloquea, más bla, bla, bla, pero es lo que toca. Te observo de reojo, me divierte hacerlo cuando no me ves. Deambulas relacionándote cortésmente pero sin entablar ninguna conversación.

Te detienes ante uno de los lienzos que más me gusta de esta exposición: una especie de flor que semeja una vulva coronada por un sol. Allí te demoras lo justo para que una mujer que me suena pero no sé de dónde se pare a tu lado. Os veo hablar. Dos besos. Por vuestros gestos estáis comentando la obra. Me sorprende lo cerca que está de ti y que tú no te muevas. Te habla casi al oído. Pone su mano en tu cintura, esto puede ser divertido…

No sé qué te dice, pero te hace reír y os apartáis del cuadro en dirección a un grupo de mujeres que charlan animadamente. Por la familiaridad con la que se tratan, es claro que algunas son pareja.

Ya sé quién es esa mujer, no recuerdo su nombre pero Paula me la presentó hace tiempo en otro evento. Tiene una galería en algún lugar del barrio de Salamanca donde sólo exponen mujeres. Pija entre las pijas, seguro que te encuentras en tu salsa. Incómoda desde luego, no se te ve.

Me escabullo del bar, paseo por la sala cambiando de grupo, repartiendo besos y sonrisas, observando en todo momento cómo te desenvuelves en ese círculo de lobas. Te ríes y conversas relajadamente. La de la galería (Rebeca, ahora me acuerdo) no se aparta de ti, seguro que, a estas alturas, ya te has dado cuenta de que te está tirando los tejos. Contemplo la película desde la distancia, con una sonrisa en los labios.

La noche avanza, hace casi dos horas que llegamos. Gente se ha ido, otra ha llegado. Hay un pequeño mogollón cuando la música se pone discotequera. Lo estoy pasando estupendamente y parece que tú también. Te has apartado un poco del grupo y estás hablando con una chica que parece muy joven con aspecto de pintora de vanguardia. Por los gestos y tu cara de concentración, la conversación es muy interesante.

Rebeca no te quita los ojos de encima, marcando terreno.

Un cosquilleo me recorre la columna, ver cómo otra mujer te está marcando con tanto descaro me pica un poco y me divierte un mucho. Tengo curiosidad por ver hasta dónde te dejas…

Empieza a hacer calor, serán las copas, el baile o la cantidad de gente que se menea en esta sala. Me quito la chaqueta, piel al aire. Abro uno de los balcones, me preparo un cigarrillo y me siento en el alféizar. Te he perdido, no sé dónde andas. Busco a Rebeca y la veo inclinada sobre ti, formato acoso total, hablándote al oído, recorriendo tu espalda con una mano, la otra en la pared, cerrándote el paso, arrinconándote lo justo.

La media sonrisa se instala de nuevo en mi cara. Enciendo el cigarro, al levantar la cabeza encuentro tu mirada, por encima del hombro de la loba.

Me repasas de arriba abajo. Le dices algo a Rebeca, te escapas de su acoso por debajo de su brazo y atraviesas la sala viniendo hacia mí. Dejas tu copa en una mesa, tus ojos clavados en los míos, sonrientes. Apago el cigarrillo, doy un trago, ya estás aquí. Me quitas el vaso, me separas las piernas pegándote a mí, me coges la cara con las manos y me besas, mejor dicho, me devoras, dándome tu lengua con ansia, pones mis manos en tu culo, las tuyas en mi espalda, arañándome. Me comes el cuello, las orejas, estrujas mis muslos, me estás poniendo a milquinientos.

Levanto la cabeza y veo a Rebeca que me mira con ojos de asesina desde el otro lado de la sala.

-         tu conquista me odia – susurro, divertida

-         déjala, menuda imbécil – pues se te veía muy por la labor – digo en tono de burla

-         sólo quería darte celos pero saber que me observabas mientras que otra me ligaba me ha excitado muchísimo, ¿podemos ir a algún sitio?

-         ¿vas lanzada, eh?, espera que hablo con Paula

-         no te vayas – voy a buscar a Paula, ya vengo – prefiero ir contigo, no sea que tenga que ponerme borde con Rebeca

Me coges la mano, busco a Paula, a estas alturas de la noche lleva un pedo que ni sé. No hay problema, conozco el estudio

-         ven por aquí

Salimos al pasillo, la última puerta a la izquierda debería estar cerrada y la llave en la mesita al lado. Tal cual. Abro. Entramos y cierro con llave.

No me das tiempo ni a encender la luz, me empotras contra la puerta, mordiéndome los hombros con fuerza, tu mano entre mis piernas, el pantalón te molesta lo justo. Frotas tu cuerpo contra el mío, desabrochas el bustier, comiéndome la piel que vas dejando al descubierto

-         quiero verte – dices

-         seguro que por aquí hay velas, pero tienes que soltarme un minuto

Demoras un instante tu boca por mi cuerpo

-         vale

Sobre la mesa hay candelas que enciendo, tú no esperas, con el mechero aún en la mano vuelves a mí, manos en mi culo, soltando los botones del pantalón, yo sigo con las velas en tanto que me dejas. La poca luz descubre un rincón con mantas apiladas en el suelo, hacia allí me llevas, me arrastras casi. Me apoyas contra la pared, una mano bajándome el pantalón, la otra liberando mis tetas del bustier que tiras al suelo.

Tu boca en mis pezones, lamiendo, mordiendo, chupando, me está volviendo loca. Me encanta cuando te desatas y me manejas a tu antojo.

Besas, muerdes mi carne, una mano ansiosa en mi sexo, entras en mí bruscamente, me quejo pero me ignoras, te mueves con fuerza, presionando mi vulva y mi clítoris al tiempo, me matas, gimes casi tú más que yo, me muerdes, me comes, siento tu boca por todas partes, me follas como si quisieras partirme por la mitad, apretando tu cuerpo contra el mío, empujando tu mano con tus caderas, moviéndote en círculos dentro y fuera de mí.

Me agarras el culo con fuerza llevando mis caderas a tu ritmo, me duele y me encanta, nunca me habías follado así, como con rabia, como si yo no importara. Me da igual.

Mi cuerpo responde a tu cuerpo, te araño, te clavo las uñas, te cojo del pelo para comerte la boca, aumentas el ritmo mientras te beso, mientras me devoras, empiezo a temblar, espasmos en mi vagina, mi clítoris explota, pierdo el aliento mientras me corro.

Grandioso.

Me sostienes, la pared ayuda. Reposas la cabeza en el hueco de mi hombro, recuperando el aire. Me besas con suavidad mientras sales de mí, un quejido se me escapa

-         ¿te he hecho daño? – preocupación en tu voz

-         un poco, nada grave

-         ¿seguro? no sé qué me ha pasado, no podía controlarme

-         nadie te ha pedido que lo hicieras ¿no? – ven, échate

Extiendes algunas mantas y me ayudas a tumbarme, los pantalones y las braguitas en los tobillos no facilitan la operación

-         ¿de verdad que no te he hecho daño? – sí que estás preocupada, sí

-         no, no…nada que no se cure con un beso – ¿con un beso?

-         sí, mira, aquí me duele un poco – digo señalando un pezón

-         ya veo, ya – lo besas muuuuy despacio – ¿te duele algo más?

-         seguro que si buscas, algo encontrarás – buscaré entonces, pero antes, te libero

Dices mientras me desnudas completamente. Paseas tus ojos por mi cuerpo, rodando tu mirada sobre mi piel, rozándome con la punta de los dedos, haciéndome estremecer.

Cierro los ojos, fuera la fiesta sigue alborotándose, aquí soy tuya para que hagas conmigo lo que quieras.

Otra vez.

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